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lunes, 27 de abril de 2020

Libros gratis contra el virus (4): Todo estará bien, ya lo verás


Acá está, era esto. El futuro era al final una sucesión de presentes absolutos de encierro, infoxicación y soledad. Los números de muertos, los infectados, las medidas tecno-represivas, la guerra de balcones y la geopolítica del morbo se acomodan a diario para no permitirnos pensar en nada que no sea el virus o para no dejarnos directamente pensar.

En su último disco editado en 2019, Los Espíritus aparecieron con un tema inusualmente optimista llamado "Semillas de luz". En él se repite como mantra una y otra vez "Todo estará bien, ya lo verás", que resuena en los versos de "All Things Must Pass" de George Harrison y otros temas "feeling good" de la propia banda. Pegadiza, la canción puede funcionar de himno ante la horda de malas noticias a la que nos enfrentamos a diario, la incertidumbre y pesadez de estas semanas. Inspirados en ese optimismo por la fuerza, recomendamos algunos ejemplos de literatura luminosa para atravesar la pandemia pero también para confiar en que un mundo mejor será finalmente posible. Venceremos.

Una educación, Tara Westover

¿Qué harías si tu padre creyera en el fin del mundo en plan apocalipsis y te prohibiera ir a la escuela? ¿Cómo quedaría tu capaciad de relacionarte con los hombres si tu hermano te moliera a palos cada vez que quisiera mostrarte afecto durante tu infancia? ¿Cómo harías siendo mujer en 2020 para poder lidiar con todo eso en tu curriculum y de paso meter un Best Seller del New York Times? Pues bien, inspirada en su propia historia como hija de una familia casi mormona de la larga estepa norteamericana, Westover sacó su diario íntimo a relucir en un increíble retrato no solamente cuán limitados pueden ser los yankees del midwest sino también cómo es posible escaparse de ellos, escribir sobre su atraso mental y además salir viva del asunto.

Instrumental, James Rhodes

Este pianista británico fue víctima de abusos durante su infancia y según sus propias palabras su vida ha estado marcada por esa tragedia. Pero escuchar a Rajmáninov en bucle durante su adolescencia y descubrir el Adagio de Bach en un ala psiquiátrica le ayudó a combatir sus demonios y a transformar su vida. Después, ya famoso, empezó a escribir. Canto a la posibilidad de superación de traumas pero también alegato inefable de cómo el arte puede mejorar la vida, esta autobiografía busca emocionar, inspirar y combatir a aquellos que creen que los golpes de la infancia son imborrables y determinantes para siempre.

Cómo se hace una chica, Caitlin Moran

Luego del aclamado "Cómo ser mujer" a esta periodista inglesa le pidieron más líneas sobre la vida con su particular mirada y dos años después sacó de la galera esta novela, en la que relata las viscitudes de una niña de clase media baja en el Londres de los 60's (¡quién pudiera!) y su derrotero en los inicios del periodismo de rock. Desde ser una pobre adolescente con acné y ayudas sociales a una amiga de famosos, Moran se encarga de retratar ese paso duro de la pubertad a la adultez, los excesos, los muchachos y el rock desde adentro, mostrando con claridad que todo tiempo pasado no siempre fue mejor.

Alta fidelidad, Nick Hornby

Maestro indiscutido de la comedia británica, Hornby esconde en un cinismo y escepticismo grunge mucho más optimismo del que parece a primera vista. En esta novela desmenuza una historia de amor atrás de otra en manos de su personaje, un alter ego confeso dado la debilidad que Hornby siempre ha explicitado en relación a la música. Un vendedor de vinilos, un montón de canciones y un John Kusac en su mejor momento en la versión película: un combo levanta ánimos invencible.

domingo, 19 de abril de 2020

Libros gratis contra el virus (3): Amélie Nothomb



Acá está, era esto. El futuro era al final una sucesión de presentes absolutos de encierro, infoxicación y soledad. Los números de muertos, los infectados, las medidas tecno-represivas, la guerra de balcones y la geopolítica del morbo se acomodan a diario para no permitirnos pensar en nada que no sea el virus. Y si en ese lejano mundo pre virus apostábamos a leer porque queríamos escaparnos de la realidad, quizás esta vez haya que leer porque la realidad se ha escapado de nosotros. Entonces, lejos de todo y de todos, cuando el mundo se ha vuelto ficción, la ficción ha de ser el único mundo posible. Venceremos 

Hija de diplomático belga Amélie Nothomb viajó por el mundo desde niña y ha podido extraer de esas experiencias trashumantes entre culturas tan diferentes como la japonesa, la india o la europea mucho material para su trabajo, que vio la luz por primera vez en la década de los 90 en Francia. Ya consolidada en la escena europea, su extraordinaria performance de publicación de un libro por año la llevó a ser leída por millones y traducida a varios idiomas. El descaro de su pluma, siempre autobiográfica, cínica y nihilista, la ubica en la escena contemporánea francesa cerca de otros autores más oscuros como Houellebecq o Beigbeder. Pero su toque personal de humor negro y ternura, generalmente asociados a sus experiencias infantiles, logran un equilibrio justo que la convierten en una autora a la vez super moderna como clásica. 

El último libro de Nothomb traducido al español se adentra en uno de los clichés de la narrativa de mujeres contemporánea más espinoso: la maternidad. En este caso se retrata la historia de una mujer embarazada que revive durante el proceso de gestación de su primogénito -no deseado- los penares por los que la hecho pasar su madre en su infancia. Polémica como siempre, el asunto del instinto materno queda diseccionado completamente en esta historia a la vez tierna y cruel que deja también claro por qué Amelie decidió no tener hijos y considera a sus libros como tales. 

La primera novela publicada de Nothomb -aunque fuera la undécima escrita- consigue atrapar al lector rapidísimo con un personaje por demás nefasto que a la postre termina generando ternura, como siempre. Un escritor ermitaño que odia las entrevistas pasa por la experiencia de someterse a cinco una vez que se entera de su inminente muerte. Siempre autobiográfica, esta historia le permitió a Nothomb retratar el dolor que le generó el asesinato de su hermano a manos de un borracho años antes de la publicación, que aquí disfraza como un episodio aislado dentro de otros.

“Habíamos abandonado un planeta por otro que probablemente no estaba en el mismo sistema solar” reza este libro, diario íntimo de las primeras travesías de Nothomb por el globo de la mano de su familia, pero que también se adentra en la enfermedad que la acosó a ella y a su hermana por décadas: la anorexia. Juntas decidieron dejar de comer el 5 de enero de 1981, cuando Amélie tenía 13 y su hermana 16. Años más tarde de su publicación, Nothomb además reconoció que aquí se narra el abuso que sufrió en una playa de Bangladesh cuando tenía 12 años, episodio que relató como si se tratara de una de las pesadillas del personaje principal.

Reconocida como falsa japonesa por haberse criado en Tokio y hablar perfectamente el idioma, en este caso Amelie se ubica a la izquierda de la izquierda al desmenuzar el conservador sistema nipón de costumbres y creencias relacionadas con la disciplina laboral, social y familiar. Trabajos absurdos, órdenes dementes, tareas repetitivas, humillaciones grotescas, misiones ingratas, ineptas o delirantes, superiores sádicos y todo lo que uno espera del aceitado sistema japonés de eficacia y eficiencia, retratado con una dosis justa de amor por la cultura que la apasiona y también un dejo de espanto.

lunes, 13 de abril de 2020

Libros gratis contra el virus (2): Literatura queer

Para Revista Sonámbula

Acá está, era esto. El futuro era al final una sucesión de presentes absolutos de encierro, infoxicación y soledad. Los números de muertos, los infectados, las medidas tecno-represivas, la guerra de balcones y la geopolítica del morbo se acomodan a diario para no permitirnos pensar en nada que no sea el virus. Y si en ese lejano mundo pre virus apostábamos a leer porque queríamos escaparnos de la realidad, quizás esta vez haya que leer porque la realidad se ha escapado de nosotros. Entonces, lejos de todo y de todos, cuando el mundo se ha vuelto ficción, la ficción ha de ser el único mundo posible. Venceremos.

En la marcha porteña del 2019 el colectivo de disidencias decidió, en una movida osada como pocas, eliminar las siglas de las banderas para identificarse. Así, el universo LGBTI+ pasó a ser “Del orgullo” a secas, sin distinciones ni micro segmentaciones que ya parecen obsoletas. Es que lo queer, ese magma de lo impreciso que irrumpe en el lenguaje inclusivo o las discusiones dentro del feminismo ya dejó de ser relativo a las posiciones amatorias para impregnar un sesgo de confrontación política a lo establecido allí donde aparece. Mujeres y queers somos entonces la punta de lanza del movimiento anti sistema del siglo XXI, muy por delante de los trabajadores, los estudiantes o los fans del cambio climático. Un peligro rosa recorre Occidente. A leernos. 

De la pluma del creador de “Call me by your name”, el fenómeno LGBT del 2018, llega esta compilación de relatos que, lejos de concentrarse en el erotismo homosexual de la película, logra visibilizar uno de los grupos más renegados dentro del propio colectivo de las disidencias, los bisexuales. El personaje del libro oscila así entre historias románticas con hombres y mujeres sin dedicarle una línea a la reflexión sobre el tema, lo que se agradece en términos de naturalización pero también entretiene al evidenciar esos oscuros y enigmáticos caminos del deseo bi, poco conocidos por el público en general. 

Premio Pulitzer 2003, la segunda novela del escritor de la renombrada “Vírgenes suicidas”, llevada al cine por Sofía Coppola en 1999, indaga sobre la propio legado familiar de Eugenides para retratar la historia de un intersexual -aunque no sea su caso- que oscila entre una infancia como mujer y una adolescencia/adultez como hombre, lo que si bien a primera vista podría resultar traumático es retratado con mucho humor e inteligencia. Lejos del melodrama, la novela es un must dentro de la comunidad, pero ilumina aspectos del universo “I” del colectivo LGBTI como casi ninguna otra. 

¿Qué sucedería si el presidente tuviera un “primer damo”? ¿Cómo se vive la cirugía del cambio de sexo? ¿En qué momento se puede descifrar el deseo en un pueblo rural de pocos habitantes? Estos y otros conflictos del universo queer aparecen retratados con frescura y audacia en esta recopilación de relatos de escritores noveles o poco conocidos, editado en España en 2019. Herederos de Lorca, más de 15 creadores buscan así poner luz sobre una generación que ya no lucha con la persecución pero sí con los típicos lugares asociados a la homosexualidad y los nunca del todo desterrados prejuicios.

Gema inesperada pero celebradísima de la literatura argentina contemporánea, este fenómeno editorial -va por la 4ta edición- ya es muy difícil de encontrar en las librerías pero brilla con fuerza donde sea que aparezca. Actriz travesti de culto desde hace años, Villada salta a las letras con una maestría envidiable para retratar sus épocas de prostituta en el Parque Sarmiento de Córdoba durante los primeros 2000. Con una poesía que suda sangre, dolor y lágrimas combina sin estridencias un realismo cruel y una lírica impensada. Joya. 

Plus: No ficción 

Editada en 2019, esta compilación de artículos retrata a la perfección a “la” figura ineludible del pensamiento queer contemporáneo. Filósofo trans español y ex pareja de la brillante Virgine Despentes, Preciado ha publicado durante varios años columnas en el periódico francés Liberation que cuestionan el heteropatriarcado hegemónico a partir de su propio proceso de transformación sexual. Heredero de Foucault en su análisis de la microfísica del poder, logra ubicarse a la izquierda de toda izquierda posible a partir de su concepto de “terrorismo anal”, que utiliza para analizar fenómenos como el procés catalán, el zapatismo en México, la crisis griega, la América de Trump,  la figura de Assange, el trabajo sexual o el acoso a niños trans. Duro de roer, pero imprescindible. 

Filóloga e historiadora, la española Domenech comenzó a publicar en Twitter historias de lesbianas del siglo XVIII -que luego confesó haber recopilado para su propia identificación- y de la noche a la mañana comenzó a ser una estrella en el firmamento del microblogging. Menos de un año después editó este volumen con muchos de sus hilos pero también nuevas investigaciones en las que se devela el misterio de esas “amigas intensas” que durante la era victoriana eran más comunes de lo que se imagina. Con un tono cómico y mucha documentación, resulta una rara avis dentro de la biblioteca pero también un documento importante a la hora de visibilizar al colectivo lésbico.

sábado, 4 de abril de 2020

Libros gratis contra el virus (1): Lucia Berlin

Para Revista Sonámbula

Acá está, era esto. El futuro era al final una sucesión de presentes absolutos de encierro, infoxicación y soledad. Los números de muertos, los infectados, las medidas tecno-represivas, la guerra de balcones y la geopolítica del morbo se acomodan a diario para no permitirnos pensar en nada que no sea el virus. Y si en ese lejano mundo pre virus apostábamos a leer porque queríamos escaparnos de la realidad, quizás esta vez haya que leer porque la realidad se ha escapado de nosotros. Entonces, lejos de todo y de todos, cuando el mundo se ha vuelto ficción, la ficción ha de ser el único mundo posible. Venceremos.

 

Rescatada tras décadas de ostracismo, el boom de la literatura feminista reciente trajo hace unos años una perla inesperada que no para de brillar. Madre de cuatro hijos, viajera, bohemia, alcohólica, sexy, descontrolada, Lucía Berlín escribió cuentos durante toda su vida sobre lo que mejor sabía hacer: sobrevivir. Diez años después de su muerte se convirtió en best seller internacional y deja siempre, tras su lectura, ese gusto agrio que tienen todos los norteamericanos: el sueño que no fue. 

 

Manual para mujeres de limpieza

En el que fue la irrupción de Berlín en la escena internacional contemporánea tras años de silencio, la cuentista retrata su agitada vida al ilustrar sus muchos trabajos precarios y mal pagados, sus varios maridos con diferentes patologías y abandonos, los numerosos países donde vivió y las muchas geografías que transitó para contarnos casi en tono de diario íntimo su propia vida. Cómo cuidó a su hermana moribunda, cómo se enamoró de músicos de jazz que a la vez eran heroinómanos sin remedio o su lucha con el alcoholismo son alguno de los temas recurrentes. Autora nómade, vida turbulenta, alcohol, cigarrillos y rock feminista. 

 

Una noche en el paraíso

Editada en 2019 tras el éxito de la primera versión en español de sus cuentos y supervisada por su hijo, esta nueva recopilación de relatos  transita por diferentes espacios pero sigue la línea de la autobiografía que sella la característica voz de Lucía. Chile, México, Estados Unidos, la bohemia, la tristeza, la soledad y las parejas que van y vienen conviven con personajes desdoblados en los que sus hijos, sus familiares y ella misma pasan a convertirse en espejos distorsionados de una realidad siempre doméstica y a la vez aventurera. 

 

Bienvenida a casa 

Jugando siempre con la ficción y la realidad, los editores de Berlín apostaron en 2020 a una recopilación de textos autobiográficos en la que Lucía estaba trabajando antes de su muerte. Fiel a su estilo desenfrenado, las múltiples alusiones a personajes “reales” de su vida que aparecen en estos textos con tono de diario íntimo sirven para ir rastreando personajes de sus cuentos. Ya a nivel de cholulismo explícito encontramos también cartas y fotografías que completan el mundo Berlín a la perfección para dibujar todas las aristas de un personaje fascinante.

 

 

domingo, 8 de diciembre de 2019

Historia de un matrimonio: Con el amor nunca alcanza (3)

Para Orphanik

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¡Ay las parejas! Esos agregados misteriosos que se adentran en el siglo XXI intentando mantener su esencia sin perder el touch individualista del neoliberalismo posmoderno. Esos imposibles intentos por mantenerlo todo igual pero a la vez que todo cambie en pos de no volverse rutina y aburrimiento. Esos monolitos de la sagrada familia judeocristiana que el heteropatriarcado dominante se encarga de ensalzar cada San Valentín, cada Black Friday, cada día de la madre, etc., etc. Esas fuentes inagotables de películas de ayer hoy y siempre.
Parte de la saga sobre relaciones familiares que viene llevando a la pantalla grande Noah Baumbach desde The Squid and the Whale (2005) y While We’re Young (2014) y The Meyerowitz Stories (2017), llega Marriage Story, unas dos horas y media de vericuetos sobre cómo un matrimonio que parecía perfecto se desintegra por los aires y que además muestra cómo cada uno de sus miembros saca lo peor de su carácter con el único objetivo de herir al otro en todo el proceso. El hijo de ambos  sufre las consecuencias del tironeo constante de sus progenitores, copia fiel del hijo de Kramer vs. Kramer (Benton, 1979) o de los hijos que Baumbach retrata complicadísimos tras el divorcio de sus padres en The Squid and the Whale.
Contada con monólogos largos entre los que se destacan los de los abogados y los miembros de la pareja, Marriage story retrata la historia de dos artistas neoyorkinos que entre tablas de teatro y películas de Hollywood ya no son más el uno para el otro. En el camino, Baumbach se encarga de meter la típica discusión costa este/costa oeste norteamericana y deslumbra con un elenco entre los que Alan Alda, Laura Dern y Ray Liotta brillan mientras que Adam Driver grita y pega puñetazos a las paredes y Scarlett Johansson se encarga de mostrar que puede volver a actuar “en serio” después de su incursión en el universo Marvel.
A la postre, mucho de lo que cuenta esta peli viene a reciclar el sub género “Divorcios” pero sin nada que la vuelva especialmente memorable. Suenan de fondo las canciones de musicales de Brodway para hacerla parecer un clásico, pero se extrañan las locuras de La guerra de los Rose (De vito, 1999) o los juegos de tiempo y espacio de Blue Valentine (Cianfrance, 2010) o la poesía de Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Gondry, 2004). Como toda película de diálogos, las líneas son buenas, pero las innovaciones en la temática de los parlamentos, nulas.
En esta temática, el cómico Louis C.K. tiene un monólogo famoso en Youtube donde insta a la gente a divorciarse: señala que desde que lo hizo nunca se ha llevado mejor con la que fuera su esposa, que nunca ha sido mejor padre en su vida y que no se arrepintió jamás de haberse divorciado. Entre risas incluso recomienda a los solteros de su audiencia casarse para poder llegar a ese cénit, el divorcio, que se hace, dice, más fuerte cada día. “Nadie lucha contra su divorcio, nadie dice que su divorcio se está haciendo pedazos”, señala y con esas líneas devela un misterio inexpugnable: el divorcio es la única fase definitiva de la historia de un matrimonio.
Siguiendo a Louis, así como todos los amantes creen que están inventando algo cada vez que se enamoran, todos los divorciados creen que están rompiendo algo cada vez que llegan a un juzgado. Nada menos cierto y nada menos original que un divorcio en 2019. Pero a juzgar por la insistencia de Baumbach en el asunto, pareciera que algún trauma infantil se le cuela en sus películas, ya que ¡voila! sus padres se han divorciado durante su adolescencia. Con Marriage Story parece seguir intentando entenderlos, casi treinta años más tarde, con su Brooklyn natal de fondo y todo. A Freud (y a Netflix) le gusta esto.

Fourteen: Con el amor nunca alcanza (2)

Para Orphanik

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Todos tenemos o hemos tenido a ese amigo o amiga que siempre está peor que nosotros, que siempre tiene más problemas que nosotros, que siempre parece necesitarnos sin mediar excusa verosímil u hora de la madrugada. Todos tenemos o hemos tenido esas relaciones extra familiares donde pareciera que el amor es la excusa para el abuso o que el mero hecho de haber sido amigos “tanto tiempo” sirviera para sostener cualquier tipo de daño o agresión porque  “ya somos como de la familia”. Con los amigos, esas “familias elegidas” que vienen a reemplazar muchos vínculos tradicionales (hermanos, padres) todo está permitido, incluso lo impensado. Pero a veces, a veces no alcanza.
En estas aguas entre la dependencia emocional y la incapacidad de la ayuda al otro navega Fourteen, la sexta película de Dan Salitt, que cuenta la historia de dos amigas de la adolescencia que, con el tiempo van distanciándose hasta lo imposible, incluso a pesar de los intentos de ambas de sostenerse en sus roles de víctima-muro de los lamentos a través de los años.
Según la sinopsis, la peli va de que la joven Jo se vuelve cada vez más disfuncional mientras su amiga Mara, de carácter más estable, desarrolla su vida mientras contempla el inexorable proceso. Y ahí el quid de la cuestión, en el que Salitt deja un mensaje más bien pesimista y oscuro, aunque la película parezca más un canto a la amistad incluso al punto de llegar al síndrome de Estocolmo más rancio: el proceso de deterioro de Jo es inexorable porque no depende ni de Mara ni de nadie, por más cariño que exista entre ellas. Y es que en definitiva, el amor nunca alcanza, el amor no va a ayudar a la enferma psiquiátrica porque lo que la enferma psiquiátrica necesita es otra cosa, que nunca se termina de entender bien qué es, etc. etc. En palabras de Almódovar en Dolor y Gloria: “El amor no basta para salvar a la persona que amas”.
Por dudoso que parezca que Salitt haya copypasteado esta idea del director español, la noción de la futilidad del amor en términos de enfermedades psiquiátricas (en caso de Dolor y Gloria es la adicción a la heroína y en caso de Fourteen la depresión clínica) sobrevuela todo el film, haciendo estallar en pedazos cualquier expectativa de happy ending al final, con el suicidio de la depresiva y el llanto de la no depresiva sobre su cadáver. Vista desde ese momentum dramático, se percibe en toda la película un tufillo en resignación nihilista y a la vez una necesidad imperiosa de que alguien ponga negro sobre blanco en la relación tóxica que une a estas dos antes de que ese final se vuelva absolutamente inevitable.
Con una estética naturalista y cercana al mumblecore americano, donde los diálogos son todo y más aún los silencios entre las protagonistas parecen responder a los sobre entendidos que se construyen con los años, Salitt redondea una película perturbadora, siguiendo la saga de The Unspeakable Act (2012) en la que se adentra en el melodrama del incesto. En este caso el melodrama viene no solo de la muerte de una de las protagonistas sino de la incapacidad de ambas de quererse sin construir un tándem victima/victimario en el que se basa su relación.
Con todo, Fourteen recuerda por momentos a Boyhood (Linklater, 2014) en su narrar el inexpugnable paso del tiempo de manera muy natural pero por más realismo que exude hace extrañar filmes en los que la amistad tome un tono más épico o menos derrotista, incluso con la muerte de una de las protagonistas al final. Sin llegar al tópico de Thelma y Louise (Scott, 1991), muchas películas en el camino logran retratar ese vínculo con menos abuso y más compañerismo.

Fin de siglo: Con el amor nunca alcanza (1)

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Ganadora del último Festival de Cine Independiente de Buenos Aires, la opera prima del diseñador Lucio Castro, argentino residente en Nueva York, abrió el Festival de Cine LGBTI+ de Madrid este año.  Cuenta la historia de dos hombres que se conocen a través de una app de citas en Barcelona pero que en realidad ya se habían conocido 20 años antes en la misma ciudad.
Admirador de Rohmer y consiente de que su película le es heredera, Castro comentó en una entrevista que lo que intentó fue retratar “Cómo se vive el amor a los 20 años y cómo cambia eso a los 40”, explicando tras su propia experiencia en el tema que ambas subjetividades son disímiles y pueden incluso eclosionar en su comparación. Con este objetivo Castro pone a sus personajes en tres situaciones diferentes: cuando se conocen circa 1999, cuando se reencuentran luego a través de la app y cuando finalmente han formado una familia juntos, pero lo hace de una manera que impide al espectador saber a ciencia cierta cuál es el verdadero encuentro y cuál la fantasía de los personajes.  
Aunque en la forma Fin de siglo recurre a elipsis y saltos en el tiempo que podrían invocar a Memento (Nolan, 2001) o El efecto mariposa (Bress y Gruber, 2001) la trama mantiene un continuum que recuerda a la famosa trilogía Before de Richard Linklater, solo que no deja claro nunca cuál de las tres realidades paralelas con las que juega es realmente la existente.  
Y he ahí el acierto de la película: jugar a dos bandas entre lo que realmente existe y lo que podría ser sueño, imaginación o fantasía. Para eso Castro recurre a dos estrategias simultáneas: por un lado se escapa de la estructura de flashback tradicional al no caracterizar distinto a sus personajes con 20 años más o menos y por otro lado lleva la historia a un fastforward inesperado, en la que la naturalidad se mezcla con la abulia de una pareja tras 20 años juntos. ¿Qué es verdad? ¿Qué está realmente sucediendo? Imposible descifrarlo.
Sin embargo, hurgando un poco más entre el qué y el cómo se expresan estas ideas en la película vemos que Castro logra que la historia de sus personajes siga hacia adelante mientras juega con esa sensación que generalmente aborda a los amantes en su primer encuentro romántico de “conocerse de otra vida”. La frase es dicha exactamente así por Ocho, interpretado por Juan Barberini (“Siento que te conozco de antes”) y deja al descubierto el engaño: lo que pensábamos que era una crónica del amor líquido tecno-posmoderno  pasa a ser un manifiesto del amor más conservador (que reproduce sin asco el “Ment-to-be” más hollywoodense de todos). Para colmo, los personajes terminan casados con hijos, siendo felices y comiendo perdices. ¿Qué más se puede pedir de una historia romántica? Spoiler alert: Nada más, gracias.
Arriesgada tanto en relación a las escenas de sexo explícito como en el abordaje formal que usa para contar, Fin de siglo se ganó el mote de “la película gay del año” según Indiewire, lo que conspira para que sea abordada como una expresión del paso del tiempo en las relaciones, mucho, mucho más allá de la orientación sexual de quienes las componen. Sin embargo, ver a dos hombres en pantalla sosteniendo un vínculo de más de 20 años también puede servir para romper algunas normas preestablecidas de lo que se supone que son las relaciones homosexuales en el siglo XXI, atravesadas de prejuicios y generalizaciones, casi siempre errados.

lunes, 2 de diciembre de 2019

La odisea de los giles: La ética pobre y la épica tercermundista

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“La última de Darín” es una película sobre gente pobre del 3er mundo que se autodefine ya desde el título como “gil” (RAE: simple, incauta) pero que esconde algunas moralejas no tan simples, que podrían coger desprevenidos a unos cuantos que creen que están viendo una comedia a lo “Atraco” tradicional con ribetes de cultura rioplatense.
Basada en la novela La noche de la usina de Eduardo Sacheri -historiador argentino y ya consagrado escritor- guionista con El secreto de sus ojos (Campanella, 2009)-, ganadora del Premio Alfaguara en 2016, La Odisea está dirigida por Sebastián Borensztein, que se llevó el Goya en 2011 por Un Cuento Chino (también con Darín) y que dirigió y escribió la genialísima La suerte está echada (2005). Tiene un elenco estelar (más de un Darín ya es vicio) y una co producción argentino española que se ve en todos los cuidadísimos aspectos técnicos.
El plot gira en torno a un grupo de campesinos que es estafado por un banquero inescrupuloso cuando intenta tomar un préstamo para poner en pie una vieja empresa de aprovisionamiento de granos como una cooperativa. La crisis del “corralito” argentino del 2001 –en la que el guionista de Years and Years bien podrían haberse inspirado para mostrar el quiebre de bancos en su aclamada distopía- sirve entonces de telón de fondo para una lucha subterránea entre el bien y el mal. Los pobres: buenos y giles. Los bancos: malos e inescrupulosos.
Lo que sigue es la elaboración y puesta punto de un plan para vengarse del malísimo Tío Sam y robar lo robado a través de estratagemas que recuerdan a Logan Lucky (Soderbergh, 2017) o Granujas de medio pelo (Allen, 2000) con acento boludo y mucha de la picardía argentina que lleva impresa la marca Sacheri hasta la médula y retoman en Luis Brandoni y Los Darines (padre e hijo) las formas perfectas para los fondos clásicos del “heist” tradicional: los ladrones son siempre más queribles que los policías (o los banqueros).
Pero cuidado, que uno de los Darines lo dice con pelos y señales cuando se pone en evidencia: “Nosotros no somos chorros –ladrones- ese dinero nos pertenece”. He aquí el tono épico de la miseria, del robinhoodismo más galopante del costumbrismo del subdesarrollo, he aquí la epítome de la justicia de los de abajo contra los de arriba. He aquí, señoras y señores, una aburridísima moraleja.
Con ambientaciones muy logradas desde el vestuario y la música de la época, la película se corona con un tufillo costumbrista digno del mejor Campanellismo porn explicit level con sobremusicalizadas escenas de explosiones, persecuciones, abrazos bajo la lluvia y un claro final modo “el bien siempre triunfa” que nos deja satisfechos y bien sentados en las butacas. Y comieron perdices porque cuestan menos que un pollo, faltaría decir, pero no abusemos.

El Irlandés: Machirulismo explícito en streaming

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No se puede decir nada de una película de Scorsese. Si dices que es buena todos te dirán que chocolate por la noticia y si dices que es mala te dirán que cuántas películas has hecho tú para poder decir algo de Scorsese. Además, este año salió Joker (Phillips, 2019), que le roba todo a Scorsese, que es una redundancia de Scorsese, es una gangbang de scorsesismo, el punto más alto del scorsesisimo desenfrenado, vamos, la hostia. Y es la película del año. Joker, no El Irlandés. Porque El Irlandés más bien parecen 3 o 4 películas, ya no desde la monótona y repetitiva trama sino desde la duración que, huelga decir, conspira para considerarla una mini serie mal estructurada o una serie de 6 capítulos acortada en los extremos.
Con todo, cuando parece que nada podría decirse de Martin que no se haya dicho ya,  se leen copiosos análisis de El Irlandés en los que se destaca su destreza técnica (pero tío, es Martin Scorsese, qué esperabas), las magistrales actuaciones (esos actores están dirigidos por Martin Scorsese, joder, lo que faltaría es que lo hagan mal) y la construcción de un universo único e irrepetible (pero si dirige Martin Scorsese, coño, todo tengo que explicarte).
Lo curioso de la experiencia de ver en Netflix (amo y señor de las series) al que es considerado uno de los mejores directores de cine del siglo XX, es que muchos de los temas que aborda en su filme ya han sido retratados (mejor y de manera más entretenida) por otros productos televisivos (no producidos por Netflix). A saber:
  • Los mafiosos son tipos normales que tienen familia y sentimientos. Sí. Correcto. Durante seis temporadas Tony Soprano supo hacernos entender que la gente que mata gente también quiere gente a la que no mata. Siguiente pregunta.
  • Las décadas del 50/60/70 fueron convulsionadas en Estados Unidos. De acuerdo, bien se encarga Mad Men de señalarlo con mucha más elegancia y ¡OH NO! ¡personajes femeninos con cosas para decir! ¡Vaderetro!
  • Los sindicatos son un nido de víboras del que no sale vivo nadie. Quién lo hubiera dicho. Ya David Simon logró desentrañarlo en la segunda temporada de The Wire.
Solo Martin Scorsese puede permitirse el lujo de poner un par de señores a discutir sobre movidas de señores que matan señores en 2019 y encima distribuirlo world wide con la plataforma más nociva para el consumo de cultura de la última década.
Solo Martin Scorsese puede desperdiciar a Ana Paquin y hacerla parecer una mujer florero.
Solo Martin Scorsese puede olvidarse de que es Martin Scorsese y hacer una película tan Martin Scorsese que no parezca un copycat de sí mismo.
En fin.
Siempre dudé si Al Pacino y Rober de Niro no eran la misma persona. Spoiler alert: Sigo sin descifrarlo.

The Farewell: En China las cosas son así y punto

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Resultado de imagen de the farewell¿Cuántas películas chinas has visto en tu vida? Pues bien, aquí tienes una película todo lo china que puede ser una película china. Esta es la película china total. Te muestra todos los aspectos de la cultura china que puedes aguantar, y aún más, y más, y un poco más también, por si te quedas con ganas.
Cuenta la historia de una señora mayor china que se va a morir pronto. Entonces toda la familia (que no vive en China) va a verla, pero no le dice nada a la señora sobre su enfermedad e inminente muerte. En el medio hay una boda de mentira, para que la abuela crea que toda esa gente no está asistiendo a su funeral adelantado sino al conclave del matrimonio de su nieto. Y muchas cosas chinas. Lo importante es que todo sea lo más chino que puedas entender. ¿Entiendes?
Mientras tanto se suceden los traumas típicos de los exiliados: el desarraigo, la nostalgia, el ser y no ser, el estar y no estar, pero siempre superficialmente. Al mismo tiempo la única nieta de la agonizante abuela parece que va a dejar de fingir a cada momento, pero se contiene. No puede sentir demasiado nada porque eso no sería demasiado chino. No sería verdaderamente chino, eso de sentir, o sentir mucho, o sentir de verdad.
Porque en definitiva, esta peli va de “La Verdad” con mayúsculas y en negrita. Frente a la exigencia de la occidentalizada nieta que pide a gritos que le digan la verdad a su abuela, la familia se impone: “En China no decimos la verdad -le corrige su tío- la familia se encarga de cuidar a sus miembros de la verdad, haz vivido en Occidente demasiado tiempo”. Si consideramos que China es el único país del mundo con pena capital que no informa a la ONU sobre la cantidad de ejecutados por el Estado en su territorio, todo cierra.
Por su parte, Lulu Wang, la directora y guionista, que ha nacido en Beijing pero ahora vive en Hollywood, también parece temerle a la verdad verdadera: ha confesado que las historias de la película son parte de su propia tradición familiar pero que quiso amenizarla con algunos giros cómicos. Ya lo dijo Paco Umbral: lo que no es autobiográfico es plagio.
A medio caballo entre El club de la buena estrella (Wayne Wang, 1993), Memorias de Antonia (Marleen Gorris, 1995) o Las invasiones bárbaras (Denys Arcand, 2003), la película navega entre la extravagancia de mostrar “Esto es China” y no llega nunca a profundizar en las relaciones entre los miembros de la familia. Peca de documentalista y un pelin for export ya que redunda en explicaciones sobre las costumbres que alejan al espectador de la dinámica real –emotiva- de aquellos que las llevan adelante.
Con imágenes hermosas, plagadas de lugares comunes chinos que podrían sonar insistentes pero a la postre son lo que un occidental espera ver del cine asiático (hojitas en el viento, cielos celestes, un pajarito inocente) The Farewell parece contener un agujero de gusano extraño en sí misma: ¿No seremos demasiado occidentales para saber apreciarla?