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martes, 1 de septiembre de 2026

Galia Moldavsky: “En internet la cancha está inclinada a favor de los varones”

 Para Revista VayainaMag

Casi muerto el 2026, y tras varios años de vigencia, pareciera que el fenómeno de los streams es otra excepcionalidad nacional. Los canales locales de YouTube con programación estable no sólo triplican en número a los de cualquier otro sistema mediático en el resto del mundo, sino que también ya se estudian en carreras de comunicación. Si este boom es una moda, una tendencia o el origen de una tradición, el tiempo lo dirá. No sería la primera vez que Argentina es pionera en materia de medios: pasó con los locos de la azotea y la radio, así que podría volver a pasar.

Mientras tanto, y como siempre, la presencia femenina en esos espacios es, si no acotada, por lo menos modesta, y el rol de las comunicadoras queda casi invariablemente relegado al de la comentarista del señor sesudo que dice cosas sesudas o, en el peor de los casos, al señor poco sesudo que cuenta hazañas sexuales para que la comentarista se las festeje. Oh, same old same.

Pero entre like al vivo y like al vivo, aparecen algunas luces, destellos, pistas. Streamers jóvenes, arriesgadas y creativas que se posicionan sin prisa pero sin pausa en el firmamento de eso que hemos dado en nombrar como la «mediósfera» vernácula. En esta serie de entrevistas, a la que llamamos «Las minas del stream», nos proponemos conocer a algunas de ellas. Hoy: Galia Moldavsky, que regresa con el programa Pensamientos intrusivos, esta vez en País de Boludos.

¿Cómo empezaste a trabajar en medios?

A los 20 años entré como redactora a Política Argentina, un portal de noticias donde con algunos compañeros decidimos producir un programa propio para una radio online, lo que me llevó a la extinta Radio Blue, que en ese momento compartía edificio con Radio Metro. Esa fue la puerta de entrada para arrancar como productora en el programa Metro y Medio, que conducía Sebastián Wainraich.

¿Y cuál fue tu derrotero en el mundo de la radio a partir de ahí?

En Metro produje varios programas pero también fui movilera, columnista y coordinadora de aire, lo que me permitió entrar a Radio con Vos al mismo tiempo que trabajaba como guionista de podcasts para Posta. En 2020 tuve un ciclo semanal propio en Futurock llamado “1990” y para 2022, me incorporé como coconductora a Mejor País del Mundo, junto a Diego Iglesias.

Entonces tu carrera como streamer es relativamente reciente.

Comparado con lo mucho que trabajé en radio sí, porque recién en 2023 empecé con una participación semanal en Gelatina en un programa llamado “Te aviso, te anuncio” . Y ese mismo año entré a Blender, primero como coconductora de Escucho Ofertas (conducido por Guillermo Aquino) y un año después como directora artística hasta octubre de 2025, que decidí dejar ese canal.

Pero desde que no formás parte de Blender seguís en el mundo stream produciendo contenidos nuevos desde tu propio canal.  

Sí, porque cuando me desvinculé de ese espacio retomé mi canal personal en YouTube con algunas entrevistas y este año fundé con un socio Origen Haus, una agencia de producción de formatos audiovisuales y estrategia digital.

¿Qué creés que aporta el stream a tu desarrollo profesional que no lo hace la radio?

En lo personal, encontré en ese medio un tono para hablar que es más afín a cómo me gusta comunicar. Siempre sentí que la radio me pedía ser más cuidadosa con lo que decía y mi sensación era que podía ser mejor comunicadora si era “más yo misma” y menos estructurada.

¿Y qué le aportas vos y tu mirada al panorama de stream nacional?

Decir que aporté algo específico quizás sea un poco mucho, pero sí intenté incorporar a todos los proyectos en los canales que integré mi experiencia en la radio, que es la mejor escuela del mundo. Sobre todo para poder pensar segmentos, secciones, temas, maneras de contar, programas que sean una buena compañía, y fundamentalmente incorporar figuras que me parecían talentosas del universo radial al audiovisual.

¿Es por esa impronta que funciona tan bien «Amigas prestadas»?

Puede ser, porque la idea nace en una radio en 2021, cuando nos convocaron con Jesicall para CongoFM (extinta radio online y productora de podcasts propiedad de Clemente Cancela y otros periodistas) y creamos esa sección en la que dos chicas comentan consultas de oyentes. Así que desde entonces con ella tenemos una química que ya está mega testeada y sabemos que la pasamos genuinamente bien trabajando juntas. Aunque en realidad creo que el ciclo actual funciona bien porque el chisme es un deporte nacional y apunta a un público específico, un nicho. No es generalista y no lo quiere ser.

¿Por qué pensás que en Argentina se da el fenómeno de canales con programación que no se da en ningún otro lugar del mundo?

Porque acá está muy instalado el formato “cuatro personas hablando de un tema” de una manera que no existe en el resto del mundo, donde los formatos más populares son uno o dos conductores o un conductor y un entrevistado. En Argentina heredamos la tradición de la compañía constante de la radio, que es parte de nuestra idiosincrasia, entonces las personas que empezaron en stream venían de consumir o de formar parte de esa escuela y trasladaron esa visión a YouTube.

¿Pero por qué en un panorama con tanta oferta hay tan pocas mujeres haciendo stream

Con la llegada del stream el escenario de medios en el país, desde el punto de vista feminista, no sólo no mejoró sino que empeoró. Porque el stream funciona en plataformas de internet, que son un terreno en el que los varones tienen mucha más presencia como comunicadores pero también como usuarios. Antes, en la radio o la televisión, tenías más periodistas o conductores hombres, pero el público estaba dividido entre hombres y mujeres.

¿O sea que internet es machista?

No es mi percepción, sino que el diagnóstico parte de que, según los datos que pude analizar, los hombres consumen YouTube de manera más asidua que las mujeres. Lo que no significa que no haya fenómenos web producidos o consumidos por mujeres pero, desde el vamos, en internet la cancha está inclinada a favor de los varones.

Formaste parte de la plantilla y dirección de Blender, ¿qué pasó ahí? ¿Es un caso más del típico «dueño de medios garca que actúa como dueño de medios garca» o hay en este nuevo medio un nuevo espécimen de «dueño garca»? 

No sabría decir si existe ahí o en otros canales un espécimen de “nuevo dueño garca”, sino que lo que viví en Blender fue una primera fase donde nos dejaron armar una identidad que creíamos que era original y propia. Pero, en determinado momento, vimos que querían ser un medio más comercial, orientado al entretenimiento; aunque sinceramente nunca terminé de entender bien cuál era la búsqueda de sus propietarios.

¿Cómo viviste lo que sucedió en ese canal hace unos meses a partir del despido masivo de trabajadores por un reclamo salarial y la renuncia de Fiorella Sargenti al aire?

Si bien yo me fui de Blender en octubre de 2025 y no lo viví desde adentro del espacio, sí creo que hubo un claro vaciamiento del medio que arrancó con los despidos a los miembros de la producción del equipo de Tomás Rebord, despidos que fueron hechos con una crueldad absoluta y una arbitrariedad que no veía hace mucho. Lo considero un golpe directo a Tomás, pero que no terminó ahí porque desde entonces siguieron los despidos y siguen al día de la fecha.

¿O sea que sí ves algo nuevo en esa maniobra que en otras de la patronal mediática?

Es un horror porque si bien no es la primera vez que veo un medio morir, quizás sea la primera que lo veo con estas características tan violentas. 

¿Qué proyectos tenés a futuro?

Estoy trabajando para que mi agencia crezca y la gente valore el trabajo que hacemos con mi socio, con el que brindamos asesoramiento para quienes quieren hacer productos audiovisuales, pero no saben ni por qué lo están haciendo, ni para qué público. Nosotros nos encargamos de encontrar el tono, la identidad, la audiencia y la estrategia para que el contenido que se produzca tenga un sentido en este mercado tan saturado. 

¿Con qué sueña Galia Moldavsky?

Con poder seguir trabajando de lo que amo, que es comunicar, sea al aire o produciendo, porque es mi vocación y es lo que sé hacer. Ojalá pueda seguir viviendo de eso.

lunes, 2 de diciembre de 2019

El Irlandés: Machirulismo explícito en streaming

Para Orphanik
 





Resultado de imagen de el irlandés


No se puede decir nada de una película de Scorsese. Si dices que es buena todos te dirán que chocolate por la noticia y si dices que es mala te dirán que cuántas películas has hecho tú para poder decir algo de Scorsese. Además, este año salió Joker (Phillips, 2019), que le roba todo a Scorsese, que es una redundancia de Scorsese, es una gangbang de scorsesismo, el punto más alto del scorsesisimo desenfrenado, vamos, la hostia. Y es la película del año. Joker, no El Irlandés. Porque El Irlandés más bien parecen 3 o 4 películas, ya no desde la monótona y repetitiva trama sino desde la duración que, huelga decir, conspira para considerarla una mini serie mal estructurada o una serie de 6 capítulos acortada en los extremos.
Con todo, cuando parece que nada podría decirse de Martin que no se haya dicho ya,  se leen copiosos análisis de El Irlandés en los que se destaca su destreza técnica (pero tío, es Martin Scorsese, qué esperabas), las magistrales actuaciones (esos actores están dirigidos por Martin Scorsese, joder, lo que faltaría es que lo hagan mal) y la construcción de un universo único e irrepetible (pero si dirige Martin Scorsese, coño, todo tengo que explicarte).
Lo curioso de la experiencia de ver en Netflix (amo y señor de las series) al que es considerado uno de los mejores directores de cine del siglo XX, es que muchos de los temas que aborda en su filme ya han sido retratados (mejor y de manera más entretenida) por otros productos televisivos (no producidos por Netflix). A saber:
  • Los mafiosos son tipos normales que tienen familia y sentimientos. Sí. Correcto. Durante seis temporadas Tony Soprano supo hacernos entender que la gente que mata gente también quiere gente a la que no mata. Siguiente pregunta.
  • Las décadas del 50/60/70 fueron convulsionadas en Estados Unidos. De acuerdo, bien se encarga Mad Men de señalarlo con mucha más elegancia y ¡OH NO! ¡personajes femeninos con cosas para decir! ¡Vaderetro!
  • Los sindicatos son un nido de víboras del que no sale vivo nadie. Quién lo hubiera dicho. Ya David Simon logró desentrañarlo en la segunda temporada de The Wire.
Solo Martin Scorsese puede permitirse el lujo de poner un par de señores a discutir sobre movidas de señores que matan señores en 2019 y encima distribuirlo world wide con la plataforma más nociva para el consumo de cultura de la última década.
Solo Martin Scorsese puede desperdiciar a Ana Paquin y hacerla parecer una mujer florero.
Solo Martin Scorsese puede olvidarse de que es Martin Scorsese y hacer una película tan Martin Scorsese que no parezca un copycat de sí mismo.
En fin.
Siempre dudé si Al Pacino y Rober de Niro no eran la misma persona. Spoiler alert: Sigo sin descifrarlo.

domingo, 5 de agosto de 2018

Si toda serie es política: ¿Qué es Netflix?


“Si ves Fox News vives en un planeta diferente y no me vas a votar nunca”, le explicó Barack Obama hace unos meses a David Letterman en un show original de Netflix. Semanas atrás, el ex presidente declaró también que está en conversaciones para producir con Netflix una serie propia. Según sus voceros, Obama no quiere responder de forma directa a las políticas conservadoras de Trump sino que produciría ficciones que cuenten historias inspiradoras. El ex presidente sabe que la imaginación es un arma poderosa para llegar a  los votantes del siglo XXI  y  que una de las principales herramientas del márketing político posmoderno es generar emoción a través de productos culturales aparentemente despolitizados.
 
Queda entonces claro que hay que pensar un poco más seriamente en Netflix, porque ya no se trata de un simple portal de series. Este año anunció que planea invertir en producciones propias más que ningún otro estudio de Hollywood y contrató a Shonda Rimes (Grey’s Anatomy) y Ryan Murphy (Glee). También recibió su primer Oscar. Esto lo consolida en la escena del entretenimiento mundial pero, a diferencia de cualquier otra productora, utiliza algoritmos y robots de aprendizaje para crear ficción que distribuye a todos los países del mundo (salvo China), con una audiencia de 117 millones de personas. Si asumimos que ningún discurso es inocente y mucho menos el de la ficción: ¿Qué es Netflix?
“Somos la pareja más atenta que podrías tener, analizamos todo lo que te gusta, prestamos atención a lo que miras, a qué hora lo haces y en qué dispositivos, te observamos todo el tiempo”. Así define Todd Yellin, el principal creativo de Netflix, la forma en la que construye la narrativa de ficción en la era de la pos verdad. Ahora: ¿Es políticamente inocente el contenido que crea y difunde Netflix o responde a intereses específicos? ¿Cambia nuestra concepción de la realidad y nuestra reacción política frente a ella las series y películas que vemos? ¿Es Netflix la nueva herramienta del viejo imperialismo cultural norteamericano?
 
El primer algoritmo de la ficción: una serie sobre política
Movistar +, HBO, Hulu, Filmin: portales de Video On Demand hay muchos. Pero la diferencia es que Netflix utiliza la información de su audiencia para producir nuevas series. Sabe qué quieren sus suscriptores y tiene el control de qué es lo más visto, por lo que cuenta con una cantidad de datos jamás pensado para la televisión tradicional. Así nació House of cards, con una estrategia clara: unir al director más visto del portal (David Fincher) y uno de los actores más populares del sitio (Kevin Spacey) bajo guiones de un ex funcionario de Tatcher. El experimento terminó en una profecía autocumplida y House of cards se conviritó en un suceso internacional al mismo tiempo que cambió las reglas del juego para siempre en términos de contenidos televisivos: inauguró el formato “maratón” (binge watching) al ser lanzada al entera en su primer temporada.
 
Sin embargo, la estrategia de Netflix de producir contenido original fue una movida financiera, ya que las productoras encarecieron los aranceles y Netflix decidió apostar a su propia usina de ideas para ahorrar en derechos de autor. Pero lo que comenzó como un cruce de datos sencillo (director + actor) es hoy un complejo entramado de conceptos, prejuicios y etiquetas que circunscriben el mundo de la ficción a ciertos estándares preestablecidos por conductas previas. Esto genera una burbuja en el contenido que no solo atraviesa Netflix: la tendencia en todos los gigantes digitales a la hiper personalización no es más que un achicamiento del mundo tal como lo conocemos que  genera reafirmación sobre nuestras creencias una visión cómoda de la realidad. Pero ¿Cuáles son esas etiquetas y esos preconceptos? Todd Yellin lo explicó en un seminario:  Personalización es crear una historia de amor entre el contenido y los consumidores. Tenemos que entender todo de las películas y etiquetarlo: cuánta violencia, cuánto sexo, están fumando, están bebiendo. Después analizamos al usuario, dónde ve las series, cuanto tiempo, en qué momento del día. Luego pensamos cómo mezclar eso y listo”.

 El algoritmo mejorado y la comunidad mundial de nicho: el caso Stranger Things 
En 2006 Netflix lanzó un concurso de un millón de dólares en premios para mejorar su algoritmo de recomendación. Mientras que ese momento la valoración de las películas era la primera instancia para decidir qué mostrarle a los usuarios, se llegó a la conclusión que una cosa es lo que la gente dice y otra lo que hace. Es a través de la información de los hábitos cómo Netflix logra entender a los espectadores, a sabiendas de que si les pidieran opinión no serían tan honestos. En palabras de Yellin se lee claramente la diferencia: “Preguntábamos: ¿Cuánto puntaje le vas a dar a un documental sobe la revolución en Egipto? Si le das 5 estrellas te vamos a mostrar más de eso; pero hay un problema con ese sistema  y es que lo que los espectadores te dicen es distinto a lo que hacen. Entonces desarrollamos “la data del comportamiento ” y la “data implícita”: ¿qué miran? ¿cuánto miran? ¿qué dispositivos utilizan? Eso es mucho más poderoso”.
 
Con este minucioso control de la actividad de los usuarios Netflix logra una audiencia cautiva muy heterogénea que define como “comunidades de nicho”. Los estándares de gusto se imponen a nivel mundial con criterios superadores a los prejuicios de edad, género o nacionalidad. Yellin lo explica así: “Uno podría pensar que un chico de 17 años y una señora de 60 no tienen nada que ver entre sí. Muéstrale a la señora de 60 un montón de cosas de Meryl Streep y al chico de 17 superhéroes de Marvel. Estarías equivocado. Hay 3 razones por las cuales una persona mira algo: 1) “Quiero escapar, quiero meterme en mi sillón” 2) “Quiero ampliar mis horizontes“ o 3) ´Social currency´ : quiero ver algo porque todo el mundo está hablando de eso y quiero ser parte de esa conversación”. De esta tercera categoría se desprende el concepto de “serie fenómeno”, lo que no es una casualidad que suceda sino que está buscado por la empresa y tampoco tiene que ver con la calidad de la serie, sino con reforzar el sentimiento de pertenencia a una comunidad. O lo que en política se llama “marcar agenda”. El caso más emblemático es Stranger Things, una historia que se pensó para una tribu urbana fanática de todo lo vinculado a los años ochenta, E.T. y otras películas de Spielberg y fue un éxito mundial sin precedentes. La nostalgia, siempre presente como factor de pertenencia (engagement), marca agenda, genera comunidad de nicho y hace crecer la marca, la cantidad de suscriptores y los dividendos. Una verdadera historia de amor capitalista.  

Lo nuevo, lo viejo, lo mismo de siempre: ¿Puede Netflix cambiar el mundo? 
Nada de lo que hace Netflix es casualidad. Sus producciones se piensan sobre la base de lo que ven sus usuarios y su objetivo es seguir manteniéndolos online. Para eso achican el universo de lo posible para acercar a la gente a un lugar cómodo. Crean un hogar sobre la base de lo familiar.  ¿Les gustan los dramas de aventuras? “Marco Polo” ¿Amaron las historias de drogas como “Breaking Bad”? “Narcos”. Esto se logra a través de una empresa de monitoreo llamada Piedmont Media Research, que estudia los productos de ficción y “predice” si serán exitosos o no. El algoritmo que utiliza su método de medición es el Consumer Engagement, que tiene un porcentaje de acierto del 86% sobre la base de consumos previos. Mucho malo conocido y muy poco nuevo por conocer. Mucho status quo y muy poco movimiento hacia lo inimaginable. Además, en sus estrategias publicitarias, Netflix supone prejuicios estandarizados sobre las culturas a las que quiere conquistar, como muestra esta campaña realizada por Ogilvy cuando desembarcó en Francia.
 
Conclusión: el principal distribuidor de contenido audiovisual norteamericano se está convirtiendo también en el principal productor de historias y así de subjetividades, desafiando a Hollywood, Disney, Cannes y todo lo que creíamos mainstream y obsoleto. Pero paradójicamente, la revolución del streaming no deja de ser una caja de resonancia conservadora, que reproduce para su beneficio aquellas creaciones que ya han sido exitosas y que forman parte del sentido común. Si fuera un partido político, Netflix no propiciaría ninguna transformación social. Mientras la ficción debería proponernos mundos nuevos, creaciones insospechadas y molestas, que pongan en duda todo lo que pensábamos y nos hagan crecer, Netflix apuesta a lo seguro. Más que certezas, quedan  preguntas: ¿Qué implica que un solo productor monopolice la ficción a nivel global? ¿Es Netflix una nueva arma norteamericana de destrucción masiva e imperialismo de la subjetividad como fue Hollywood? Todavía no lo sabemos. Por las dudas, veamos el próximo capítulo.

martes, 1 de mayo de 2018

Netflix: ¿Un portal de series o un medio de comunicación?


Para Cámara Cívica

En su último libro “La política del siglo XXI. Arte, mito o ciencia” el asesor y gurú de las campañas electorales Jaime Durán Barba explica que una de las herramientas fundamentales del marketing político contemporáneo tiene que ver con la importancia no solamente de la imagen del candidato sino de las implicancias no visuales de los electores frente a él. Lo que no se ve, explica el investigador y exitoso constructor de éxitos electorales como Mauricio Macri en Argentina, es aún más potente que lo que se ve. Lo que los electores logran imaginar y sienten sobre una situación política genera más compromiso e identificación que lo que efectivamente existe. Las sensaciones y emociones son más útiles para generar confianza que la verdad.
En esa línea de la construcción de sentidos comunes desde la imaginación podemos incluir la intención del ex presidente Barack Obama de producir contenido de ficción en Netflix, lo que nos hace también replantearnos no solamente qué es Netflix si no qué utilidad política puede llegar a tener una plataforma que controla datos de más de 115 millones de personas en el mundo y que influye en la agenda política a través de “fenómenos de masas” como son las series a nivel mundial.

The Handmaid’s tale vs Alias Grace: la audiencia social que marca la agenda política

Un estudio reciente sobre las implicancias políticas que tienen en las nuevas audiencias el streaming ha detectado que aquellos que ven televisión por internet son mucho más activos en relación a sus antecesores y al poder elegir qué ven, cuándo y dónde sin necesitar ninguna determinación espacio temporal, tienen un diseño interactivo del mundo en el que su acción modifica su entorno. Así, aún sujeto a las restricciones del algoritmo todopoderoso, un usuario de Netflix se siente más libre que sus padres frente a la pantalla y además es más propenso a interactuar en redes sociales y posiblemente a opinar a través de ellas en política. 
Un ejemplo notable de las líneas entre ficción y realidad que parecen unir al streaming con los fenómenos sociales ha sido que la serie original de Netflix “Alias Grace” apareciera matemáticamente detrás del éxito de la brillante y ya reseñada aquí “El cuento de la criada”, que interpela sobre un tema tan viralizado y viralizable como la defensa de los derechos de las mujeres.  La producción de Hulu basada en el libro de Margaret Atwood le arrebató a Netflix el primer Emmy por una serie de drama para un show online pero además le ganó la agenda de conversación, ya que resuena mucho más que “Alias Grace” en el contexto de la lucha feminista a nivel mundial en los últimos años, donde los fenómenos virtuales como  “Ni una menos” o “MeToo” explotan en redes sociales y exceden lo virtual hacia las calles. Lo mismo puede decirse de “El mecanismo”, la ficción de Netflix en la que se retratan episodios de corrupción en Brasil muy en sintonía con la agenda política de estos meses, atravesados por la injusta detención del ex presidente Lula Da Silva. Similar también es la idea de ficcionalizar el presunto asesinato del fiscal Nisman en Argentina. Un artículo aparte llevaría analizar las implicancias políticas de “Narcos” o “El Chapo”, donde se dibujan líneas argumentales plagadas de clichés y prejuicios sobre la sociedad latinoamericana y su vinculación con el narcotráfico. Repetimos: ningún discurso es inocente y menos si proviene del imperio de construcción de lo simbólico más grande de la historia, llámese Hollywood o Netflix.

El binge watching como nuevo género: la narrativa de la succión

La Casa de Papel, la producción española de AtresMedia tuvo audiencias mediocres aquí en 2017 pero se convirtió en un fenómeno internacional inesperado para sus propios creadores luego de que Netflix comenzara a distribuirla. Miles de fotos y memes se han compartido desde entonces en redes sociales producto del fanatismo de los nuevos espectadores, logrando la tan deseada “social currency”. Netflix modificó la serie original, cambió la cantidad de capítulos por temporada, su duración y además espació el lanzamiento de la primera y la segunda temporada para fomentar la conversación y el “fenómeno”. La serie tiene ahora un “formato Netflix”, en el que la tensión se concentra en el final de cada capítulo para empujarnos a ver otro más y favorecer así la dinámica del binge watching. Como lo explica el crítico James Poniewozik “Los programas para internet son algo más que televisión, se convirtieron en un género distinto, cuyas reglas y estética apenas comenzamos a entender”. Así, el teórico define la “TV succión”, donde el espectador se involucrará durante horas con el contenido. Mientras que la televisión semanal tiene éxito provocando intriga hasta la semana siguiente, la televisión por internet depende de lo que el especialista llama “succión narrativa”. Esto modifica la forma en la que se estructura la historia porque cambia los giros argumentales y los puntos de quiebre, así como el final y la apertura de cada capítulo. 13 razones, Mindhunter, Las chicas del cable y muchas otras series tienen el mismo formato porque están cortadas con la misma tijera succionadora. Así, ver una serie de streaming es más parecido a leer un libro porque uno decide dónde empieza o termina pero al mismo tiempo se parece a un videojuego que provoca "atracones" al estilo del CandyCrush. Como los juegos de inmersión, las series Netflix están dirigidas al usuario y buscan absorberlo durante horas. Y como si fuera un juego en red, todos van posteando en las redes sociales hasta dónde llegaron y cada episodio se convierte en un nuevo nivel a descifrar. “Más que con ninguna otra innovación reciente en la TV, los servicios en línea crean un género narrativo nuevo con elementos de televisión, cine y novela pero que a la vez se distingue de todos ellos porque involucra al usuario”, señala Poniewozik.




El medio es el mensaje: la política de la ficción no tiene que ser ficción sobre política

Nadie miraría cinco horas seguidas de noticias. Nadie se pasaría un fin de semana entero contemplando debates presidenciales. Y nadie duraría una noche en vela escuchando discursos electorales. Para eso están las series. Para eso está Netflix. Para eso está internet. La potencia del entretenimiento, en términos gramscianos, supone que el sentido común se reproduce de forma pasiva, sin entrar en contradicción o en entredicho con lo establecido. La narrativa, espejo de nuestra realidad, no supone un contraste directo entre lo que pensamos, decimos o sentimos, sino que pretende reflejarnos, emocionarnos, conmovernos.
Pero en el siglo XXI no hay nada más subversivo que las emociones, el amor, el compromiso. Aquello que te “atrapa”, te “engancha” o te “succiona” y te mantiene en tu casa por horas podría llamarse pareja o podría llamarse Netflix.  Dudosamente podría llamarse política. Sin embargo, mucho de lo que construye el gigante del streaming en esas horas succionadas de la realidad a la ficción sale de la pantalla a la calle, de lo no real a la realidad, de la mentira a la verdad. Como un medio de comunicación más, Netflix marca agenda, pero lo hace desde la subjetividad. No solo refleja la realidad sino que la construye, estudiando el focus group más grande del mundo y las encuestas involuntarias en las que participamos cuando monitorean nuestros hábitos de entretenimiento. Así Netflix construye una agenda política que está entre nosotros: derechos de las mujeres (Alias Grace), narcotráfico (Narcos, El Chapo, La reina del Sur), corrupción (El mecanismo), bullying estudiantil (13 razones porque), amor libre y poliamor (Me, you and her) y muchos de los titulares de los diarios están atravesados por la pantalla más grande de la historia de la humanidad. Nunca nadie tuvo tanta información sobre lo que nos gusta hacer cuando no hacemos nada y nunca nadie se animó a usarla de esta manera. El show ha comenzado y tú eres parte. Las recomendaciones para tí pueden ser una trampa. Cuidado.