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domingo, 13 de mayo de 2018

Libros gratis contra el ajuste (2): Libros para decirle a tu pareja que no es más tu pareja


Para Sonámbula

Realidad: La plata no alcanza. Explicación: Ganó Macri. Marco teórico: la derecha neoliberal conquistó Occidente. Solución: una serie de recomendaciones de libros gratis para sumergirnos en la ficción y olvidarnos del mundo. En tiempos de Trump, Putin, Temer y Macri, leer ficción sin pagar sobreprecios dolarizados es nuestra única revolución posible. Venceremos.

En este caso recordamos a Phillip Scheidemann, el socialista que al comentar la rendición de Alemania en la Primera Guerra Mundial sentenció “Es mejor un final horrible que un horror sin final” y compartimos algunas novelas para inducir sutilmente a tu pareja a pensar que puede que uno de los dos este de más en la relación, o que algo entre ustedes debería modificarse, quizás las coordenadas geográficas, el huso horario o el estado civil.


Cómo ser buenos, de Nick Hornby
Un matrimonio en conflicto, una ama de casa desesperada, un gurú del mindfulness y una infidelidad. Todos los elementos necesarios para que una de las mejores plumas británicas saque chispas no solo de la crisis de los 40 sino también de la debacle del modelo de consumismo babyboomer que llevó a la clase media inglesa de creerse completamente realizada a sentirse definitivamente decepcionada de sus propios logros. Matices de clasismo, new age y mucho humor en una novela que si no hablara de desamor, hablaría de amor todo el tiempo y puede servir de disparador en tu relación para discutir sobre por qué no se están asesinando mutuamente si es lo que quieren en el fondo.

Tuya, de Claudia Piñeiro
La ya instaladísima best seller vernácula, que dejó mucha tela para cortar en su reciente discurso en la feria del libro, siempre parece estar queriendo decir mucho más de lo que dice con sus novelas de misterio. En este caso, una historia de enredos, crimen y familias rotas le sirve para indagar también en los sinsabores del matrimonio, la felicidad del hogar y otras falsas luces del modelo “casa auto perro” que nuestros padres (¿y nosotros?) compramos con mucha facilidad del capitalismo más puro. ¿Qué pasa cuando una señora bien termina siendo una señora mal? Aquí los detalles más escabrosos de la mente de una asesina de barrio cualquiera pueden venir bien de excusa para discutir con tu pareja sobre lo que llegaríamos a hacer si nos sentimos traicionados.


Vía revolucionaria, de Richard Yates
Una pareja de normales norteamericanos de la década del 50 parece ser lo menos normal del mundo a través los ojos del agudo escritor de muchos de los discursos de Kennedy. Padres de dos hijos, Frank y April Wheeler intentan salir de la típica propaganda del sueño americano pero no lo logran. Las idas y vueltas sobre un supuesto viaje a París que solucionará todos los problemas de lo que Yates llamó “la era de la ansiedad” sirven de protagonistas para instalar el telón de fondo de la posguerra y hacer estallar por los aires el statu quo de la fórmula de la felicidad. Si le regalás esto a tu pareja quedará claro entonces que necesitan un París, un Londres, o aunque sea un Chascomús urgente.


Felices los felices, de Yasmina Reza
Autora de las conocidas Art (en cartel en Argentina durante una década) y Un dios salvaje (adaptada al cine de la mano de Polanski), esta francesa sabe de lo que habla cuando desmenuza en sus historias el desamor, el fracaso, el desapego y las vicisitudes de la vida en pareja. Casi una decena de relatos con personajes repetidos en diferentes circunstancias nos dejan claro que los que parecen felices generalmente no lo son. Además, la crítica al sistema capitalista late siempre, subterráneamente, en este muestreo de infelicidad congénita y es en el posmodernismo más cínico donde reside la gracia del libro: el capitalismo engendra su propia (sutil, gris, abúlica) destrucción. Con tu pareja leyendo esto, poco queda para discutir, además de cómo van a dividirse los bienes.

martes, 1 de mayo de 2018

Netflix: ¿Un portal de series o un medio de comunicación?


Para Cámara Cívica



En su último libro “La política del siglo XXI. Arte, mito o ciencia” el asesor y gurú de las campañas electorales Jaime Durán Barba explica que una de las herramientas fundamentales del marketing político contemporáneo tiene que ver con la importancia no solamente de la imagen del candidato sino de las implicancias no visuales de los electores frente a él. Lo que no se ve, explica el investigador y exitoso constructor de éxitos electorales como Mauricio Macri en Argentina, es aún más potente que lo que se ve. Lo que los electores logran imaginar y sienten sobre una situación política genera más compromiso e identificación que lo que efectivamente existe. Las sensaciones y emociones son más útiles para generar confianza que la verdad.
En esa línea de la construcción de sentidos comunes desde la imaginación podemos incluir la intención del ex presidente Barack Obama de producir contenido de ficción en Netflix, lo que nos hace también replantearnos no solamente qué es Netflix si no qué utilidad política puede llegar a tener una plataforma que controla datos de más de 115 millones de personas en el mundo y que influye en la agenda política a través de “fenómenos de masas” como son las series a nivel mundial.

The Handmaid’s tale vs Alias Grace: la audiencia social que marca la agenda política

Un estudio reciente sobre las implicancias políticas que tienen en las nuevas audiencias el streaming ha detectado que aquellos que ven televisión por internet son mucho más activos en relación a sus antecesores y al poder elegir qué ven, cuándo y dónde sin necesitar ninguna determinación espacio temporal, tienen un diseño interactivo del mundo en el que su acción modifica su entorno. Así, aún sujeto a las restricciones del algoritmo todopoderoso, un usuario de Netflix se siente más libre que sus padres frente a la pantalla y además es más propenso a interactuar en redes sociales y posiblemente a opinar a través de ellas en política. 
Un ejemplo notable de las líneas entre ficción y realidad que parecen unir al streaming con los fenómenos sociales ha sido que la serie original de Netflix “Alias Grace” apareciera matemáticamente detrás del éxito de la brillante y ya reseñada aquí “El cuento de la criada”, que interpela sobre un tema tan viralizado y viralizable como la defensa de los derechos de las mujeres.  La producción de Hulu basada en el libro de Margaret Atwood le arrebató a Netflix el primer Emmy por una serie de drama para un show online pero además le ganó la agenda de conversación, ya que resuena mucho más que “Alias Grace” en el contexto de la lucha feminista a nivel mundial en los últimos años, donde los fenómenos virtuales como  “Ni una menos” o “MeToo” explotan en redes sociales y exceden lo virtual hacia las calles. Lo mismo puede decirse de “El mecanismo”, la ficción de Netflix en la que se retratan episodios de corrupción en Brasil muy en sintonía con la agenda política de estos meses, atravesados por la injusta detención del ex presidente Lula Da Silva. Similar también es la idea de ficcionalizar el presunto asesinato del fiscal Nisman en Argentina. Un artículo aparte llevaría analizar las implicancias políticas de “Narcos” o “El Chapo”, donde se dibujan líneas argumentales plagadas de clichés y prejuicios sobre la sociedad latinoamericana y su vinculación con el narcotráfico. Repetimos: ningún discurso es inocente y menos si proviene del imperio de construcción de lo simbólico más grande de la historia, llámese Hollywood o Netflix.

El binge watching como nuevo género: la narrativa de la succión

La Casa de Papel, la producción española de AtresMedia tuvo audiencias mediocres aquí en 2017 pero se convirtió en un fenómeno internacional inesperado para sus propios creadores luego de que Netflix comenzara a distribuirla. Miles de fotos y memes se han compartido desde entonces en redes sociales producto del fanatismo de los nuevos espectadores, logrando la tan deseada “social currency”. Netflix modificó la serie original, cambió la cantidad de capítulos por temporada, su duración y además espació el lanzamiento de la primera y la segunda temporada para fomentar la conversación y el “fenómeno”. La serie tiene ahora un “formato Netflix”, en el que la tensión se concentra en el final de cada capítulo para empujarnos a ver otro más y favorecer así la dinámica del binge watching. Como lo explica el crítico James Poniewozik “Los programas para internet son algo más que televisión, se convirtieron en un género distinto, cuyas reglas y estética apenas comenzamos a entender”. Así, el teórico define la “TV succión”, donde el espectador se involucrará durante horas con el contenido. Mientras que la televisión semanal tiene éxito provocando intriga hasta la semana siguiente, la televisión por internet depende de lo que el especialista llama “succión narrativa”. Esto modifica la forma en la que se estructura la historia porque cambia los giros argumentales y los puntos de quiebre, así como el final y la apertura de cada capítulo. 13 razones, Mindhunter, Las chicas del cable y muchas otras series tienen el mismo formato porque están cortadas con la misma tijera succionadora. Así, ver una serie de streaming es más parecido a leer un libro porque uno decide dónde empieza o termina pero al mismo tiempo se parece a un videojuego que provoca "atracones" al estilo del CandyCrush. Como los juegos de inmersión, las series Netflix están dirigidas al usuario y buscan absorberlo durante horas. Y como si fuera un juego en red, todos van posteando en las redes sociales hasta dónde llegaron y cada episodio se convierte en un nuevo nivel a descifrar. “Más que con ninguna otra innovación reciente en la TV, los servicios en línea crean un género narrativo nuevo con elementos de televisión, cine y novela pero que a la vez se distingue de todos ellos porque involucra al usuario”, señala Poniewozik.




El medio es el mensaje: la política de la ficción no tiene que ser ficción sobre política

Nadie miraría cinco horas seguidas de noticias. Nadie se pasaría un fin de semana entero contemplando debates presidenciales. Y nadie duraría una noche en vela escuchando discursos electorales. Para eso están las series. Para eso está Netflix. Para eso está internet. La potencia del entretenimiento, en términos gramscianos, supone que el sentido común se reproduce de forma pasiva, sin entrar en contradicción o en entredicho con lo establecido. La narrativa, espejo de nuestra realidad, no supone un contraste directo entre lo que pensamos, decimos o sentimos, sino que pretende reflejarnos, emocionarnos, conmovernos.
Pero en el siglo XXI no hay nada más subversivo que las emociones, el amor, el compromiso. Aquello que te “atrapa”, te “engancha” o te “succiona” y te mantiene en tu casa por horas podría llamarse pareja o podría llamarse Netflix.  Dudosamente podría llamarse política. Sin embargo, mucho de lo que construye el gigante del streaming en esas horas succionadas de la realidad a la ficción sale de la pantalla a la calle, de lo no real a la realidad, de la mentira a la verdad. Como un medio de comunicación más, Netflix marca agenda, pero lo hace desde la subjetividad. No solo refleja la realidad sino que la construye, estudiando el focus group más grande del mundo y las encuestas involuntarias en las que participamos cuando monitorean nuestros hábitos de entretenimiento. Así Netflix construye una agenda política que está entre nosotros: derechos de las mujeres (Alias Grace), narcotráfico (Narcos, El Chapo, La reina del Sur), corrupción (El mecanismo), bullying estudiantil (13 razones porque), amor libre y poliamor (Me, you and her) y muchos de los titulares de los diarios están atravesados por la pantalla más grande de la historia de la humanidad. Nunca nadie tuvo tanta información sobre lo que nos gusta hacer cuando no hacemos nada y nunca nadie se animó a usarla de esta manera. El show ha comenzado y tú eres parte. Las recomendaciones para tí pueden ser una trampa. Cuidado.

domingo, 29 de abril de 2018

Libros gratis contra el ajuste (1) : Libros para decirle a tu amig@ que es más que tu amig@


Realidad: La plata no alcanza. Explicación: Ganó Macri. Marco teórico: La derecha neoliberal conquistó Occidente. Solución: Olvidarse del mundo y sumergirse en la ficción.
Prefacio: Los libros sirven para todo. Para informarse y desinformarse, para aprender y entretener, para evadirnos y concientizarnos. Pero la gente no lee, dicen los que leen. O no lee ficción sino libros sobre actualidad y/o política escritos por ignotos ghost writers y firmados por figuras televisivas. Todo ese papel para terminar votando a Macri. Bueno.
Finalmente: Buenos Aires sigue liderando los rankings mundiales en materia de cantidad de librerías por habitante mientras el dólar sube y sube y uno de las principales obstáculos para los amantes de la literatura pasa a ser el precio de los libros. Desde esta humilde columna apoyamos entonces la lectura, la ficción y la piratería, cansados ya de luchar contra las ¿dos? ¿tres? grandes multinacionales de la edición, que monopolizan los precios a nivel mundial y evitan que la cultura llegue a todos los rincones del mundo. Y mucho menos a nuestros magros bolsillos tras el ajuste macrista.
Conclusión: una serie de recomendaciones de libros gratis para descargar organizada en entregas mensuales bajo criterios poco ortodoxos. En tiempos de Trump, Putin, Temer y Macri, leer ficción debe ser considerado un derecho humano. Leer ficción gratis es entonces nuestra única revolución posible. Venceremos.
Autora imprescindible de la narrativa contemporánea esta belga fanática de la ayahuasca dice levantarse de madrugada todos los días para escribir y ha hecho de su propia biografía una genial obra literaria. Con más de una decena de títulos publicados destacamos su segundo libro por tratarse de una historia de amigas y pasiones difusas. Niña en Japón, Amelie conoce el amor más puro y desenfadado de los brazos de una amiga a quien admira, ama y odia con la misma intensidad. Si le regalás esto a tu amig@ podrás debatir por décadas los límites entre el amor, la amistad, el cosquilleo y el compañerismo. Y después, quién sabe. Suerte.
El remisero absoluto, el hombre de abajo, el sobrino de Bioy. Muchos son los apodos que tiene Mairal en el mundillo literario argentino pero solo uno lo ha catapultado a la fama internacional: el chico que soñó con la estrella porno. Ganador del Premio Clarín con Una noche con Sabrina Love, Mairal se desmarcó del mainstream rápido y apostó a la poesía, aunque siguió cultivando su gusto por lo erótico con sus ya míticos pornosonetos. En esta novela logra un punto culminante entre un tono sencillo y llevadero y tres grandes problemas existenciales: la calentura vs. la guita vs. el amor. Si le regalás esto a tu amig@ tenés tema de conversación por semanas en relación a por qué nos gusta lo que no nos debería gustar, o por qué eso nos gusta aún más por la misma razón, aunque solo parezca una novelita de playa. Si te la menosprecia, podés decir que ganó varios premios internacionales.
Poco conocido en su faceta de novelista pero reeditado hace unos años en Argentina, este inglés puede hablar del amor como se habla del clima, con un ritmo y una cadencia digna de la generación de Carver, Cheever y Kerouac. Formado profesionalmente en Nueva York y en el Hollywood de los grandes estudios fue periodista, guionista y publicó cuatro novelas, aunque su nombre parece haberse borrado del santo panteón beat. En este caso, la excusa de dos loosers enredándose en hoteles de mala muerte le permite ahondar en disquisiciones filosóficas sobre por qué amamos o cómo dejamos de amar, en los que se destacan párrafos memorables que ensalzan la “vanidad del sufrimiento amoroso” y otras contradicciones de Cupido. Horas y horas de debate con tu amig@ sobre las definiciones que tira de amor, pareja, sexo y soledad. Perlita.

Miles de gigabytes de chats, horas de audios de whatsapp, memes, emoticones, gifs, megustas, comentarios, etcétera, etcétera. Eso que construís con tu amig@ en el éter de la virtualidad es una relación amorosa y nadie lo está diciendo. Qué mejor que una novela epistolar para dejar claro que cuando te escribo es porque te quiero, porque te deseo. Fenómeno de ventas en Europa hace unos años, esta historia puede pasar por edulcorada pero en el marasmo tindericida de las telecomunicaciones del siglo XXI aparece como un remanso para los que creemos que toda energía dedicada a escribir chats y correos electrónicos es amor volcado al teclado. Dos extraños, mails, amor, fin. Si seguiste el hilo argumental de esta recomendación queda claro que sabés de dónde tirar con tu amig@. “Si en lugar de escribirme mensajes me invitaras a salir, lo que gastamos en 4G lo invertiríamos en cervezas”. Podés usar la línea, no necesitás citar la fuente (emoticon carita ojitos para arriba).

Todo viaje es político: un mes sola en China (4)

SHANGHAI ES CASI CHINA (2)




---------- Mensaje enviado ----------
De: Leticia Cappellotto <leti.cappe@gmail.com>
Fecha: 10 de diciembre de 2016, 9:44
Asunto: SHANGHAI ES CASI CHINA (2)
Para: ed_cabrera@gmail.com

Shanghái es una mezcla de Ranelagh con La Paz y NYC en quince cuadras de diferencia. Casillas de madera, monoblocks, gente pidiendo, homeless, ropa colgada en la calle, bicicletas con cartoneros, McDonald’s, Forever 21, H&M, Tiffany´s, Cartier, Chanel, Apple. La gente escupe mucho, fuma mucho, grita, no respeta semáforos ni sendas peatonales. Mucha arquitectura grandilocuente al lado de callejuelas sin luz. Hay perros en la calle, no se los comen a todos, parece.  Fea, ficticia, y superficial, Shanghái tiene muy poca ritualidad, muy poco sentimentalismo. Los chinos son muy poco delicados, muy poco elegantes, todo es rústico, tinglado e impostado. En fin, odio este lugar capítulo MMCXVII.
Y además estoy ebria, extrañándote, necesito escuchar música pero no puedo porque no funciona el encriptador de IP que necesito para entrar a YouTube.
En China internet es un lujo caro. Pero: ¿Es que acaso no podés vivir sin internet? Escucho que me pregunta Mao Tse Tung, burlón. China de mierda, respondo mentalmente, comunismo de mierda, dejame tener YouTube, la puta madre.
Ya ves, sigo en contradicción permanente. Es que China es buena y mala con la misma intensidad. Es buena porque es algo que estará en mí para siempre y nadie podrá sacarme nunca porque, a diferencia del dinero o la propiedad privada, las experiencias no se pueden robar. Pero con miedo a morirme a cada paso y sintiéndome más viva que nunca, China me está mostrando cosas que no tenía idea que vivían en mí: el pánico más hondo que experimenté en mi vida y un agotamiento espiritual vinculado a mi soledad. Si sobrevivo, seré “la amiga que pasó un mes sola en China” de todos mis amigos. La chiflada esa que fue a la muralla china a pensar todo de nuevo cuando la derecha conquistó occidente. La que vive para contarlo, una vez más, un país menos.
Pero: ¿Qué hay en China que no hay en otro lado? ¿Comunismo y capitalismo juntos? ¿Caos? ¿Confusión? No lo encuentro. No siento que me estén pasando cosas: ¿Conocer a una venezolana que prefiere tener a su hijo en China antes que en Caracas es algo “anecdotable”? ¿Charlar con una rusa que dice que ser profesora de yoga pero parece una prostituta sirve para un cuento? ¿Dónde está la erótica de haber venido a este país? ¿Solamente en haberlo hecho? ¿En qué radica la magia china? ¿En que son comunistas y capitalistas a la vez? Sí: lo sexy en China está en la transición, en la frase de Antonio Gramsci: “Cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer, ahí aparecen los monstruos”.
Eso soy yo y eso es China: monstruos. El pasado (lo viejo que muere) y el futuro (lo nuevo que nace) son a la vez traducidos acá en el pasado (herencia milenaria) como motor del futuro (hegemonía mundial). Y eso se ve en cualquier ciudad china: la velocidad, la potencia, la fuerza de algo que está naciendo desde los escombros de los barrios pobres hacia los rascacielos de los edificios más altos y modernos del mundo. “El gigante asiático se despierta” dicen los analistas que saben que, en la historia de la humanidad toda, China siempre tuvo un papel geopolítico hegemónico y solo estuvo durmiendo. Pero el futuro ya está entre nosotros y China será China porque fue China en el pasado. No es casual, en este sentido, que para presentar el megalómano proyecto ferroviario/marítimo de la “Nueva Ruta de la Seda” que conectará más de 60 países y culminará con un dominio comercial sin antecedentes en la historia moderna por parte de China en 2049 el presidente Xi Xiping haya citado a la antigua ruta que conectaba Asia y Europa hace más de 2300 años. Menos casual es que se haya elegido el 2049, centenario de la Republica Popular China, para inaugurarlo.
El futuro es chino porque el pasado lo fue y viceversa.
Y es así que llegás a la conclusión que la contradicción es el sexo de China: los edificios imponentes emergen al saberse potencia mundial pero desde una ciudad en las que muchos barrios parecen una villa del conurbano bonaerense. Si hasta la lógica urbana es similar entre Shanghái y los barrios pobres del tercer mundo: por toda la ciudad la gente saca parlantes a la calle y se ponen a bailar. Una calle cualquiera, unas diez personas, musiquita y ya. Algunas noches hay baile de parejas pero los mejores son los que bailan solos, como un tai-chi acelerado. Cuando nos conquisten será la primera costumbre que voy a adoptar, bailar porque sí en la calle, fantástico.
No sé, quizás lo que más me seduce de estar acá es simplemente estar acá, quizás no haya nada especial con estar acá más allá de haber logrado hacer algo que soñé 10 años y tildarlo en la lista mental de “been there, done that”. Pero todo viaje es político: en 2003 cuando empecé a obsesionarme con venir porque una profesora me obligó a hacer un trabajo práctico sobre las relaciones entre China y Argentina, China no era la potencia emergente que es hoy. En su momento me fascinó el solo hecho de que China existiese. Pero luego apareció la China de la se habla en los medios como “el gigante asiático”. Y me fascinó aún más. Lamentablemente, estoy comprobando que la China que existe es un híbrido que confunde, molesta, desentona. Tanto el comucapitalismo como el capitalismo de estado, el pasado fundamentando el futuro y el futuro fundamentando el pasado son una especie de bomba que no explotó pero que está por explotar. De hecho, en la ruta de la seda que te comentaba antes se encuentra un 75 % de las reservas de energía mundiales, afecta a un 70 % de la población global y se genera un 55 por ciento del PIB mundial. CHACHAN!! 2049: China conquistará el mundo pacíficamente a través del más capitalista de todos los métodos (el comercial) y lo festejará el día que se cumplan 100 años de la instalación del sistema menos capitalista de todos (el comunismo).
Me va a explotar la cabeza, no puedo concebir que el futuro lo manejen unos señores que comen perro, no creen en la democracia y matan gente con rifles (poco se sabe de cuánta gente mata el Estado, pero se sabe que la matan ¡¡¡con rifles!!). A propósito de esto, ayer fui a la casa en la que Mao fundó el Partido Comunista local y es chiquita, bastante rústica y bien conservada, pero está en un barrio muy paquete al lado del Ritz, el FourSeasons y un shopping con Prada, Cartier y Gucci. Confusión no, lo siguiente.
Así que ya ves, de los creadores del papel, la imprenta, la brújula y la pólvora, llega: el comucapitalismo chino del siglo XXI. En el fondo, muy en el fondo, tiene sentido: los chinos inventaron el dinero.
Y hablando de eso, en el supermercado chino en China de al lado del hostel en lugar de darme el vuelto con caramelos como hacen en Argentina, la empleada china me fió los 50 ctv que me faltaban. ¿Los chinos solo fían en China? ¿Los argenchinos son menos confiables que los chinos? ¿Mientras esté en China, yo también soy argenchina? Santo Dios que estás en los cielos, no estoy preparada para esto, no estoy preparada para estar aquí, por favor dejame salir viva de China, por favor, por favor.
Fuera de chiste: te extraño. Sé que no debería pero es lo que me sale. Es muy difícil olvidarse de alguien en estas condiciones de caos sobre lo existente. Hablo con vos mucho más de lo que te escribo. Pero pienso: Si la única persona que te hace sentir acompañada está muerta, ¿estás sola?
Idea para cuento en China: pareja de amigos planea un viaje, él se muere y ella decide hacerlo igual, se lleva sus libros y cuadernos y descubre una personalidad secreta de alguien que creía conocer muy bien. Conflicto interno: ¿Estar sola en China hablando con un muerto es estar más o menos sola que estar sola?
Título posible: Con más amor del que sabe que existe.
To

miércoles, 11 de abril de 2018

Pedazos (son luces en torno a tí)

Para Revista 27


Este será el primer velorio de tu vida pero no el último. El cajón estará cerrado porque no habrán encontrado todos los pedazos del muerto. Estarán presentes tus compañeros de la primaria, sus familiares y vos. Recordarás este día para siempre: tu mejor amigo murió a los catorce años aplastado por un conteiner en un auto junto a su familia en la misma ruta donde también chocó Gilda. Se te ha perdido un corazón.
Veinte años después amanecés un primero de enero con un mail de tu editor: “El tema del próximo cuento es la soledad, la fecha límite es el 31”. Tenés 30 días para escribir sobre lo que no existe. La soledad es un amigo que no está, tarareás mientras desayunás en Madrid, en un minúsculo departamento de la Calle Alcalá, en el distinguido barrio de Salamanca. Nunca te gustó especialmente Spinetta, pensás, pero sabía emocionar. Prendés la radio para dejar de cantar canciones tristes. Es primero de enero. Feliz año nuevo. En Buenos Aires se están asando, dice la radio, pero en Madrid esa semana va nevar. La soledad es escuchar radio argentina cuando te despertás en otro continente porque es lo único que te hace sentir en casa. La radio, ese hogar hecho por solitarios para solitarios.
Esteban, tu amigo muerto hecho pedazos, te explicó el Big Bang por primera vez en 1998. Lo hizo durante una hora de clase en el que ninguno de los dos estaba prestando atención o en una hora libre o en un recreo. Lo que sí recordás es que tenía un libro que no era el manual de séptimo grado que usaban sino uno que había llevado especialmente para mostrarte los planetas que lo fascinaban. Lo que sí recordás es que tenía el libro como escondido sobre sus piernas y que te mostraba el cosmos completamente alucinado sobre la no materia convirtiéndose en materia. También recordás cómo miraba tus ojos, tu asombro, tu incomprensión. ¿Por qué es lo que es y no es lo que no es? Te preguntó. Son amigos, pensás, aunque sentís una comunión que nunca sentiste antes y no sabés cómo se llama. Tenes 12 años y un hombre enfrente que te habla de planetas al que querés besar.
Llegaste a Madrid desde Sicilia en el que fue tu cuarto viaje sola. Dejaste Buenos Aires, Sídney, Melbourne, Tokio, Kioto, Osaka, Hong-Kong, Shanghái, Pekín, México, La Habana y también Italia. En el viaje anterior decidiste que ya no querés viajar sola nunca más. Que ya no te importa ningún lugar en el mundo si no lo podés compartir. Que te aburriste de la soledad porque la elegiste durante mucho tiempo y ahora te aburre. No podés decir que necesitás a alguien, no podés sentir que necesitás a alguien, simplemente podés decir que la ausencia de ese alguien te aburre. La peor soledad es el aburrimiento, pensás, es la soledad que tenés con vos mismo cuando no se te ocurre qué desear. Apagás la radio y garabateás en Madrid ideas para el cuento que te pidieron desde Buenos Aires. La soledad son las metas cumplidas, escribís, mientras evaluás que cumpliste con todas las tuyas. Vivís en Europa, viajaste por todo el mundo, tenés cuatro editores pidiéndote textos. Triunfaste. Estás viva.
El primer y único lento que bailaste en tu vida lo bailaste con Esteban, que ahora está hecho pedazos en un cajón, en un cumpleaños de 13 en un patio de Lanús Oeste en el que los ladrillos y el revoque de la medianera con el vecino estaban a la vista. No te acordás de quién era el cumpleaños, no te acordás qué pasó antes, no te acordás que pasó después. Sí te acordás que dilucidaste que si bailabas un lento con él ya no eran más amigos, aunque ninguno dijera nada para establecer lo contrario. Y también recordás su perfume, ácido, rancio, barato. Así huelen los pobres. A diferencia de lo que se cree, los pobres no huelen mal. Usan perfumes berretas entonces se ponen mucho. Como los franceses, igual. Los hombres tienen perfumes picantes, bien masculinos, como para decir "acá estoy". Terminó la canción y no se dijeron nada. El sobreentendido sobrevolaba entre tus compañeros. Nunca habías besado a nadie. Tampoco besarías a Esteban. No sabés (ni ahora que escribís esto, ni mientras bailabas el lento, ni en el velorio) si Esteban alguna vez besó a alguien.
Pensás que le podés mandar al editor un relato de tus viajes sola que culmine en algún episodio dramático que explique por qué decidiste no viajar sola nunca más. Puede funcionar, el final es fundamental. Lo garabateás en primera persona porque es más fácil, seguro después lo pasás a tercera y te podés esconder. Pero sabés que lo que no es autobiográfico es plagio. Y arrancás: tu primer viaje sola fue en 2004, Esteban ya llevaba un par de años muerto. A los quince días de terminar el secundario y contra todos los deseos de tu madre conseguís un trabajo que te permite ahorrar. En ese trabajo conocés a Damián. Pobre, como Esteban, que te mira de esa forma, como Esteban, sin decir nada, como Esteban. Pero uno está muerto y el otro no. Siempre sabés que Esteban está muerto porque vas midiendo todos los sucesos de tu vida como eventos que no le están pasando a él: besar, coger, viajar, egresar, conseguir un trabajo, ganar plata, estudiar algo. Año a año en el que vas creciendo él se lo está perdiendo y cada cosa tiene una épica insoslayable porque vos hacés lo que él no puede, como si contemplaras la vida en formato de negativo. ¿Por qué es lo que es y no es lo que no es?. Y aunque uno está siempre muerto y el otro no, Damián también es inaccesible, como Esteban. Tiene una mujer y una hija pero también te besa, te escribe mails, te invita cervezas. Te dice que le encantaría irse con vos al norte argentino: Humahuaca, Purmamarca, las ruinas de Quilmes, Iruya. Ambos fantasean borrachos con instalar un hostel en Tilcara. No pueden hacerlo pero él dice que le gustaría (a Esteban también suponés que le gustaría viajar con vos, porque no le conociste ninguna novia, ni sabés si alguna vez amó a alguien más de lo que te amó a vos). Damián no puede ir con vos pero vos te vas igual. Tu mamá chilla, dice que sos muy chica para viajar sola, que te va a mandar a buscar por gendarmería. Lográs irte. Llorás 12 de las 24 horas de tren con destino a Tucumán pero te vas sola de viaje por primera vez, aunque te acompañen los fantasmas. Y a cada paso que das en ese primer viaje solitario pensás que Damián debería estar ahí. O que Esteban debería estar ahí. La soledad no es que no haya nadie al lado si no que no sepas quién querés que esté. La soledad también es querer lo que no se debe querer, como a un hombre casado con una hija. Pero tenés 18 años y estás viva: preferís querer lo prohibido a no querer nada, porque entendés que si no querés nada más que solo estás muerto, como Esteban, que seguía muerto, mientras vos empezabas a envejecer.
Cuando te diste cuenta de que estabas enamorada por primera vez en tu vida del que se suponía que era tu mejor amigo decidiste seguirlo hasta su casa, para obtener más información sobre él y hacerte una idea acabada de su vida fuera de la escuela. Nunca le contaste a nadie que comenzaste a hacer tareas de inteligencia que después se convertirán en tu profesión de periodista a los 13 años. No tenés intención de confesarlo ahora tampoco, por eso camuflás esta historia usando la segunda persona que además alude al subtítulo con la canción de Spinetta. A mucha distancia y sigilosamente seguiste a Esteban desde la puerta del colegio de Villa Diamante hasta su casa a unas cuadras de ahí y lo observaste caminar su anodino recorrido diario. Viste que entró a una casa con una cerca blanca y jardín delantero, diste media vuelta y volviste a la escuela. Fue lo más cerca de la cama de Esteban que llegaste.
El segundo viaje sola fue a Bolivia, Perú y Ecuador. Esteban seguía muerto. Ya no vivías con tu madre así que no podía chillar que eras una kamikaze, pero también te ibas con fantasmas. Esta vez no anhelabas estar con Damián sino que hacías el duelo de tu relación de cuatro años con él. Lo habías abandonado porque tomaba demasiada cocaína, nunca había dejado a su mujer y además te habías enamorado de otro hombre tan inaccesible como Esteban y como él. Muy bien diez. Mientras escribís este párrafo te das cuenta de que la metáfora que querés plantear está mucho más clara en esa frase de Cortázar sobre que uno se enamora siempre de la misma persona una y otra vez. No te acordás de qué libro es, no sabés si la vas a encontrar en Google, no sabés si vas a usar la frase literalmente o la vas a dejar entrever. El cuento tiene que tener la trama visible, la invisible, la punta del iceberg y el cross de mandíbula del desenlace. Para eso habría que poner un muerto al final, pensás. Pero acá el muerto está al principio, tipo Agatha Christie. Recordás que a Agatha Christie la dejó el marido pero nadie supo nunca nada de él, salvo que fue el marido de Agatha Christie.
Antes de llegar a Bolivia ya te habías encontrado con otra argentina que viajaba sola haciendo el duelo de una relación con un tipo que también tomaba mucha cocaína. Dios está en los detalles y es un excelente agente de viajes. En Ecuador conociste a un barman peruano que te dijo que el cuerpo humano precisa siete abrazos por día para recibir la cantidad de oxitocina que necesita para su bienestar. Así logró llevarte a un bar y a otro y a otro más. Cuando amaneciste estabas desnuda en un sillón y tu bombacha había quedado arriba de una mesa. Nunca más lo volviste a ver.
Luciana te llamará y te informará que Esteban murió. Es el primer hombre del que te enamoraste y sentiste que te amó. Nunca te lo dijo, nunca te lo escribió, pero te lo hizo saber. Ahora tiene catorce años como vos pero está muerto. Tu reacción instantánea será tener un ataque histérico de risa. Tu madre te mirará y no entenderá qué te causa tanta gracia. Parecerás poseída, en un shock. La soledad es que se muera alguien de tu edad porque te recuerda tu inevitable muerte con una ferocidad ineludible. Cuando pasa, morirse deja de ser lo que sucede en las películas, en los hospitales o en los geriátricos. Morirse existe. Y si se puede morir gente de tu edad, te podés morir vos, ahora mismo, a los catorce años. Luciana te mostrará todo esto diciendo que el hombre que te explicó por qué es lo que es y no es lo que no es, ya no es. Luciana te mostrará todo esto relatando que el tipo que seguiste hasta la casa, con el que bailaste un lento y con el que todos creían que estabas de novia pero con el que nunca llegaste a estarlo porque no te atreviste a pedírselo se murió en un accidente de tránsito misma ruta donde falleció Gilda. Lo de los pedazos vas a saberlo recién en el velorio.
Tu tercer viaje sola fue en el 2015. Tenés treinta años. Hace más de quince que Esteban está muerto. Ya no lo amás a él, ni a Damián ni al que le siguió. No amás a nadie. Esa es la peor soledad, ahora sabés, no amar nada. Nadie quiere ir con vos de viaje porque no querés que nadie quiera ir con vos de viaje porque no querés a nadie como para pedirle que vaya con vos de viaje. Te vas a ir a Australia y a China, le decís a tu papá, definitivamente. Te vas a ir sola a otro continente a probar suerte y necesitás que te ayude con plata para el pasaje. Tu padre te pregunta a los gritos:¿Y si te enamorás antes de irte qué hacemos? No me voy a enamorar nunca más, pensás, papá, quedate tranquilo, Esteban está muerto.
En Australia conocés gente, la pasás bien, crecés. En China no conocés a nadie, la pasás mal, crecés. Arriba de la muralla china explota el bigbang en tu cabeza. No quiero viajar más sola, pensás. Quiero querer algo. Quiero querer a alguien.
Googleás uno se enamora siempre de la misma persona+Cortázar pero no encontrás la frase. Pensás que es mejor que el cuento no termine con un punch final.  Tampoco sabés si es un cuento. Imprimís estas páginas, las mandás por correo postal a Buenos Aires para que no lleguen instantáneamente. Vas a la ferretería y comprás cuatro metros de soga. Por fin vas a dejar de viajar sola. Por fin vas a decirle a Esteban que querés ser su novia.