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viernes, 30 de junio de 2023

Un cuento x semana #38: Lo de Nelly

No queremos ir, pero vamos. Vamos porque vivimos con la abuela. Vamos porque la abuela nos obliga. Vamos porque nos promete que si vamos, esa noche nos hace albóndigas. Así que vamos, los tres, mi hermana, la abuela y yo, a lo de Nelly, todos los miércoles.

El lugar está escondido como si fuera una casa más. No tiene nada de especial, una cerca blanca, algunas plantas en el jardín delantero. La abuela abre la verja del frente pero después toca el timbre. Adentro está lleno de viejas como ella. Somos los únicos chicos. El salón está repleto de cuadros de santos y siempre suena una música parecida, sin cantante. Viene Nelly a saludarnos y nos dice: “Qué grandes que están”. Nos da dos besos a cada uno y nos sonríe. Después se va al fondo. Todas las amigas de la abuela nos dicen cosas así, todos los miércoles. O que estamos grandes o que estamos lindos. Hay una, Ramona, que nos regala unos caramelos ácidos. Hacemos que nos los comemos pero después los escupimos porque nos hacen llorar de lo ácidos que son.

En el fondo hay un jardín lleno de animales, de plantas y una parra gigante que tapa donde se hacen las reuniones. Hay pajaritos en jaulas, gallinas en un corral, varios perros siempre dando vueltas que Nelly ata antes de empezar. El pasto está quemado y se mezcla con la tierra. Hay muchas cosas apelotonadas: una cortadora de pasto, algunos muebles con la madera hinchada porque se mojaron con la lluvia, hasta una moto. La abuela nos explicó que la gente le regala cosas a Nelly porque se lo merece. Bajo la parra siempre están las sillas puestas en círculo y las mujeres se sientan así. La abuela nunca nos deja salir pero nosotros vemos todo desde adentro por una ventanita. Y escuchamos todo, también.

Primero habla Nelly. Dice los nombres de las presentes, bendice la reunión y evoca al espíritu santo. Después habla Mirta, que es la secretaria. Después habla Ramona. Elsa toca el piano pero no canta. Solo canta en Navidad, cuando hacen la reunión más grande y cantan todas.

Después atienden.

Los que van a ser atendidos se sientan en una silla que le ponen en el medio de la ronda, las mujeres se levantan y empiezan a caminar girándole alrededor. Cuando Nelly grita “Ahora” las mujeres suben y bajan los brazos en dirección al que está sentado y siguen girando, mientras Nelly grita cosas.

Las cosas que grita pueden variar. Pueden ser: “Saca Jesús al demonio del cuerpo de” y ahí dice el nombre del que está sentado en el medio. O puede decir: “Quita Señor el mal del cuerpo de tu hermano”. Si es una mujer la que está en la silla dice “hermana”. Las mujeres giran y giran murmurando algo que nunca pudimos escuchar. Mi hermana dice que repiten lo que dice Nelly, pero no sabemos bien. Puede ser. Ellas siguen así mientras en general el que está en la silla no se mueve. Cuando fue mamá, después de que se murió papá, ella sí se movió. Empezó a corcovear como si estuviera a punto de vomitar. Y creemos que sí vomitó, porque justo la que estaba girando delante de la boca se tiró para atrás, pero no vimos el vómito. Después le preguntamos y nos dijo “Me saqué algo de encima", pero nunca supimos si lo decía por el vómito o por papá.

Eso sigue así un rato hasta que una de las mujeres empieza a temblar y se separa de la ronda. “Lo tenemos” grita Nelly y todas las demás se apartan de la silla del medio y se vuelven a sentar. La señora que tiembla a veces es Ramona, a veces Mirta, nunca Nelly. Dudamos si Nelly no tiembla porque no quiere o porque ya no puede, porque está muy vieja. Un miércoles le preguntamos a la abuela cuántos años tenía Nelly y contestó: “Como yo”. Y nosotros vimos temblar a la abuela, así que poder puede.

Una vez que se aparta del grupo la señora que tiembla empieza a hablar con Nelly, que le dice: “¿Quién eres? ¿Qué quieres?” mientras recorre su cuerpo sin tocarlo con las manos, de los hombros hacia abajo y hacia arriba. Hasta que en una de esas veces lo hace con más fuerza de abajo hacia arriba y deja las manos en alto un rato y la señora que estaba temblando deja de temblar. Así le pasó varias veces a la abuela cuando fue la que temblaba. “Se ha ido hacia la luz”, dice Nelly, y la abuela u otra señora que tiembla vuelve a su lugar original en el círculo de asientos y todas aplauden. Después Nelly abraza a la persona de la silla del medio, que en general vuelve a su silla llorando pero a la vez sonriente. “Llora de alivio” nos explicó una vez la abuela.

Cuando terminan con las personas, empiezan con los animales: vimos degollar a varias gallinas y matar a un conejo. También un miércoles un señor pidió llevar su caballo porque dijo que “Le habían hecho un trabajo” y no ganaba las carreras. Nelly no lo autorizó. La abuela nos contó esa noche en casa que era porque Nelly no trabajaba “con el vicio”.

Cuando terminan la abuela abraza a todas las viejas y con Nelly se tocan también los brazos un rato hasta que se ríen y se despiden. Adentro a veces se queda charlando con alguna de las cosas del barrio, la verdulería, la carnicería, un asalto si hubo esa semana. Cuando nos ve en el sillón haciéndonos los dormidos nos dice: “Saluden que nos vamos”. Y nosotros le damos dos besos a Nelly, uno a Ramona y otro a Mirta.

Volvemos caminando ya de noche, rápido. Sabemos que hay albóndigas.

 

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