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sábado, 12 de septiembre de 2026

Agustín J. Valle: “Afuera de internet no existís”

 Para Revista Panamá 

 Sobre Jamás tan cerca, Paidós, 2022

En tu libro hacés una historización de la actual situación conectiva diferente al resto de los analistas, que plantean un quiebre en 2007 cuando sale a la venta el primer Iphone, porque sostenés que el teléfono celular es sólo el último eslabón de una cadena de mediatizaciones más larga a la que nos vemos sometidos desde siempre. ¿A qué te referís con esa idea?

La historia entera está plegada en el presente porque los dispositivos conectivos ultramodernos y agotadores que padecemos hoy en realidad heredan y renuevan formas muy viejas de modulación subjetiva, en las que ya se producía la subordinación del cuerpo y lo terrenal a una presunta superioridad de lo abstracto, que es tan antigua como el hombre y está vinculada con lo teológico, aunque en la historia de las entidades inmateriales que gobiernan la materia, puede estar Dios pero un rol estrella lo ocupa el Capital, algo también abstracto empoderado sobre lo concreto.

¿O sea que la dinámica capitalista en sí misma sería una abstracción a la que ya nos acostumbramos mucho antes del régimen de 100% online que sufrimos hoy?

La mercancía asociada al Capital ya es un dispositivo de mediatización, si se la define por la primacía de su valor de cambio (precio) por sobre el de uso (valor) y se considera ese valor de cambio como medio para otras cosas por sobre el valor experiencial de la cosa en sí, y dado que un “precio” no existe en sí mismo ya es una mediatización, como la cantidad de visualizaciones o likes de una publicación de redes sociales.

¿Entonces por qué si desde el origen del capitalismo sufrimos la misma sujeción a lo abstracto ahora padecemos tanto malestar?

La evolución de las técnicas comunicacionales va profundizando esa mediatización hacia la situación actual: la televisión fue el primer artefacto emisor de luz directo a los ojos, los VHS trajeron la celularización del tiempo, los videojuegos la interactividad, el cable la pantalla en continuo sin fin y la radio una voz que llega desde el cielo, entonces el rayo reemplazó a Dios.

Aparece muchas veces en tu libro esa conexión entre la sujeción que nos produce el celular conectado 24/7 y Dios. ¿Por qué considerás tan importante destacarla?

Porque adhiero a la idea de León Rozitchner de que el cristianismo preparó históricamente a la humanidad para el capitalismo, ya que la subordinación del cuerpo al Espíritu allanó el camino para su sumisión al Número, entonces las analogías entre la situación conectiva permanente que padecemos hoy y la teología son muchas, ahora incluso aumentadas por el uso masivo de la Inteligencia Artificial, que supone ser una esfera ultraterrena, una entidad omnisciente e incorpórea que porta ese saber sobre la vida superior a lo que la terrenal vida sabe sobre sí.

Pero entonces Dios es la técnica, no sólo Internet.

Es que en el siglo XIX fueron contemporáneas la declaración de que “Dios ha muerto” y la masificación del uso de la electricidad como matriz técnica para la vida humana, o sea que podríamos decir que Dios murió electrocutado.

¿Y qué rol le adjudicás a la pandemia en ese proceso?

La conectividad como patrón existencial tiene una profundización evidente en la pandemia, ya que en ese período la humanidad toda sufrió una “templanza conectiva”, como se templa el hierro al que se lo somete a condiciones extremas para que luego permanezca en la forma adoptada, por lo que es claro que la eficacia inmediata y masiva de la orden de “quedate en casa” fue posible porque la subjetividad ya tendía a un liberalismo existencial, bajo el quemante ritmo previo de una actualidad permanente y sus nuevas formas de explotación laboral, junto con la luminosidad eterna y maravillosa de las pantallas como meca libidinal.

¿Por qué colaboraste con el documental de Ofelia Fernández “Cómo ser feliz?”

A Ofelia le había gustado el libro y acepté participar como coguionista ya que ella fue la primera referente política que planteó no solamente que el uso de los dispositivos conectivos tiene relación directa con la severa crisis de la salud mental y anímica que padece su generación (dificultades para dormir, ansiedad, crisis de pánico, uso de drogas) sino también con la llegada de Javier Milei al poder (que sin una estructura partidaria tradicional ganó por sus “virales” en la web) y además puso en evidencia el negocio de los capitalistas que monetizan la virtualización general de las relaciones sociales, porque un estado “quemado” de la multitud colabora en que el statu-quo de las relaciones de poder parezca intocable.

¿Creés que educar a la juventud con ese documental podría servir para frenar algo que pareciera irrefrenable como todo devenir del capitalismo?

No creo que la película busque educar, pero sí apunta a que se use en las escuelas y ha tenido mucho éxito, porque logra con su proyección abrir un terreno para pensar y generar situaciones des-mediatizantes o presentificantes como lo es cualquier conversación colectiva: personas intentando pensar algo juntas, nombrar lo que les pasa, mirarse, escucharse, buscar generar nuevas ideas desde los cuerpos presentes y dejar un rato de consumirlas en la inmediatez de la pantalla.

El libro hace muchas alusiones a los componentes físicos de la adicción al celular: la vista, el tacto, el olfato, todos los sentidos distorsionados por la conectividad. ¿Por qué te pareció tan importante en un libro sobre tecnología hablar del cuerpo?

Porque el funcionamiento concreto de los sentidos o “lo sensible” es fundamental en la constitución social de la realidad, por lo que hablar de tecnología sin hablar del cuerpo sería fetichizarla, y se la debe criticar sin tomarla como una entidad que impacta sobre un sujeto que tiene una existencia virginal y después padece el efecto de los aparatos.

¿O sea que hoy ya no hay humano sin máquina?

No, pero desde siempre la máquina organizó el cuerpo, incluyendo la psique, porque las tecnologías conllevan una forma de praxis humana, que no “afectan” o “añaden” algo a la base de una presunta esencia o base fija de lo humano, sino que lo constituyen radicalmente, aunque no sea lo mismo el gatillo de un arma que el facón como no es lo mismo googlear que preguntarle a la IA, ya que disponen sujeciones distintas.

En tu artículo “Pegarla como streamer” trabajás la necesidad de los jóvenes de experimentar de “una emoción real” para así poder salir de la anestesia dopamínica del online, pero esa emoción está asociada al dolor. ¿Es plausible pensar que esa moda entre varones es similar al fenómeno masivo de las mujeres que se cortan como viene denunciando Ofelia?

Sí, la pobreza de estadísticas fiables no logra silenciar el rumor a gritos de la época, que es una crisis general de salud mental y que conozco de cerca porque trabajo tanto en el mundo educativo como en hospitales, por lo que sé que los profesionales hace años que cuentan cosas estremecedoras sobre chicxs cada vez más jóvenes que se lesionan, se suicidan o lo intentan.

¿Por lo tanto ves una relación directa entre esta situación de aumento de la tasa de suicidios y lo que analizás en el libro?

Los informes muestran un aumento considerable de suicidios consumados e intentos y no hay que ser un esclarecido para apreciar que el drama viene de una presión muy alta en la que “el deber ser” en todas sus formas aparece en los dispositivos conectivos y las plataformas de manera constante, intersticial y ubicua: todo el tiempo en todas partes estamos sometidos a la medición de nuestro valor y esto genera crisis nerviosas, presión por el rendimiento, sobrestimación de los resultados ante los procesos y una enorme frustración si no aparece el reconocimiento deseado, por lo que la salud política de un cuerpo social habría que medirla desde qué nivel de apego a la vida genera un modo de producción.

¿Y dirías que esta presión afecta también la vinculación con los otros?

Claro, el ordenamiento virtual de las relaciones, la permanente imposición de cánones que miden al cuerpo y la vida, pero sobre todo la degradación ontológica que la alienación conectiva produce en el cuerpo y el ánimo presente, sometido a actualizarse como punto con valor suficiente para participar del Continua Actualidad; todo eso atrofia las capacidades convivenciales, genera aislamiento y una “soledad saturada”.

¿Y pasar más tiempo en “la vida real afuera del teléfono” sería un remedio?

No necesariamente, porque al estar saturados de estímulos virtuales, a nuestra vida real (cuerpo, barrio) le falta algo, le falta todo, está despojada de la capacidad de realizarse y desplegarse como potencia dueña de sí, en tanto resulta obligatorio auto valorizarse para participar de la representación virtual de la vida, que paradójicamente resulta la instancia de constatación efectiva de existencia válida.

¿Entonces no existe un “afuera de internet” como tampoco existe un “afuera del capitalismo”?

No, porque la “mediósfera” como patrón existencial produce un cóctel letal de hiper estimulación online (siempre hay más y más) y depresión offline (porque es imposible dar la talla), entonces la amenaza en el capitalismo conectivo no es tanto la reclusión disciplinante, sino la expulsión a la des-existencia, porque si te quedás afuera de internet no existís, por lo que matarse offline (suicidarse) para muchos es como aceptar que ya antes se habían quedado fuera de juego online.

Me interesa el concepto de “moral mediático-financiera” asociada a la idea de “bróker del yo”. ¿Podrías explicar esa idea en detalle?

La presión por multiplicar el valor es una exigencia propia de la subjetividad contemporánea que tiene un costado financiero-conectivo, dado que genera una dinámica respecto a la propia vida muy instalada entre nosotros, por la que cada cual debe tratarse como su propio “capital humano” (un conjunto de recursos puestos a rendir y capitalizarse), pero entonces hasta tanto no rindamos nuestra ganancia máxima (y ahí entra lo de ser un bróker de uno mismo), sea en salario o en abdominales, estaremos en falta y para colmo, esas ganancias además deben convertirse luego en representaciones virtuales en las que se inflará su valor: “Hago feliz a mi nene, le saco una foto, la subo y al rato estoy ansioso por ver cuánto rindió, cuánto se infló mi existencia en redes”.

Diferenciás “comunidad” de “nosotros” y sostenés que es más deseable construir un “nosotros” cuando hoy por hoy la palabra “comunidad” tiene una connotación positiva en el discurso público. ¿Por qué creés que construir comunidad no sirve para salir del paradigma de la conexión permanente?

El término “comunidad” es utilizado hoy hasta el hartazgo en torno al consumo de un influencer o de un canal streaming porque en el océano de internet el naufragio siempre amenaza y allí aparecen entonces como cobijo existencial las “comunidades de plataformas”, que en realidad son empresas tecnofeudales híper poderosas que lucran con la necesidad subjetiva de agarrarse o sostenerse y pertenecer; a estas comunidades yo las distinguiría de aquellas que se generan cuando en lugar de consumir algo juntos creamos algo juntos.

¿Cómo creamos entonces juntos un “nosotros” en un país gobernado por la extrema derecha?

La figura del “nosotros” puede crearse si cambiamos la autopercepción colectiva de que somos una “red” de individuos aislados, asumimos la autoconciencia del entramado común al que pertenecemos (como la marea feminista, las movilizaciones de disidencias o el ricoterismo) y nos enfocamos en que no hay peor derrota que aceptar la presunta impotencia de la acción colectiva, tomando como ejemplo cuando el 6 de agosto participamos de una movilización social muy grande que usó las redes y los medios de comunicación como prolongación del afecto por la tierra y de la fuerza que puede hacerse desde la tierra y sabiendo que sólo esas presentificaciones de esos diversos “nosotros” en la calle, que reponen la superioridad estética, ética, experiencial y libidinal del igualitarismo, pueden ponerle coto al ultracapitalismo filofacho gobernante.

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sábado, 1 de agosto de 2026

Santiago Gerchunoff: "El uso compulsivo de la palabra fascismo es un problema de la izquierda"

Para Revista Panamá 

Sobre “Un detalle siniestro en el uso de la palabra fascismo” (Anagrama, 2025)

¿Cuál era tu objetivo con este trabajo?

El punto de partida del ensayo era la pregunta por el origen del uso cada vez más compulsivo de la palabra «fascismo» en el lenguaje político cotidiano. No me interesaba volver sobre la discusión acerca de si es histórica o científicamente correcto aplicar ese término a determinados fenómenos contemporáneos, ni corregir sus usos y establecer cuáles son legítimos y cuáles no. Quería preguntarme qué hay detrás de esa compulsión, qué motivos la explican y, sobre todo, qué emoción política tan intensa se moviliza cada vez que pronunciamos la palabra.

Esa emoción parece transparente y hasta noble: cuando llamamos «fascista» a alguien sentimos que identificamos un peligro, tomamos partido y nos colocamos del lado de quienes resistieron al fascismo histórico. Me interesaba indagar qué otras ideas y emociones se alojan dentro de ese gesto sin que terminemos de advertirlo. El recorrido del libro termina mostrando que el uso de la palabra produce algo contradictorio con los objetivos de quienes recurren a ella. Queremos denunciar un peligro presente y terminamos reemplazando su análisis por una profecía construida con imágenes del pasado; queremos intervenir políticamente y muchas veces nos limitamos a proteger nuestra propia imagen moral, a dejar constancia de que nosotros sí supimos reconocer a tiempo el lado correcto de la historia.

¿Quién sería el interlocutor principal del libro?

La izquierda a la que, para bien o para mal, pertenezco y con la que quiero discutir, no porque la derecha no haga operaciones análogas —cuando llama comunista a cualquier regulación reproduce la misma profecía—, sino porque el uso compulsivo de la palabra fascismo es un problema de la izquierda contemporánea, que parece encontrar en la memoria del siglo XX una identidad, un repertorio moral y una orientación que ya no logra producir a partir del presente.

Entonces, ¿cómo resumirías el problema de usar “Fascismo” para todo lo relativo a la derecha actual?

Más que un problema, creo que es un síntoma: un síntoma de cierta parálisis de la imaginación política de la izquierda. La enorme expansión del uso de la palabra, su aplicación a fenómenos muy distintos y la intensidad con que discutimos si algo merece o no ese nombre constituyen un síntoma que vale la pena pensar. Mi pregunta no es cómo deberíamos usar «fascismo», sino qué nos está pasando para que necesitemos usarlo tanto y para que depositemos tantas expectativas políticas y morales en esa palabra.

¿Pero qué es lo “siniestro” en su uso indiscriminado?

Que detrás hay algo que está escondido, solapado, que no se dice de frente y que incluso puede permanecer oculto para quien habla, pero que, sin embargo, interviene profundamente en lo que está diciendo, por lo que encuentro en él algo oscuro, turbio.

¿Cómo nombramos entonces los peligros reales de la extrema derecha contemporánea sin caer en esa trampa?

No tengo un vocabulario alternativo que proponer, la llamaremos como nos salga, porque así funciona el lenguaje político: mediante tanteos, disputas, apropiaciones y deformaciones. Pero sí quería tratar de comprender qué hacemos cuando la nombramos de una determinada manera, qué emociones movilizamos y qué ideas sobre la historia ponemos en funcionamiento.

Sostenés críticamente que aquellos que usan esta palabra consideran que están del “lado correcto de la historia”. ¿Por qué rechazas ese concepto?

Considerar que uno está del “lado correcto de la historia” contiene una promesa tranquilizadora porque convierte una decisión política incierta en la ejecución de una sentencia que la historia ya habría dictado. Uno no tiene que deliberar, juzgar consecuencias ni reconocer conflictos entre bienes, basta con alinearse con la dirección correcta del proceso. Por eso tiene algo religioso, aunque se presente con un vocabulario secular. Hay elegidos y condenados, una historia de salvación y un juicio final que absolverá retrospectivamente a quienes supieron colocarse bien.

Pero la nueva derecha irrumpe con un discurso moralizante que mucha gente de izquierda cree que solo es posible combatir desde otro lugar también moral de “somos los buenos”. ¿Cómo salimos de esa encerrona religiosa?

El problema no se resuelve construyendo una religión igual y contraria, aunque la política siempre tenga una dimensión moral. No se trata de renunciar a distinguir lo justo de lo injusto ni de fingir una neutralidad imposible, sino de impedir que la moral sustituya a la política. Cuando decimos “somos los buenos” podemos sentirnos moralmente a salvo sin preguntarnos si comprendemos a la sociedad, si nuestras acciones son eficaces o si el mundo que ofrecemos resulta deseable para alguien que no forme parte de nuestra parroquia.

¿Entonces la ventaja de la nueva derecha es que usa la moral “bien” mientras que la izquierda la usa “mal”?

Más que cuestiones morales, creo que la nueva derecha combina el miedo con algo que hoy la izquierda apenas consigue producir: una promesa de transformación. Esa promesa puede ser falsa, brutal o profundamente desigual, pero está orientada hacia el futuro. Si la izquierda responde únicamente recordando las catástrofes del pasado, ocupa una posición defensiva y conservadora: “votanos para que no vuelva lo peor”. Salir de la encerrona religiosa que mencionabas antes exige aceptar la incertidumbre de la política y volver a formular una expectativa de vida mejor. No garantiza estar del lado correcto de la historia, obliga a convencer a otros en el presente.

Uno de los argumentos más inquietantes del libro es que cuando usamos “fascista” para definir a la derecha actual en realidad estamos atacando a las víctimas del verdadero fascismo. ¿Podrías explicarlo en detalle?

No creo que quien utiliza la palabra fascista quiera deliberadamente atacar a las víctimas, porque casi siempre pretende exactamente lo contrario: honrarlas e impedir que vuelva a ocurrir aquello que las convirtió en víctimas. Lo inquietante es que ese homenaje puede contener, de manera involuntaria, una mirada profundamente injusta sobre ellas, porque pareciera que al no haber advertido que estaban frente al fascismo, no se dieron cuenta de algo que no era tan evidente entonces como parece ahora.

Desplegás ese argumento con el poema atribuido falsamente a Brecht «Primero vinieron…» ¿Por qué usaste ese recurso?

Porque me di cuenta de que el mecanismo retórico que le da tanta potencia al poema constituye la encarnación más clara de la trampa moral que descubro en el uso contemporáneo de la palabra fascismo. Esa trampa se ve sobre todo en el último momento, cuando vienen a buscar al propio narrador y ya no queda nadie que pueda defenderlo. El poema parece enseñarnos solidaridad, aunque su argumento efectivo es más egoísta: debemos reaccionar ante el daño que sufren otros porque, si no lo hacemos, finalmente nos alcanzará a nosotros. Así termina presentando a las futuras víctimas como personas que vieron avanzar la persecución y no actuaron mientras afectaba a grupos ajenos.

¿Pero cómo se manifiesta en el actual uso indiscriminado de la palabra “Fascismo” el link con el poema?

Cuando trasladamos el esquema del poema al presente decimos que nosotros sí hemos aprendido la lección: reconocemos los primeros signos, pronunciamos la palabra a tiempo y evitaremos el desenlace. Ahí aparece el detalle siniestro. Para atribuirnos esa capacidad tenemos que suponer que quienes acabaron en los campos también podrían haber detenido la catástrofe si hubieran interpretado mejor las señales o reaccionado antes. La responsabilidad se desplaza, casi imperceptiblemente, de los verdugos hacia quienes no supieron impedir que los verdugos triunfaran, cuando recordar a las víctimas exige no convertirlas en instrumentos de nuestra salvación ni transformar su sufrimiento en un manual que supuestamente nos garantiza un desenlace distinto.

Mi hipótesis es que la gente que usa “Fascismo” para definir esta época busca calmarse, porque el fascismo real terminó con Núremberg, así como dice en Argentina que “Vamos a un 2001” porque después del 2001 apareció “un Néstor Kirchner” o incluso hablan de “Feudalismo” porque después vino el “Renacimiento”. ¿Hay algo de final feliz tranquilizador en tu caracterización del uso del término?

Totalmente. Una analogía histórica no solo vuelve reconocible un presente confuso, sino que también importa, clandestinamente, el final de la historia con la que lo comparamos. Si “esto” es fascismo, sabemos que habrá una resistencia, una derrota militar, Núremberg y una reconstrucción democrática. Si “esto” es 2001, sabemos que después llegará alguna forma de recomposición política. Y si lo llamamos feudalismo, podemos imaginar que en algún lugar del calendario nos espera el Renacimiento. La analogía suena alarmista, pero contiene una estructura tranquilizadora: nos anuncia una catástrofe cuyo desenlace ya conocemos.

¿Qué otras conexiones detectás entre esas analogías “tranquilizadoras”?

Hay además una distribución retrospectiva de los papeles porque nadie se imagina dentro de la analogía como el vecino indiferente, el colaboracionista o alguien que no entendió nada. Nos reservamos el lugar de la resistencia, incluso cuando nuestra resistencia consiste únicamente en reconocer el paralelismo y anunciarlo.

¿Y qué consecuencias reales tiene esto en las dinámicas políticas?

Que el presente deja de ser un espacio abierto, en el que podemos equivocarnos, y se convierte en la repetición de una obra cuyo guión hemos estudiado. La historia real no ofrece ese consuelo, el fascismo fue derrotado en circunstancias excepcionales, no hay ninguna ley que asegure que los fenómenos actuales tendrán un final equivalente y quizás por eso la comparación nos calma: es más soportable temer el regreso de un monstruo conocido que enfrentarse a algo nuevo cuyo nombre, alcance y desenlace ignoramos.

El subtítulo del libro es Para qué no sirve la historia. ¿Qué quisiste plantear al problematizar la “utilidad” de la historia?

Hay una ironía deliberada en el subtítulo del libro porque no digo que la historia no sirva, sino que intento delimitar para qué no sirve. Sirve para comprender el pasado, no sirve para adivinar el futuro. Las mismas ideas de proceso, obra y sentido que permiten construir una explicación histórica se convierten en instrumentos muy defectuosos cuando pretendemos proyectarlas hacia delante. Una vez que conocemos una serie de acontecimientos podemos preguntarnos qué condujo a qué, quiénes actuaron y qué consecuencias tuvieron sus acciones. El problema aparece cuando convertimos ese orden elaborado a posteriori en un guión que supuestamente nos permite anticipar lo que todavía no ocurrió y caemos en hacer historia profética.

¿No funciona más entonces esa frase de “Los pueblos que no estudian su historia están condenados a repetirla”?

Esa frase condensa una antigua concepción de la historia como magistra vitae, maestra de la vida: estudiamos el pasado para reconocer sus señales en el presente y saber cómo actuar en el futuro. En el uso contemporáneo de la palabra “fascismo” funciona exactamente así, como historia profética. Creemos que el conocimiento de los desastres del siglo pasado nos entrega un mapa: si identificamos a tiempo los primeros eslabones de la cadena, podremos impedir que vuelva a conducirnos hasta Auschwitz. Pero quienes vivieron en los años veinte y treinta del siglo XX no conocían el desenlace de sus acciones, del mismo modo que nosotros tampoco conocemos el nuestro.

Me interesa vincular este libro con el tema de la ironía que trabajás en tu libro anterior (Ironía On, Anagrama 2019) porque pareciera que una de las herramientas más feroces que tiene la extrema derecha actual es el humor. ¿Cómo se hace ironía de izquierda?

La ironía no pertenece a ninguna ideología: es un mecanismo de la conversación pública que funciona en todas las direcciones. Siempre que uno adopta el lugar del solemne, del que habla literalmente y cree poseer el saber del significado verdadero de las palabras, deja abierta la posición del ironista, que puede deformar esas palabras, apropiárselas y devolverlas convertidas en una broma. El problema de la izquierda no es que la derecha haya conquistado el humor, sino que ella misma se coloca demasiadas veces en el papel de antagonista solemne que la ironía necesita para funcionar. Debemos ser capaces de comprender la lógica democrática de la ironía, aceptar que nadie controla definitivamente el sentido de las palabras y dejar de regalarle siempre a la derecha el lugar más agradecido de la conversación. Mientras la izquierda aparezca como la maestra aburrida que explica solemnemente todo, la derecha podrá seguir interpretando a la alumna tonta que no entiende la lección y, precisamente por eso, se queda con todas las risas.

DESCARGAR EL LIBRO AQUÍ 

miércoles, 1 de mayo de 2024

Columna Libros Libres #9: Lecturas gratis contra la crueldad

 


1) Poeta Chileno - Alejandro Zambra - LINK A DESCARGA

Durante buena parte de esta novela Gonzalo es un poetastro que quiere ser poeta y un padrastro que se comporta como si fuera el padre biológico de Vicente, un niño adicto a la comida para gatos que años más tarde se niega a estudiar en la universidad porque su sueño principal es convertirse —también— en poeta, a pesar de los consejos de Carla, su orgullosamente solitaria madre, y de León, un padre mediocre dedicado a coleccionar autitos de juguete.

2) La segunda venida Hilda Bustamante - Salomé Esper - LINK A DESCARGA 

Hilda Bustamante tiene 79 años y, como a todas las personas, un día le toca morir. Lo insólito es que un tiempo después Hilda revive en su tumba, logra romper el ataúd y, sin entender bien lo que le está pasando, regresa a su casa, para conmoción de Álvaro, el amor de su vida, de Amelia, su adorada nieta adoptiva y de las «chicas» de la iglesia, que siempre la consideraron una persona discretamente extraordinaria. Esta novela cuenta la historia de Hilda y el pequeño y maravilloso escándalo de su resurrección.

 

martes, 9 de abril de 2024

Libros gratis contra la hiperinflación (3): El no-boom de escritoras argentinas

Para Revista Sonámbula  

Realidad: La plata no alcanza. Motivo: El capitalismo apesta. Conclusión: Los libros se convirtieron en bienes de lujo, al ritmo de la inflación de tres dígitos y el dólar ¿Guttemberg? que hace que los importados sean imposibles, los nacionales prohibitivos y los usados dos comidas y media. Por eso, volvemos a la carga y seleccionamos lo mejor de la narrativa nacional e internacional a precio accesible, es decir, nulo. Porque si donde hay una necesidad hay un derecho, leer será nuestra última trinchera, nuestra bandera hacia la victoria, o por lo menos, nuestro ansiolítico más inofensivo.

En esta ocasión nos dedicamos a rescatar escritoras argentinas del siglo XX, para las que parece que no hubo un “boom” o “post boom” o “Lo que sea” para encuadrarlas como del que ahora se habla en la industria editorial. Creadoras que sin prisa pero sin pausa fueron abriéndose paso en el siempre machirulísimo mundo de la academia, las letras, las librerías y las bibliotecas. Cinco señoras que lentamente empiezan a aparecer en las listas, las editoriales y los corazones de los lectores.

Sylvia Molloy – En breve cárcel – Disidencias sexuales

Publicada por primera vez en España en 1981 y leída clandestinamente en fotocopias en grupos muy reducidos en Argentina, esta obra fue rescatada por Ricardo Piglia en 1998 y tiene su prólogo. Con un doble narrador en primera y tercera persona cuenta la historia de una mujer que escribe un texto adentro de otro y traspira despecho y desamor. Solo que el desamor es por otra mujer, lo que la convierte en una obra clave para la literatura LGBT. “Estaba encerrada, rabiosa, escribiendo contra algo. Contra una traición”, contó la autora sobre su creación.

Beatriz Guido – Fin de fiesta – Sátira política

Uno de los mejores libros de esta escritora y guionista, que se llevó al cine de la mano de su marido Leopoldo Torres Nilsson, está ambientado en la década del 30, en un país pre-peronista donde el caudillismo reina en todo su esplendor. Cuenta la historia de cuatro adolescentes huérfanos que crecen a la sombra de su abuelo, un poderoso político de Avellaneda. A mitad de camino entre retrato costumbrista y crítica social, Guido se apropia de historias familiares (su padre era amigo de Lisandro de la Torre) y las funde en una fábula con pretensiones morales pero sin moraleja.

Sara Gallardo Enero – Aborto

Rescatada del ostracismo a principios del siglo XXI por varios autores nacionales jóvenes, esta ópera prima publicada en 1958 trata el tema del aborto desde la primera página, aunque nunca se lo nombre directamente, ni al procedimiento ni a la palabra “bebé”. Ambientada en el campo, como la protagonista es una joven que ha sido violada por un trabajador local, aquí Gallardo subvierte la tradición literaria rural argentina y se rebela contra la visión utópica del campo, considerando a la estancia y la familia como una estructuras opresoras.

Silvina Ocampo – Cuentos Completos Fantástico / Terror

Revitalizada su figura tras la publicación de la biografía que hizo de ella Mariana Enriquez en 2014, Silvina Ocampo no puede soslayarse de ninguna lista de escritoras del siglo XX por tratarse de una de las cuentistas más singulares que pueden encontrarse. Siempre a la sombra de su marido Bioy y su hermana Victoria, pero con un talento inigualable para lo siniestro, Ocampo disecciona la realidad con una mirada perturbadora, fantasmagórica y hasta muchas veces tétrica, y lo hizo cuando el terror no tenía la buena fama que tiene ahora. 

Aurora Bernárdez – El libro de Aurora Traducción

Este volumen reúne poemas, relatos y notas de quien fue una traductora brillante, la primera lectora de la obra de Julio Cortázar y su albacea literaria pero contiene además la transcripción de la única y extensa entrevista que concedió. ¿Hace falta decir algo más? Por si es necesario, Bernárdez no solamente fue “la mujer de” (“El libro tiene un solo lector: Aurora”, diría Cortázar de su Rayuela) sino una increíble traductora al francés, inglés, e italiano de autores como Flaubert, Faulkner y Nabokov.

Plus: Luna Miguel – El coloquio de las perras

Imprescindible manifiesto feminista literario que se encarga de traer de vuelta al centro de la escena a aquellas escritoras hispanoamericanas que han sido “borradas” o “ninguneadas” por la historia oficial de la literatura. Elena Garro, Rosario Ferré, Eunice Odio y Marvel Moreno entre otras son rescatadas aquí en una suerte de cónclave espírita donde Miguel repasa sus vidas y les escribe cartas, pidiendo ayuda, respuestas o explicaciones para el difícil tránsito de convertirse en escritora.

viernes, 17 de noviembre de 2023

Cinco libros gratis para entender estas elecciones - #3 Procesos

Para Revista Sonámbula

Realidad: Milei ganó las primarias, perdió la primera vuelta y entró al ballotage. Motivo: La derecha trumpista avanza en Sudamérica. Conclusión: Mejor leer. Conclusión 2: Mejor leer algo que nos explique por qué la derecha trumpista avanza en Sudamérica y entonces Milei ganó las primarias, perdió la primera vuelta y entró al ballotage.

Mientras tanto, los libros se convirtieron en bienes de lujo, al ritmo de la inflación de tres dígitos y el dólar ¿Guttemberg?, que hace que los importados sean imposibles, los nacionales prohibitivos y los usados dos comidas y media. Con semejante panorama seleccionamos una bibliografía muy específica para la coyuntura, cinco libros claves para iluminar este período tan aciago. Porque aunque ahora no esté muy de moda la justicia social, sabemos que donde hay una necesidad nace un derecho, así que leer gratis será nuestra última trinchera, nuestra bandera hacia la victoria, o por lo menos, nuestro ansiolítico más inofensivo.


1.- Diario de una temporada en el quinto piso – Juan Carlos Torre - Edhasa – 2021

Innumerable veces recomendado por Cristina Fernández de Kirchner en los últimos años, como advertencia y/o dardo envenenado hacia su partenaire, Alberto Fernández, en un acto más del dúo “pinpenelesco” que han protagonizado en su gobierno, este libro es una suerte de diario íntimo del sociólogo Juan Carlos Torre durante su estadía como miembro del equipo económico de Juan Sourrouille desde 1983 hasta 1989, en el gobierno de Raúl Alfonsín.

Aunque mundialmente conocido por su trabajo como historiador y cientista social, abocado principalmente a desmenuzar los pormenores del peronismo en su fase inicial –acaba de reeditar “El 17 de octubre de 1945” más de 20 años después de su primera edición- Torre recrea aquí su faceta de funcionario, pero no deja de ahondar en problemas de larga data de la Argentina, como los condicionamientos del Fondo Monetario Internacional y las limitaciones del modelo de valorización financiera instalado durante la última dictadura cívico-militar.


2. - ¿Qué hacemos con Menem?: Los noventa veinte años después - Martín Rodríguez & Pablo Touzon – Siglo XXI Editores - 2021

Si hay una figura insólita cuyo ideario e imaginería sobrevuela este año electoral como un fantasma de las navidades pasadas es la del ex presidente Carlos Menem. Parte de su ¿mística? en la juventud mileista puede explicarse a partir de la reivindicación explícita que Javier Milei realiza de las políticas del ministro Domingo Cavallo, pero también gracias a la distancia y el consumo irónico que se hace de su figura. En resumen: la política argentina aún no sabe bien qué hacer con Menem.

A partir de ese malestar, los periodistas Rodríguez y Touzon -editores de la Revista Panamá- compilan textos de peronistas, kirchneristas, liberales, trotskistas, aceleracionistas, cristianos y socialdemócratas, que eligen dialogar con los noventa para explicar que el menemismo no es algo ajeno, sino algo que nos salpica y nos constituye, con la convicción, según dicen, “que revisar a Menem es revisarnos y construir nuevas lianas para intervenir sobre nuestro presente y nuestro futuro”.

3.- A 30 días del poder - Henry Ashby Turner – Edhasa – (1era Ed.: 2000)

Con tono de thriller o telenovela de palacio, este ensayo del historiador americano Henry Turner narra el mes anterior a enero del 1933, que precedió la llegada de Adolf Hitler a la cancillería de Alemania. A partir de documentación de los archivos de la Unión Soviética que fueron desclasificados una vez caído el muro de Berlín en 1989, Turner reconstruye todas las intrigas político partidarias que hicieron que el alemán concentrara en su figura la mayoría del poder público.

Con prólogo del escritor español Antonio Muñoz Molina y organizado en base a los acontecimientos de cada uno de esos días, mucho de lo que acontece en este libro puede pensarse como espejo retorcido de la vorágine de los últimos meses de campaña argentina, más allá de la homologación del mileismo al fascismo, utilizada por muchos colectivos que se ven amenazados por las ideas totalitarias del candidato libertario.

4.- Los cuatro peronismos – Alejandro Horowicz – Hyspamerica – 1985

Al borde de lo que pareciera ser una nueva mutación de la mano de Sergio Massa, el peronismo sigue siendo un actor indiscutible del panorama político local y, tras su peor elección histórica en las primarias de agosto de 2023, ha llegado a la última instancia de los comicios gracias a lo que muchos denominan un “milagro”.

Parte de esa plasticidad, que le permite adaptarse a condiciones de lo más adversas, es la que el doctor en ciencias sociales Alejandro Horowicz analiza en este libro clásico de la biblioteca del pensamiento argentino, editado hace más de 30 años y re-editado en 2013. En él desmenuza las etapas de creación, consolidación, proscripción, viraje a la izquierda durante los años 70’s y viraje a la derecha durante los 90’s del movimiento justicialista, mientras analiza las variables más cercanas a estas elecciones, ya que incluye en esta nueva edición una apartado sobre los gobiernos kirchneristas.

5.- Un peronismo para el siglo XXI – Matias Kulfas – Siglo XXI – 2023

Ministro de Desarrollo Productivo de la Nación desde 2019 hasta 2022, gerente General del Banco Central entre 2012 y 2013​ y director del Banco Nación en el período 2008-2012, el economista Matías Kulfas es detestado por la militancia del kirchnerismo más duro hasta el día de hoy, sobre todo por haber publicado un libro crítico del gobierno de los Kirchner –“Los tres kirchnerismos: Una historia de la economía argentina”- pero también por su alianza intermitente con el ex ministro de economía Martín Guzmán, a quien se lo culpa por todos los males y más allá.

A partir de este lugar de outsider involuntario de un gobierno al que perteneció, Kulfas realiza en este libro un recorrido que abreva en su propia experiencia en la función pública, demuestra cómo en distintos momentos de su historia el peronismo fue versátil para encontrar soluciones en coyunturas críticas, y propone nuevas directrices desde una matriz productivista para los desafíos de aquí en adelante.

domingo, 22 de octubre de 2023

Cinco libros gratis para entender estas elecciones - #2 Personajes

Para Revista Sonámbula

Realidad: Ganó Milei. Motivo: La derecha trumpista avanza en Sudamérica. Conclusión: Mejor leer. Conclusión 2: Mejor leer algo que nos explique por qué la derecha trumpista avanza en Sudamérica y entonces ganó Milei.

Pero encima, los libros se convirtieron en bienes de lujo, al ritmo de la inflación de tres dígitos y el dólar ¿Guttemberg?, que hace que los importados sean imposibles, los nacionales prohibitivos y los usados dos comidas y media. Con semejante panorama seleccionamos una bibliografía muy específica para la coyuntura, cinco libros claves para iluminar este período tan aciago. Porque aunque ahora no esté muy de moda la justicia social, sabemos que donde hay una necesidad nace un derecho, así que leer gratis será nuestra última trinchera, nuestra bandera hacia la victoria, o por lo menos, nuestro ansiolítico más inofensivo.

1. El loco - Juan Luis González - Planeta – 2023

Chismes más, chismes menos, esta biografía del diputado nacional que ganó las PASO es todo un hallazgo periodístico, tanto por el timming de la publicación (apenas unas semanas antes de que Milei diera su escalofriante batacazo en las urnas) como porque su autor confesó que no era su intención escribir un libro sobre la vida del libertario, sino un panorama general del ascenso de la derecha en la política nacional, pero que el personaje se le impuso y tuvo que negociar con la editorial para cambiar de rumbo en pleno proceso de escritura.

Los ribetes místicos del economista motivaron ese cambio de planes: las tres veces que Milei dice haber visto a Cristo, la negación de la muerte de su “perro hijo” Conan, sus charlas con el animal muerto a través de una médium y de su hermana telépata (“El Jefe”) y las conversaciones con “el número uno” (como llama a Dios), que según él le encargó “la misión” de ser presidente, son material de sobra para pasar del proceso al personaje. Sin embargo, lo más interesante del libro no es el cielo en el que vive ahora Milei sino el infierno en el que vivió de niño, al ser víctima del abuso familiar del cual su hermana fue también testigo. Este dato clave no es pasado por alto por este periodista de la Revista Noticias y ubica al libertario en el lugar del niño-que-desea-que-su-padre-por-fin-lo-ame-y-hará-lo-que-sea-para-conseguirlo, tal como su ¿amigo? ¿compañero? ¿líder?, el ex presidente Mauricio Macri.

2. El arribista del poder – Diego Genoud – SigloXXI Editores – 2023  

El “massologo” por excelencia del panorama periodístico argentino, Diego Genoud, que ya publicó su primera biografía del ahora Ministro en 2015, cuando Massa intentó ser el presidente más joven de la democracia, reedita su clásico con un par de capítulos más en los que se detalla el armado del Frente de Todos en 2019, la íntima relación que entabla desde entonces con Máximo Kirchner, y su paso de la presidencia de la cámara de diputados al Poder Ejecutivo en 2022.

Editado antes de que se lo ungiera candidato oficialista, esta biografía no autorizada repasa uno a uno los escalones del arribista hacia el poder: sus años como joven militante de la UCeDé de San Martín, su salto al menemismo de la mano de sus padrinos Luis Barrionuevo y Graciela Camaño, la participación en la campaña de Palito Ortega con sus compañeros de generación: Horacio Rodríguez Larreta, Diego Santilli y Jorge Capitanich. Sigue también la asociación con Eduardo Duhalde, su particular inserción dentro del primer kirchnerismo, su breve pero intensa relación con Macri (que lo inmortalizó con el apodo de “Ventajita”) y sus ya antiquísimos vínculos con Daniel Vila y José Luis Manzano, entre otros personajes permanentes del staff político vernáculo.

3. Téngase Presente- Carlos Maslatón – Planeta – 2023  

Que lo financia Massa, que lo esponsorea Eurnekian, que ahora lo bendijo Macri, que Trump y Bolsonaro lo han adoptado como uno más. Muchas cosas se dicen y se escriben sobre el libertario Javier Milei. Pero ¿quién es verdaderamente el padre de la criatura? En rigor, el economista aparece por primera vez en la escena mediática en el programa de FM Identidad del abogado y periodista liberal Carlos Maslatón en 2014. Sus participaciones son a partir de entonces cada vez más recurrentes y luego (con una ayudita de sus amigos) asciende en protagonismo y popularidad, gana su banca de diputado en 2021 y lo demás es historia.

A la par de su programa de radio, Maslatón empieza a escribir en redes sociales, suma adeptos dentro y fuera del micromundo de la derecha liberal a la que perteneció siempre y comienza a ser consumo irónico por la progresía, que encuentra en él una voz disonante dentro del ya aburridísimo coro del periodismo engrietado. Una década después, Planeta edita esos posts y otros micros ensayos de la vida cotidiana del ahora devenido panelista televisivo. Y lo hace porque sus textos abordan temáticas tan variadas como extravagantes, desde la soda (?) hasta el mercado internacional de capitales, pasando por una defensa acérrima de la economía informal (a la cual bautizó como “barrani”). 

4. Patricia - Ricardo Ragendorfer - Planeta – 2019

Una saga familiar que arranca en el siglo XIX con la llegada a Buenos Aires de un mercenario alemán capturado durante la Guerra del Brasil es el primer eslabón que elige el periodista Ricardo Ragendorfer para fichar el inicio de un linaje que incluye a músicos, terratenientes, guerrilleros y también a la ahora candidata a la presidencia por la alianza Juntos por el Cambio, a la que define como “Un animal político amaestrado por (Rodolfo) Galimberti”.

Escrito en 2019, cuando Bullrich todavía era ministra de Macri, a partir de una serie de artículos que Ragendorfer fue publicando durante todo ese gobierno, el libro radiografía la gestión de la candidata en la cartera de seguridad durante esos años a la vez que indaga en el zigzagueante devenir de la “niña bien” que tuvo que exiliarse durante la dictadura y luego se desempeñó como Ministra de Trabajo en el catastrófico gobierno de Fernando De la Rúa. En un ir y venir entre el pasado y el presente, también ahonda en sus relaciones con las fuerzas de seguridad y en su particular visión de la construcción del “enemigo interno”, en la que juega un papel fundamental la “Doctrina Chocobar” que, a juzgar por la presencia del policía sentenciado por homicidio en el debate presidencial hace unas semanas junto a ella, parece sigue defendiendo.

5. Los peores – Juan Grabois - Sudamericana – 2022

Aunque ahora apartado de la contienda presidencial tras su fracaso en las primarias, el abogado Juan Grabois consiguió este 2023 varias cosas que se creían imposibles: una elección interna dentro del peronismo (la primera desde 2003), los avales necesarios para constituirse como una opción votable en menos de 24hs y más de un millón de votos (que todavía todos se preguntan si migrarán o no al peronismo en las generales).

Unos meses antes de tamaña gesta, también publicó lo que podría considerarse su autobiografía, ya reseñada en este portal, donde cuenta con lujo de detalles su paso desde una clase alta acomodada al fango de la historia en 2001, desmenuza uno a uno los insultos que recibe el colectivo de trabajadores de la economía popular que representa en la CTEP, y a la par hace un panorama de la historia política argentina de los últimos años, con algunas propuestas a futuro poco claras, pero que pueden encontrarse en el plan de gobierno que le dio a Sergio Massa delante de todo el país la noche en la que perdió la interna, del que se desprende la reciente iniciativa gubernamental de crear un Registro Único de Solicitantes de Lotes, siguiendo (siempre) la línea del Papa Francisco de luchar por Tierra, Techo y Trabajo.

miércoles, 13 de septiembre de 2023

Cinco libros gratis para entender estas elecciones - #1 Ideas

Para Revista Sonámbula 

Realidad: Ganó Milei. Motivo: La derecha trumpista avanza en Sudamérica. Conclusión: Mejor leer. Conclusión 2: Mejor leer algo que nos explique por qué la derecha trumpista avanza en Sudamérica y entonces ganó Milei.Pero encima, los libros se convirtieron en bienes de lujo, al ritmo de la inflación de tres dígitos y el dólar ¿Guttemberg?, que hace que los importados sean imposibles, los nacionales prohibitivos y los usados dos comidas y media. Con semejante panorama, seleccionamos una bibliografía muy específica para la coyuntura, cinco ensayos claves para iluminar este período tan aciago y calmar un poco la angustia con algunas explicaciones. Porque aunque ahora no esté muy de moda la justicia social, sabemos que donde hay una necesidad hay un derecho, así que leer gratis será nuestra última trinchera, nuestra bandera hacia la victoria, o por lo menos, nuestro ansiolítico más inofensivo.

 1.    ¿La democracia en peligro?: Cómo los memes y otros discursos marginales de Internet se apropiaron del debate público – Juan Ruocco – Paidós – 2023

Conocedor veterano del submundo online de 4Chan, 8Chan y Reddit (redes sociales donde se nuclea el discurso más derechoso que se puede encontrar en internet fuera de la Deep Web), el periodista Juan Ruocco concentra aquí una serie de artículos que fue publicando en diversos medios y los ordena de forma coherente para dar una explicación genealógica clara de cómo en la última década la política se volvió meme y el meme se volvió el arma proselitista por excelencia. Según Ruocco –y otros teóricos que ha estudiado- 4chan construyó un poder de fuego mediático que, entre otras cosas, ayudó a Donald Trump a llegar a la Casa Blanca, para empezar, pero también se convirtió en un espacio de germinación para narrativas marginales, teorías conspiranoicas, operaciones de guerra psicológica y propaganda neonazi. Es decir: terreno fértil para los discursos radicalizados. Tanto, que Ruocco descubrió que el símbolo que tenía tatuado el fallido magnicida de Cristina Fernández de Kirchner, Fernando Sabag Montiel, circulaba mucho por estos foros, y lo cuenta con lujo de detalles.

2.    ¿La rebeldía se volvió de derecha? – Pablo Stefanoni – Siglo XXI Editores – 2021 


Imprescindible ensayo del historiador y periodista Pablo Stefanoni, que le valió la traducción a varios idiomas por plantear con claridad prístina cómo, a nivel internacional, con combinaciones de nacionalismo, posiciones antiestado, xenofobia, racismo y misoginia, pero también guiños a la comunidad LGBTI y consignas ecologistas, con un aura de incorrección y novedad que atrae a los jóvenes, las llamadas "derechas alternativas" están protagonizando una revolución en la política occidental en la que Trump, Bolsonaro (y ahora Milei) son claros exponentes.

Stefanoni construye una síntesis histórica de estos movimientos y muestra de qué forma han ido moldeando a los libertarios contemporáneos y a otras formas híbridas y sorprendentes de disidencia a lo establecido, como el anarcocapitalismo, el homonacionalismo y el ecofascismo. Con el troleo en las redes como estrategia de guerrilla cultural y el meme como instrumento político, desde foros de internet y videos de YouTube, en plataformas como 4chan y Twitter, estos grupos están convirtiendo el fanatismo subterráneo en distintas formas de adhesión pública cada vez más visible, de la vestimenta al voto, del manifiesto en la web a la acción violenta en las calles, expresiones muchas veces legitimadas por líderes en el poder.

3.    Trolls S.A -  Mariana Moyano – Planeta – 2019

“¿Qué son las redes sociales y qué nos hacen?¿Qué son las interfaces y plataformas digitales? ¿Cómo nos influyen? ¿Qué implica la imposibilidad de estar desconectado de este mundo? ¿No es rarísimo que hayamos permitido un experimento social a gran escala (probablemente el experimento social más grande de la humanidad) y más de cuatro mil millones de personas nos entreguemos a probar qué ocurre si pasamos nuestra vida social a un sistema de plataformas online?”. Estas son algunas de las preguntas de esta profesora y periodista que, a través de entrevistas a especialistas en comunicación digital, influencers, trolls (autopercibidos como tales y todo) y demás jungla online logra un caleidoscopio tridimensional no solo ya de nuestra vida ¿virtual?, sino de la dinámica política por la cual la polarización, el sesgo de confirmación y los nichos de contenido (condición de posibilidad de la rentabilidad de las redes sociales) han reconfigurado la conversación pública. Preocupada por la influencia de estas herramientas en el ascenso de líderes autoritarios, Moyano dispara sin parar: “Sí, ya sé: Hitler no tuvo redes sociales. Stalin, Mussolini, el Gengis Kan y Atila, tampoco. No, no es así. Las tuvieron. No fueron digitales, claro”.

 4.    Fake news, trolls y otros encantos - Ernesto Calvo & Natalia Aruguete – Siglo XXI - 2020


¿Por qué abandonamos la promesa de una comunicación irrestricta, horizontal y democrática como la que soñamos en los albores de la web para entrar en este páramo de operaciones políticas, fake news, narcisismo y conflicto? Este libro explora y describe esa pregunta mediante el cruce entre ciencia política, comunicación y el análisis de datos de casos reales de resonancia viral en Argentina y el mundo en los últimos años. Aborda con detalle científico cómo se propagan contenidos y por qué fluye (o no) la información, cómo se provoca la polarización, cómo se crean (y se pueden desarmar) las burbujas informativas en las que vivimos, en qué medida un posteo en Facebook logra hacernos cambiar nuestras preferencias y por qué retuitear un mensaje puede convertirnos en trolls sin saberlo. A través del análisis de casos, de intercambios y estrategias en redes, y usando experimentos de laboratorio, los autores hacen transparente una lógica que de tan ubicua se nos ha vuelto invisible. Pero ofrecen, también, un hallazgo empírico esperanzador: los mismos mecanismos que favorecen la propagación de conflicto y polarización pueden facilitar dinámicas de organización colectiva, activismo social y comunión política.

5.    La batalla cultural: Reflexiones críticas para una Nueva Derecha – Agustin Laje - 2022

Hay que leer a la derecha. Punto. Y si uno se desacostumbró porque es esclavo ¡justamente! de los sesgos de confirmación y nichos de contenido que proponen las redes y los algoritmos, es aún más necesario. Y si a uno no le da el estómago porque no puede creer que esta gente diga y escriba cosas como que "el comunismo gobierna el mundo a través de George Soros y la agenda 2030" (SIC),  es incluso bibliografía obligatoria.  Si no después aparecen Mileis de pronto por ahí y uno no sabe de dónde salieron. Hay que leer a la derecha. Siempre. Aunque cueste, aunque duela, aunque indigne. Y si necesitan más explicaciones, porque lo decía el Che Guevara: “Para combatirlos hay que conocerlos”. Punto.

Agustín Laje es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Católica de Córdoba y Máster en Filosofía por la Universidad de Navarra. Se leyó todo Gramsci, como dice Juan Ruocco en esta genial entrevista, lo rompió, lo volvió a armar y con los pedazos escribió varios libros, todos bastante parecidos el uno al otro, en los que deja claro que su enemigo es el progesismo bienpensante en todas sus formas y que la derrota del mismo no será solo por las urnas sino a través de las ideas, el arte, la cultura. Este es su último especímen, publicado el año pasado. Suerte. Y recuerda: Hay-que-leer-a-la-derecha.