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jueves, 28 de agosto de 2025

Un cuento por semana #40: Mañana es mejor

Será que la profesora se hartó de nuestros relatos depresivos sobre la guerra, el genocidio, el cambio climático y la amenaza nuclear porque dijo “Bueno, basta, para la próxima clase me traen todos una utopía, quiero algo luminoso y esperanzador sobre el futuro”, cerró el cuaderno, se levantó y se fue.

Con los compañeros nos miramos con cara de “¿Y ahora?” mientras Leticia, la que cree que escribe mejor que todos nosotros juntos dijo: “Por fin una consigna como la gente”.

Llego a casa confundido, disperso y con pocas ganas de escribir. Es 2025 y hay efectivamente una guerra en Europa, un genocidio en Medio oriente, las extremas derechas controlan Occidente y nunca en la historia del capitalismo la riqueza se distribuyó de manera más desigual. ¿Cómo puedo pensar en algo luminoso y esperanzador sobre el futuro en este estado de cosas?

Imaginar es la tarea. Eso dice uno de los carteles inspiradores que tengo en el escritorio. Hay dos más: uno dice "Mañana es mejor" y el otro "Para escribir hay que escribir". Fenómeno, poseo un montón de inspo instagrameable sobre la potencia de la imaginación y la creatividad, pero cero ideas sobre un futuro luminoso y esperanzador.

Pasan las horas frente al teclado y no se me ocurre nada. Hago una lista de todas las cosas que están mal e intento imaginar cómo sería si fueran al revés. Nada. Todo me suena cliché. Recuerdo que en la infancia cuando me decían que pida un deseo, matemáticamente me salía: “Que no haya hambre en el mundo”. ¿Eso es un cuento? ¿Una realidad de gorditos?. Ya en la adolescencia cantaba: Imagine all the people, living the world in peace, uh, uh, uuuh. ¿Un mundo sin guerras es posible? ¿Existió alguna vez? Nada, nada, no puedo escribir nada. 

Se suceden los días y se acerca la fecha en la que tengo que entregar mi tarea luminosa y esperanzadora pero no se me ocurre absolutamente ninguna idea. O sí, se me ocurren, pero me dan vergüenza: ¿Cómo voy a escribir un cuento en el que no hay hambre ni fronteras y la gente es feliz y ya está? ¿Soy imbécil?

No me queda otra opción que preguntarle al ChatGPT. ¿Cuál sería ese prompt? “Escribe un relato de 1000 palabras que sea luminoso y esperanzador sobre el futuro de la humanidad” A ver:

En un rincón olvidado del planeta, una pequeña aldea despertaba cada día con el sol que se filtraba tímidamente entre los árboles, iluminando la tierra que había sido regenerada por generaciones de trabajo colectivo. Era un lugar donde el aire olía a tierra húmeda, a vida renovada. El río, antes contaminado y casi muerto, ahora fluía claro y vibrante, llevando consigo historias de resiliencia y cambio.

Hace apenas unos años, el mundo parecía estar al borde del abismo. El cambio climático había provocado desastres naturales, los océanos se tragaban las costas y las selvas, pulmones vitales del planeta, se desvanecían con cada tala ilegal. Las ciudades estaban sumidas en la smog, y las noticias del colapso de los ecosistemas eran constantes. Los más pesimistas ya hablaban de un futuro irremediable, donde la humanidad se extinguiría por su propia mano.

Pero entonces, algo comenzó a cambiar. No fue un milagro ni un evento repentino, sino un movimiento silencioso y persistente, nacido del cansancio de ver cómo las generaciones anteriores habían ignorado las señales de advertencia. Primero fueron pequeños grupos de jóvenes científicos, agricultores, ingenieros y artistas los que se unieron, convencidos de que la solución al caos estaba en la cooperación y en un renacimiento global de los valores humanos.

WTF. ¿El ChatGPT me habla de “Trabajo colectivo”? ¿Qué le pasa? ¿Es socialista? Agrego otro prompt: “Menos woke” y doy enter.

Era el año 2050, y las calles, que antes estaban llenas de humo y ruido, ahora se veían más limpias y tranquilas. Los autos eléctricos dominaban el tráfico, mientras que en los edificios brillaban paneles solares, y los jardines urbanos se extendían en cada esquina. Las energías renovables se habían convertido en la norma, y las ciudades no solo eran más sostenibles, sino también más humanas.

El cambio había comenzado con pequeños gestos. Los gobiernos, presionados por una sociedad que ya no aceptaba más promesas vacías, comenzaron a tomar decisiones que antes parecían imposibles. La cooperación internacional, nacida de la necesidad de sobrevivir como especie, llevó a acuerdos históricos que permitieron reducir las emisiones de carbono y restaurar ecosistemas enteros. Las políticas se centraron en la inversión en tecnología verde, en la protección de la biodiversidad y en la justicia social.

“Justicia Social” dice el ChatGPT. Evidentemente no entendió cuando le indiqué “Menos woke” ¿Entonces?

Llega la fecha de entrega por mail y empiezo a no poder dormir. Leticia, la que cree que escribe mejor que todos nosotros juntos, nos envía un texto a las 3AM. Como estoy despierto y desesperado, lo leo ni bien me llega. Reza:

“En un rincón olvidado del planeta, una pequeña aldea despertaba cada día con el sol que se filtraba tímidamente entre los árboles, iluminando la tierra que había sido regenerada por generaciones de trabajo colectivo…”

viernes, 25 de octubre de 2024

Cama Adentro: Making of

 Para Zenda

Si no duele escribirlo no vale leerlo  

Sobre la construcción de Cama Adentro (AdN, 2024)

 

1. Primera Parte –Ella

Escuchá, es así: si vos me decís que lo querés escribir yo te lo cuento todo, desde el principio hasta el final, como una película. Porque este libro surgió de un sueño, y lo que se sueña es un poco la película que una se hace a sí misma ¿no? Bueno, anotá, porque esta película empieza bien potente, con una voz que te canta la posta al toque, o sea, yo. Parecía fácil: la que relata las cosas soy yo y la que dice lo que tiene que decir soy yo, fin. La presa, sí, la mucama sin nombre presa que lo único que tiene es su palabra y la usa para convencerte de que lo-que-pasó pasó tal cual ella-dice-que-pasó. Porque decime, a ver: ¿Quién es capaz de desconfiar de una criada? Si es tan pobre, tan buena, tan servicial: obvio que ella siempre dice la verdad. Bueno, así fue: mi voz apareció con una fuerza tan arrolladora en la cabeza de la autora que sintió que estaba escuchándola mientras tipeaba. Tuquituquituqui, le metía al teclado sin parar la piba, casi en trance místico, usando recuerdos de su infancia y adolescencia en el lejano conurbano bonaerense ¿Sabés dónde queda eso, vos? Es como se le dice a los alrededores de la Ciudad de Buenos Aires. Y aunque la autora vivió en cinco países terminó en Carabanchel, así que parece que del conurbano no se puede salir nunca ¿no? Bueno, sigo, te decía, que la mucama presa, o sea yo, tenía todas las fichas para ser la protagonista indiscutida del libro, pero mientras tipeaba enardecida mi voz, la autora se empezó a sentir cada vez peor. Qué misteriosas esas cosas de la escritura ¿no? Una se mete tan adentro para encontrar lo que duele que, al final, duele hasta escribirlo. Así que por eso me abandonó y me dejó ser sólo una parte de la novela, no la única. Pude contar las historias de la abuela, la bruja Nelly y mi novio el Johnny, eso sí, pero nomás para ambientar, porque el tema de esta novela no son ellos, sino los que sí tienen nombre, el matrimonio sin hijos para el que trabajaba antes de terminar acá: Raquel y Mario.

2. Segunda Parte – Mario

Oíme pibe, te la hago corta, estoy varado en esta isla de mierda porque mi país es un kilombo. Lo mismo de siempre Argentina, bah, un kilombo atrás de otro, un presidente atrás del otro, en fin. Para eso me puso la autora acá, para que cuente a través de mi intensa biografía los vaivenes de la sociedad argentina. Y un poco también para desorientar al lector, claro, y hacerle leer otra campana de la misma misa. ¿Vos sabés por qué se dice eso de “las dos campanas”? ¿Es religioso? Ni idea, yo a misa fui lo mínimo y necesario para que me aceptara la familia de ricachones de mi señora y chau chau adiós Dios. Igual si te digo la verdad Dios me tiene las pelotas llenas con su cruz: una mujer enferma, que no quiere tener hijos, que se la pasa medicada, un calvario. Parece que El Barba me hubiera dicho: “¿A ver nene si te gusta tanto la guita? Mirá, te vamos a poner esta fortuna acá pero vas a tener que fumarte a la chiflada más chiflada del país hasta que la muerte los separe. ¿Aceptás?”. ¿Vos cuánta plata agarrarías para amar a una loca, pibe? Bueno, yo agarré la que tenía que agarrar y acá me tenés, cuidándole la guita a los garcas de mi familia en Caimán. Pero bueno, mejor me calmo, porque no es país para calentones el mío, si cada cosa que pasa te la tomás muy a pecho te da un bobazo, que es como se le dice al infarto allá. ¿Se le dirá así porque el corazón es bobo? No sé, como sea, que en Argentina no te conviene tener corazón porque se te rompe una vez por año. Y por eso ella me metió en el libro, para llorar este tango, para que lo lloremos juntos.

3. Tercera Parte – Raquel

Sí, querida, sí, soy yo, soy yo, la que todos quieren conocer, ya sé lo que estás pensando. Es que era lo lógico que si hablaba ella yo también dijera algo ¿no? Porque claro, los pobres tienen razón y los ricos no. Los pobres son buenos y lindos y los ricos malos y feos. ¿Más cliché no había? Para eso aparecí en la novela, querida, para eso: para que el lector confronte las versiones y elija cuál le parece más “verdadera”. Es cierto que yo tengo, digamos, mis cositas ¿no? Qué vamos a hacerle, con esta enfermedad a veces no creo ni lo que pienso. Pero cuando sé que me está pasando eso me digo: ´Raquel, esto que pensás lo podes despensar, dale, hacé el esfuerzo´. Y si te soy sincera, a veces lo logro pero a veces no, querida, a veces no. Lo que sí logré, o logró la autora, fue contar exactamente todo lo que contó ella en la primera parte del libro, pero desde mi perspectiva. Porque nosotras pasamos tanto tiempo juntas que tenemos un montón de recuerdos, situaciones, momentos, que ella seguro los vivió de una forma pero yo los viví de otra. Y claro, la autora pensó: que repitan frases y usen las mismas palabras, así cuando los lectores leen mi parte dicen “Aaahhh”, vuelven hacia atrás y ven que la frase es literalmente la misma que usó ella. El “Aaahhh” es muy importante, piensa la autora, pienso yo, o piensa ella mientras yo hablo, quiero decir, pará. Es que a veces me hago lio entre lo que pienso y lo que debería pensar ¿sabés? Perdoname, espero que me hayas entendido, sino avisame y vuelvo a empezar. Total ¿Qué más vamos a hacer, encerradas acá adentro?

jueves, 22 de agosto de 2024

Un cuento x semana #39: Deforme

Era obvio que era mentira, era obvio que se la estaba chamuyando para llevársela a la cama.

¿Quién en su sano juicio admitiría tener una erección incontrolable producto del consumo de Viagra en una guardia a las 4AM? Ahora, la verdad, un poco la halagaba la idea de que quisieran acostarse con ella, que, imposible sería negarlo, se había arrastrado a la clínica sola y embarazadísima de su primogénito, por lo que temía no tener nunca más sexo en su vida.

Las enfermeras le habían dicho a ella que esperara a que las contracciones fueran cada 5 minutos, porque de otra forma sería una falsa alarma. Mientras miraba su reloj, entre gritos de dolor, a su lado él esperaba por el médico que, dijeron también las enfermeras, estaba ocupado, pero que, esto no lo dijeron, pero no hacía falta, estaba durmiendo.

Entre contracción y erección, Raúl de 60 y Clara de 38 entablan un diálogo que no por inverosímil resulta menos romántico. Él la trata como se trataba a las mujeres de 38 cuando Raúl tenía 38 –hace ya largos y confusos 22 años- y ella lo trata como las mujeres de 38 tratan a los señores de 60 que se quieren acostar con ellas en la guardia de una clínica a las 4AM fingiendo una erección permanente. Es decir, así:

-Es raro que una mujer tan hermosa decida tener un hijo sola – señala él, sentado de la forma más estrambótica posible, visiblemente incómodo.

-No es una cuestión de belleza, don Raúl, sino más bien de practicidad, una cosa es criar a un nene y otra muy distinta es criar a un nene y a un marido.

-Pero pretendientes debe tener –insiste él.

-Claro, sí, pretendientes debo tener, pero hasta donde yo sé o viven con la madre, o están casados o militan en la extrema derecha.

-Si los va a discriminar por ideología, m’hija, ahí sí que la va a tener difícil.

-Nada de ideología, don Raúl, lo mío es una cuestión de tiempo: o tenía el bebé ahora o ya el nene me salía deforme.

-Bueno, si de deformes hablamos… - dice él mientras baja los ojos hacia su entrepierna, la cual, como gesto de buena educación, Clara decide no mirar.  

 

viernes, 26 de julio de 2024

Cama adentro: Capítulo 1

 
 
 
 




















Argentina, 2002. Mario Montesino ha conseguido ascender de clase social gracias a un matrimonio muy beneficioso y ahora es gerente de la empresa de la poderosa familia de su mujer, Raquel. Pero todo tiene un precio, porque cuidar de una enferma como ella no es nada fácil. En busca de tranquilidad, la pareja se aleja de la ciudad y se traslada a un Country Club, un barrio cerrado para gente adinerada en las afueras de Buenos Aires.

Allí, tras varios intentos, encuentran a una discreta, cuidadosa y atenta criada que parece perfecta, a la que le ofrecen que se instale como interna. Mientras Mario viaja siempre por trabajo y Raquel pasa mucho tiempo hospitalizada, la mucama divide su jornada entre cada uno de ellos. Con el paso de los meses, en la casa se produce un crimen del que cada cual tiene su particular punto de vista. Pero ¿quién dice la verdad?

 

CAPÍTULO 1: 

Escuchá, es así: si lo querés escribir te lo cuento todo, desde el principio hasta el final, como una película. Tendrías que mejorarlo un poco, porque la forma en la que lo sé es un lío, se me mezclan imágenes, cosas, ideas que quizás fueron de una manera pero da lo mismo porque son así o al revés. Mejor escribilo todo seguido y listo. Lo que te digo es que hay algunas situaciones que me vienen como si hubieran sido hoy y otras que no me las acuerdo   bien, pero me las sé de memoria. También debe haber locuras que soñé y pienso que son así, pero igual no. Lo que no pasó lo inventás, pero lo que te voy a contar, si lo escribís mientras te lo voy diciendo, es como si miraras una de esas películas de amor, de traición, de quién mató a quién.

Todo empezó cuando la señora Rosario me dijo que buscaban a alguien en la casa de al lado,  la de los Montesino. Yo trabajaba en el country hacía cinco años y me conocía todos los apellidos, pero a ellos los había visto muy poco. Un par de veces lo vi a él, cuando llegaba. Limpiaba los vidrios del portal y veía bajarse de la camioneta y entrar a esa casa a un tipo gigante, con cara de dinero, de dueño. Los ricos tienen rasgos distintos, no sé si te diste cuenta., debe. Debe de ser por los productos de belleza que usan, no sé, pero se le nota rápido lo rica que es a la gente en la piel, el pelo, las uñas. Es raro, porque tienen un aura, ¿viste?, una luz diferente. Ya me había acostumbrado a esas pieles, a esas caras, a esas formas de mirar. Ellos miran diferente. Es como si cuando te miraran no la estuvieran viendo a una, sino a toda su familia, a nuestros primos, sobrinos, todos. Bueno, la señora Rosario me dijo entonces que los Montesino estaban buscando empleada porque la anterior había quedado embarazada. «Lo de siempre», dijo ella, «esas putitas al primer hombre que ven ya se entusiasman». Me acuerdo que dijo así, «al primer», porque ahí justo pensé en el primer hombre que vi, y que cuando lo vi no sentí entusiasmo para nada, pero no se lo dije a la señora porque no me paga para que le cuente la historia de mi familia. Además a la Cari, la empleada anterior de ellos, la conocía del barrio y sabía que no era su primer hombre el que la dejó embarazada. Pero bueno, a lo que iba, que por eso empecé a trabajar con ellos, los Montesino, Raquel y Mario. 


El primer día ya dije: «Acá pasa algo raro», porque un matrimonio sin hijos es algo extraño, ¿qué querés que te diga? Es una casa sin techo, no sé, algo incompleto, que no sirve para nada. Si Dios hizo al hombre y a la mujer fue para que hagan más hombres y más mujeres, en eso es sabio el Señor, la naturaleza, lo que quieras, pero si no fuera así no hubiéramos sobrevivido a los dinosaurios, ¿viste?, es una cadena natural. Y aparte, después, ¿quién te cuida de vieja? Con lo difícil que es ser vieja encima estar sola. Bueno, no sé, a mí me pareció rarísimo que con tanto dinero no tuvieran hijos, pero después me enteré por qué. 


En realidad te cuento lo de los hijos porque fue lo que pensé cuando vi la a Raquel por primera vez. No la había tenido nunca tan cerca hasta ese día y me vino justo eso, que se notaba que no había tenido hijos porque el cuerpo lo tenía bien. La estoy viendo como si fuera hoy, el cuello, los hombros, los brazos, las tetas. Me acuerdo de la piel de Raquel porque le brillaba, aunque los ojos también tenían algo, no sé, mágico. «Sos la de Rosario, ¿no?», me dijo, así como si con la señora Rosario fuéramos familia. «Sí», le contesté, porque sabía que en el country todos me conocían así porque la señora Rosario hablaba mucho de mí. Decía que porque como no me había embarazado en los años que llevaba en su casa le salí gauchita, rentable. Y yo la primera vez que escuché que decía eso de mí, «la chiquita esta me salió rentable», no sabía lo que era eso de rentable, así que lo busqué en el cyber después y me reía sola, porque es cuando algo te da dinero y yo decía: «Cómo le voy a dar dinero a la señora Rosario si ella tiene más que todos mis parientes juntos». Pero así me decía, rentable, gauchita, porque aunque estuviera de novia con el Johnny nunca había quedado embarazada y seguía trabajando sin parar. Pero, resumiendo, así fue como la conocí: ella me dijo que yo era de otra mujer y yo le miré las tetas.

martes, 9 de abril de 2024

Libros gratis contra la hiperinflación (3): El no-boom de escritoras argentinas

Para Revista Sonámbula  

Realidad: La plata no alcanza. Motivo: El capitalismo apesta. Conclusión: Los libros se convirtieron en bienes de lujo, al ritmo de la inflación de tres dígitos y el dólar ¿Guttemberg? que hace que los importados sean imposibles, los nacionales prohibitivos y los usados dos comidas y media. Por eso, volvemos a la carga y seleccionamos lo mejor de la narrativa nacional e internacional a precio accesible, es decir, nulo. Porque si donde hay una necesidad hay un derecho, leer será nuestra última trinchera, nuestra bandera hacia la victoria, o por lo menos, nuestro ansiolítico más inofensivo.

En esta ocasión nos dedicamos a rescatar escritoras argentinas del siglo XX, para las que parece que no hubo un “boom” o “post boom” o “Lo que sea” para encuadrarlas como del que ahora se habla en la industria editorial. Creadoras que sin prisa pero sin pausa fueron abriéndose paso en el siempre machirulísimo mundo de la academia, las letras, las librerías y las bibliotecas. Cinco señoras que lentamente empiezan a aparecer en las listas, las editoriales y los corazones de los lectores.

Sylvia Molloy – En breve cárcel – Disidencias sexuales

Publicada por primera vez en España en 1981 y leída clandestinamente en fotocopias en grupos muy reducidos en Argentina, esta obra fue rescatada por Ricardo Piglia en 1998 y tiene su prólogo. Con un doble narrador en primera y tercera persona cuenta la historia de una mujer que escribe un texto adentro de otro y traspira despecho y desamor. Solo que el desamor es por otra mujer, lo que la convierte en una obra clave para la literatura LGBT. “Estaba encerrada, rabiosa, escribiendo contra algo. Contra una traición”, contó la autora sobre su creación.

Beatriz Guido – Fin de fiesta – Sátira política

Uno de los mejores libros de esta escritora y guionista, que se llevó al cine de la mano de su marido Leopoldo Torres Nilsson, está ambientado en la década del 30, en un país pre-peronista donde el caudillismo reina en todo su esplendor. Cuenta la historia de cuatro adolescentes huérfanos que crecen a la sombra de su abuelo, un poderoso político de Avellaneda. A mitad de camino entre retrato costumbrista y crítica social, Guido se apropia de historias familiares (su padre era amigo de Lisandro de la Torre) y las funde en una fábula con pretensiones morales pero sin moraleja.

Sara Gallardo Enero – Aborto

Rescatada del ostracismo a principios del siglo XXI por varios autores nacionales jóvenes, esta ópera prima publicada en 1958 trata el tema del aborto desde la primera página, aunque nunca se lo nombre directamente, ni al procedimiento ni a la palabra “bebé”. Ambientada en el campo, como la protagonista es una joven que ha sido violada por un trabajador local, aquí Gallardo subvierte la tradición literaria rural argentina y se rebela contra la visión utópica del campo, considerando a la estancia y la familia como una estructuras opresoras.

Silvina Ocampo – Cuentos Completos Fantástico / Terror

Revitalizada su figura tras la publicación de la biografía que hizo de ella Mariana Enriquez en 2014, Silvina Ocampo no puede soslayarse de ninguna lista de escritoras del siglo XX por tratarse de una de las cuentistas más singulares que pueden encontrarse. Siempre a la sombra de su marido Bioy y su hermana Victoria, pero con un talento inigualable para lo siniestro, Ocampo disecciona la realidad con una mirada perturbadora, fantasmagórica y hasta muchas veces tétrica, y lo hizo cuando el terror no tenía la buena fama que tiene ahora. 

Aurora Bernárdez – El libro de Aurora Traducción

Este volumen reúne poemas, relatos y notas de quien fue una traductora brillante, la primera lectora de la obra de Julio Cortázar y su albacea literaria pero contiene además la transcripción de la única y extensa entrevista que concedió. ¿Hace falta decir algo más? Por si es necesario, Bernárdez no solamente fue “la mujer de” (“El libro tiene un solo lector: Aurora”, diría Cortázar de su Rayuela) sino una increíble traductora al francés, inglés, e italiano de autores como Flaubert, Faulkner y Nabokov.

Plus: Luna Miguel – El coloquio de las perras

Imprescindible manifiesto feminista literario que se encarga de traer de vuelta al centro de la escena a aquellas escritoras hispanoamericanas que han sido “borradas” o “ninguneadas” por la historia oficial de la literatura. Elena Garro, Rosario Ferré, Eunice Odio y Marvel Moreno entre otras son rescatadas aquí en una suerte de cónclave espírita donde Miguel repasa sus vidas y les escribe cartas, pidiendo ayuda, respuestas o explicaciones para el difícil tránsito de convertirse en escritora.