Para La Buena Mesa
Resumen de pólemicas del Festival de Cannes: Poca participación
femenina, directores que se repiten y se premian entre ellos, abucheos
en la película inaugural y el origen fallido del asunto en 1939.
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martes, 20 de mayo de 2014
viernes, 16 de mayo de 2014
Caño de escape
Escape a Plutón, iniciativa del escritor y periodista Martín Jali, es un
“club” de recomendaciones y envíos postales de literatura, con énfasis
en autores emergentes.
En 2006, la Unión Astronómica Internacional decretó que por su tamaño
Plutón no debía ser considerado un planeta y así la masa celeste
ubicada a más de cinco millones de kilómetros de la Tierra abandonó su
status dentro del Sistema Solar. Sin embargo, el imaginario popular
insiste en reivindicarlo. Es en esa clave que Escape a Plutón
(EP), un “club de libros” fundado en 2012 por el escritor y periodista
Martín Jali, viene a jugar con la idea de que la mejor manera de
evadirse de la realidad es la literatura. Con más de noventa
suscriptores en todo el país, Jali desafía las leyes del mercado
cultural, que sentencia que los libros se venden a partir de las reglas
del marketing, las modas de las sagas o las agendas mediáticas, y
selecciona cada mes autores tan diversos como Clarice Lispector, Kurt
Vonnegut, Fabián Casas o Jack Kerouac para hacer de la lectura un
vertiginoso viaje a lo desconocido.
El emprendimiento nace a partir de un viejo trauma infantil. Jali
nació y vivió muchos años en San Justo, donde le resultaba difícil
encontrar la literatura que buscaba. Con este recuerdo, años más tarde
organizó el “club de lectores más salvaje del mundo”, en el que cada mes
selecciona un libro y lo distribuye a todo el país. “En el conurbano
hay un vacío y muchos textos no llegan, así que la génesis del proyecto
fue ver de qué manera federalizar el acceso a ciertos libros”, explica.
Con Internet de aliado y una cadena de distribución federal vía Cámara
Argentina del Libro y Correo Argentino, ejemplares “raros” llegan a
muchos lugares donde la literatura es patrimonio de las grandes cadenas
de librerías. Sobre el rango etario de los participantes, los
plutonianos tienen entre 19 y 77 años, lo cual desafía los prejuicios de
que los jóvenes no leen y que la televisión e Internet aniquilaron la
lectura.
¿Qué libros distribuye EP? La selección es una de las cuestiones más
interesantes del proyecto, ya que viene también a revisar la sagrada
relación entre lector y librero, en decadencia a partir de la imposición
de las mega librerías. “Ahora se edita mucho pero el librero lentamente
fue desapareciendo. Eso me impulsó a ver cómo recuperar un espacio de
recomendaciones”, explica Jali, que se considera a sí mismo un
“curador”. Ahí se establece entre los plutonianos una relación de
confianza con un desconocido, lo cual es parte de la magia del asunto.
“Nuestra marca registrada es que cada mes elijamos cosas distintas, que
sea arriesgado, que si vos no leés cómics, de pronto te llegue uno a tu
casa y veas qué onda”, distingue. También hay una intencionalidad puesta
en la intertextualidad: “La idea es que sean textos contemporáneos pero
con cruces con el cine, la música y el teatro”. Si bien el ojo está
puesto en la literatura contemporánea en general, hay un énfasis en
autores argentinos jóvenes, quizás desconocidos para el público masivo.
Parte de esta lógica de mostrar lo que no se ve se vincula también con
emprendimientos de autogestión. “En estos últimos diez años se ha armado
un panorama muy rico de pequeñas editoriales independientes que
rescatamos y que tienen un circuito interesante en ferias, librerías y
autores”, cuenta Jali, pero distingue:”También hay editoriales grandes
que tienen colecciones de literatura argentina muy buenas que no tienen
la promoción correspondiente”.
De un sueño personal a una red de más de noventa socios en todo el
país, EP permite hacer verdad ese difícil reto de leer un libro por mes
pero también genera acercamientos insospechados. Ahora amigo de muchos
editores, Jali reconoce que a partir de las redes sociales, el boca a
boca y la entrega personalizada que hace él mismo de algunos ejemplares
se ha formado una red de plutonianos que no se imaginaba. Es que, aunque
lejano, pequeño y frío, Plutón sigue siendo un buen lugar donde
refugiarse de la rutina y el celular, un planeta —mal que le pese a la
Unión Astronómica Internacional— para leer lo insospechado.
jueves, 15 de mayo de 2014
Columna Cultural
Para Llevalo Puesto - FM La Tribu
Agenda:
Agenda:
- Arranca el BAFI(SU): Festival de cine autogestivo y contracultural en más de diez sedes
- Libercine: Festival de de cine sobre diversidad sexual y género
- Buenos Aires Polo Circo: 6ta muestra internacional de Circo auspiciada por el Gobierno de la Ciudad
martes, 13 de mayo de 2014
Columna de Cine
Para La Buena Mesa
Descubrimos "La Nave Cinética", una escultura con forma de auto/ plato volador que transita por la ciudad de Buenos Aires y proyecta películas en edificios públicos. Esto nos inspiró para buscar otras opciones del cine al aire libre e investigamos el orígen y las características de los antiguos y cariñosos "Auto cines".
De Casablanca a La Boca
Para Sur Capitalino
“La Boca no es sólo Caminito”,
dicen muchos. Pero pocos lugares coinciden y celebran esta idea tanto como
“AlEscenario”, un “espacio de creación y fusión cultural” ubicado en Irala y
Araoz de Lamadrid, frente a la Plaza Matheu y a dos cuadras de Av. Patricios,
que traslada a quien tenga ganas de viajar por el mundo ni bien se pasa la
puerta. Concebido como un centro cultural multifunción, el viejo almacén de las
Sabinas fue reciclado por Paco Damitio (productor musical nacido en Marruecos y
formado en Londres y Barcelona) y Sophia Weber (artista plástica francesa) e
inaugurado en 2009. Actualmente funcionan allí varios ciclos de música en vivo,
obras de teatro y muestras de arte permanente. Pero también se puede comer o
tomar algo: la carta sabores raros con vinos regionales y cervezas de todo el
mundo.
La fusión de cultura, gastronomía y
arte que presenta Al Escenario tiene que ver con la procedencia de sus dueños y
la concepción cosmopolita que tienen del arte. Pero ¿cómo llegan a La Boca un
marroquí trotamundos y una pintora francesa? La historia se remonta a 1905. El
bisabuelo de de Paco emigró al país con su familia desde Francia y su hija quedó
enamorada de nuestra ciudad, pero volvió a Europa y luego se radicó en
Marruecos. Décadas más tarde, cuando se conocieron en París, Paco le contó a
Sophie de ese lugar cálido y lejano llamado Buenos Aires con el que su abuela
fantaseaba en las costas de África y decidieron venir en 1994. Finalmente, la
intención de abrir un espacio cultural se concretó en el 2009, tras la
adquisición del almacén y una transformación arquitectónica inusitada, en la
que se privilegió la acústica del lugar y se pensó el concepto de integración
de todas las artes. Se trata de potenciar a todos los artistas que se acercan. “Buenos
Aires es mucho más creativa que París aunque allá se consuma más arte”,
diferencia Sophie.
Otro de los pilares de “AlEscenario”
tiene que ver con la integración con el barrio. La apuesta convoca a los
artistas locales que lentamente van referenciando el espacio como propio. En
ese sentido los dueños están abiertos a propuestas de todos los vecinos que
quieran expresarse allí. Pero el desafío también está en construir un lugar
para todos los boquenses, no solo los artistas. Con este objetivo, la Fundación
Rafael (que trabaja con los chicos del Barrio Chino) propuso hacer allí en 2011
unas jornadas de exposición y producción que fueron una verdadera experiencia
para aquellos que nunca habían entrado al lugar. Durante todo un mes los chicos
que participaban del taller de arte de la Fundación convivieron con las luces
del teatro, un piano, los veinte mil discos que componen la colección de Paco y
las pinturas de Sophie. “La integración es lenta, pero creo que la gente se
sorprendió mucho para bien”, explica Sophie y confiesa: “nos dijeron que esto
era demasiado lindo para La Boca, pero no hay nunca nada demasiado lindo, eso
es un prejuicio.”
lunes, 12 de mayo de 2014
El pesimismo más sexy del mundo
Para Notas
“El amor es solo una construcción humana, diseñada para distraernos del hecho de que la existencia al final no tiene sentido”
True Detective ya perfila como lo mejor del año
y muestra una forma diferente de abordar la trillada dupla de detectives con
indicios filosóficos originales para la televisión norteamericana.
“El amor es solo una construcción humana, diseñada para distraernos del hecho de que la existencia al final no tiene sentido”
En
1990 ABC emitió de Twin Peaks, una
serie que mostraba el entramado político y social oculto de un pueblo americano
ficticio a partir del crimen de Laura Palmer, de la mano del genial David Lynch.
La oscuridad de la fotografía y cierto aire tenebroso en la puesta en escena
convirtió a la serie en un culto hasta el día de hoy. Diez años más tarde HBO
lanzó The Wire, creación del periodista
y realizador David Simon, que mostró los negocios turbios (drogas, tráfico,
prostitución) de la ciudad de Baltimore con un tratamiento extremadamente realista
y muy poco acorde al relato tradicional norteamericano sobre el bien y el mal. Ambas tiras tienen el privilegio de ser
recordadas por un tono poco complaciente con el tándem de la moralidad
norteamericana de trabajo, familia y propiedad. Ambas criticaron, mostraron y
develaron la corrupción del sistema en los márgenes pero también la falta de
sentido de cualquier resistencia a él. En ambos casos, la sensación de
desencanto se mezcla con un pesimismo extremo: no siempre ganan los buenos.
True Detective (TD) puede ser analizada a partir de esta tradición “pesimista” de cierta televisión norteamericana que viene a demostrar que el propio sistema mainstream yankee no solo se ocupa del “deber ser” simbólico sino también lo critica a partir de un raro escepticismo vinculado a los crímenes que la “buena policía” no puede ni sabe resolver. Pero TD es aún más que eso: en términos filosóficos mantiene una perspectiva ya ni siquiera crítica sino decididamente nihilista, más vinculada a un lector de Nietzsche o Cioran que a un detective. Entre sus líneas más destacadas Rust Cohle (Matthew McConaughey) nos deleita con un verdadero grunge contemporáneo que roza los mejores pasajes de Albert Camus: “Creo que la conciencia humana fue un trágico paso en falso de la evolución. Nos volvimos demasiado conscientes de nosotros mismos, la naturaleza creó un aspecto separado de ella, somos criaturas que no deberíamos existir de acuerdo a la ley natural. Somos cosas que funcionan bajo la ilusión de tener un ser propio, una acumulación de experiencias sensoriales y sentimientos, programada para asegurarnos que somos alguien, cuando en realidad nadie es nadie. Quizás lo más honorable que podríamos hacer como especie es negar esa programación, dejar de reproducirnos, caminar de la mano hacia nuestra propia extinción, una última noche, hermanos y hermanas, excluyéndonos voluntariamente de un contrato injusto”.
Hay cuatro cosas que hacen que TD sea la serie del año más allá de esta tradición: 1) Está escrita íntegramente por el profesor de literatura Nick Pizzolatto, lo que le confiere a la serie una intertextualidad literaria difícil de encontrar en otros envíos. 2) La banda de sonido está a cargo del ex guitarrista de Bob Dylan, T-Bone Burnett, lo que deja claro que la música es un elemento primordial en cualquier elemento audiovisual. 3) Todos sus capítulos están dirigidos por Cary Fukunaga, por lo que se genera una solidez impensada para aquellas series de varios directores. 4) El formato de antología, en el que cada temporada cambian los personajes y la historia, recientemente explorado American Horror History, permite una concentración de recursos que hace explotar la pantalla en cada episodio.
True Detective (TD) puede ser analizada a partir de esta tradición “pesimista” de cierta televisión norteamericana que viene a demostrar que el propio sistema mainstream yankee no solo se ocupa del “deber ser” simbólico sino también lo critica a partir de un raro escepticismo vinculado a los crímenes que la “buena policía” no puede ni sabe resolver. Pero TD es aún más que eso: en términos filosóficos mantiene una perspectiva ya ni siquiera crítica sino decididamente nihilista, más vinculada a un lector de Nietzsche o Cioran que a un detective. Entre sus líneas más destacadas Rust Cohle (Matthew McConaughey) nos deleita con un verdadero grunge contemporáneo que roza los mejores pasajes de Albert Camus: “Creo que la conciencia humana fue un trágico paso en falso de la evolución. Nos volvimos demasiado conscientes de nosotros mismos, la naturaleza creó un aspecto separado de ella, somos criaturas que no deberíamos existir de acuerdo a la ley natural. Somos cosas que funcionan bajo la ilusión de tener un ser propio, una acumulación de experiencias sensoriales y sentimientos, programada para asegurarnos que somos alguien, cuando en realidad nadie es nadie. Quizás lo más honorable que podríamos hacer como especie es negar esa programación, dejar de reproducirnos, caminar de la mano hacia nuestra propia extinción, una última noche, hermanos y hermanas, excluyéndonos voluntariamente de un contrato injusto”.
Hay cuatro cosas que hacen que TD sea la serie del año más allá de esta tradición: 1) Está escrita íntegramente por el profesor de literatura Nick Pizzolatto, lo que le confiere a la serie una intertextualidad literaria difícil de encontrar en otros envíos. 2) La banda de sonido está a cargo del ex guitarrista de Bob Dylan, T-Bone Burnett, lo que deja claro que la música es un elemento primordial en cualquier elemento audiovisual. 3) Todos sus capítulos están dirigidos por Cary Fukunaga, por lo que se genera una solidez impensada para aquellas series de varios directores. 4) El formato de antología, en el que cada temporada cambian los personajes y la historia, recientemente explorado American Horror History, permite una concentración de recursos que hace explotar la pantalla en cada episodio.
Finalmente,
la historia es trivial: dos policías, un crimen con ribetes de tipo místicos.
Fin. La forma de narrar sí arriesga un poco con los flashbacks: algunos sucesos
son en 1995, otros en 2012. Las actuaciones de Woody
Harrelson y Matthew McConaughey son complementarias y muestran las
dos caras de la masculinidad norteamericana. Por un lado el policía malo que lo
sabe todo y es infeliz (McConaughey) y luego el policía bueno que no
sabe nada pero busca la felicidad (Harrelson). “Lo que intentamos
deconstruir son los arquetipos de la masculinidad de la posguerra – le explicó Pizzolatto
a Entertainment Weekly– “Son los hijos de Vietnam, criados por padres que fueron
a esa guerra, y ésa es la narrativa que vive en ellos, lo sepan o no”,
El
último dato es desopilante: si de oscuridad se trata, Woody Harrelson es hijo
de Charles Harrelson, un famoso criminal y sicario responsable del primer
asesinato de un juez federal en la historia de Estados Unidos en 1979. Pero Woody
también es un activista pro legalización de la marihuana y fue arrestado por
cultivar. Parece que el policía bueno no es tan bueno al final de todo. Como
todo en esta serie, nada es lo que parece.
jueves, 8 de mayo de 2014
Columna Cultural
Para Llevalo Puesto - FM La Tribu
Agenda:
Además: Contamos la experiencia de "Tiranos Temblad" un fenómeno de realización audiovisual independiente en Uruguay que muestra todo lo que la gente sube a la web vinculado al país vecino.
Agenda:
- Homenaje a Cannes: 50 películas para celebrar los 50 años de cooperación franco-argentina en la Alianza Francesa
- Cinema Made in Italy con 15 films italianos fuera de circuito comercial
- 4to Festival Internacional de Cine Político de Buenos Aires
- Once películas en el Once: ciclo de cine judío en el Abasto
Además: Contamos la experiencia de "Tiranos Temblad" un fenómeno de realización audiovisual independiente en Uruguay que muestra todo lo que la gente sube a la web vinculado al país vecino.
martes, 6 de mayo de 2014
Columna de cine
Para La Buena Mesa - AM750
Películas que no fueron: Napoleón de Kubrick, los Quijotes de Welles y Gillian, la tristeza rusa de Eisenstein y el Batman de Aronofsky.
Películas que no fueron: Napoleón de Kubrick, los Quijotes de Welles y Gillian, la tristeza rusa de Eisenstein y el Batman de Aronofsky.
sábado, 3 de mayo de 2014
Un combo de fútbol y marxismo
Para Notas
Condenados al fervor y Manos libres son dos obras escritas y dirigidas por Alejandro Lifschitz en las que se abordan algunas de las más importantes pasiones y manías nacionales. Fútbol, militancia, argentinidad y marxismo.
Condenados al fervor y Manos libres son dos obras escritas y dirigidas por Alejandro Lifschitz en las que se abordan algunas de las más importantes pasiones y manías nacionales. Fútbol, militancia, argentinidad y marxismo.
Una mujer a punto de parir durante la final del mundo entre Argentina
y Brasil no parece tener mucho que ver con el marxismo universitario,
sin embargo estos dos contextos se superponen todos los viernes en el
Espacio Polonia, cuando Condenados al fervor y Manos libres
son representadas por actores amateurs a partir de un trabajo de
producción de dramaturgia en talleres vía improvisación, de la mano del
docente, actor y director Alejandro Lifschitz.
Se trata de un “taller montaje”, en el que los asistentes pueden no
ser necesariamente actores profesionales, pero lo que se va gestando
proviene de sus propias experiencias. Así se construye una variante de
teatro comunitario en Buenos Aires, donde pareciera que prolifera un
teatro off del off, en circuitos alejados del centro. Es que según
Lifschitz aquí hay más obras por fin de semana que en Nueva York. “Así
como vas a Brasil y tenés pibes por todos lados jugando al fútbol en
cualquier galpón en Buenos Aires tenés tres tipos haciendo teatro”,
explica el actor/director. Pero ¿cómo es esta dinámica de teatro entre
todos? “En principio voy llevando propuestas de investigación, hay un
ida y vuelta permanente que los potencia a ellos como actores y después
sobre eso me pongo a escribir”, explica Lifschitz y cuenta que en el
caso de Manos Libres fue la gorrita del Che Guevara lo que
terminó de definir la temática de la obra. “Le quedaba tan bien al actor
que decidimos que teníamos que hacer algo con eso”, recuerda.
Sin hacer muchos spoilers, Condenados al fervor transcurre
en una situación de parto en medio de la final mundialista soñada:
Argentina se enfrenta a Brasil en el Maracaná mientras que padres,
médicos y asistentes tratan de lidiar con el fanatismo futbolístico al
tiempo que un nuevo argentino llega al mundo. Por su parte, Manos libres
plantea un cruce interesante entre el micromundo de la militancia
universitaria y la retórica marxista y la dura realidad capitalista que
lo rodea, además de mofarse de muchas de las cuestiones más
caricaturescas de los ámbitos políticos. En palabras del autor, la obra
“intenta mostrar el divorcio de lo militante con los sentimientos y el
enamoramiento”.
Aunque actualmente se haya alejado de la política, Lifschitz
participó como presidente del centro de estudiantes de su colegio
secundario y asistió a las asambleas del 2001, entonces sabe de lo que
escribe. Sin embargo, más allá de la reflexión política que puedan
producir sus obras, la forma colectiva en la que construye la
dramaturgia también muestra su costado asambleario. “Estudié hasta
tercer año la carrera de sociología y a la vez era militante, entonces
me rio de mi en ese momento”, confiesa.
Por otro lado, estas obras son producidas por Borombó contenidos, un
grupo de comunicación comunitaria que se sumó a este proyecto hace pocos
meses. En ese sentido, las obras, su difusión y su anclaje político
parecen ser un solo asunto. “Lo que me gustó en la dinámica de ellos es
que había más compromiso, se ponían la camiseta de otra forma”, señala
Lifschitz. Por su parte, desde Borombó apuestan a una manera diferente
de difundir obras de teatro independientes, vía redes sociales o
coordinando con otros colectivos. “Apoyamos a los grupos comunitarios,
porque creemos que esta tipo de organización es un caldo para un nuevo
desarrollo del arte, donde la puesta innovadora es pensada por muchos y
para miles”, explican. En relación a eso, pareciera haber una tensión
permanente entre los circuitos off o comunitarios y las producciones
para el público masivo que Manos Libres desafía con su tercer
año en cartel. Desde Borombó también entienden que existen límites a la
hora de plantearse un objetivo que pase por la autogestión y salga bien:
“Nos ha pasado de ver grupos de teatro que surgieron en el
cooperativismo y hoy se alegran de estar en calle Corrientes y lo que
podría haber servido como antecedentes cooperativos se transforman en un
uso y abuso del término para llegar a reproducir lo mismo que en
principio evitaron”, diferencian.
FICHA TÉCNICA
Condenados al fervor
Autoría: Alejandro Lifschitz
Actúan: Juan Aráoz De Cea, Paula Bonomini, Juan Angel Coria, Nicolás Esteban Guede, Juan Martin Marinelli, Josefina Pécora
Autoría: Alejandro Lifschitz
Actúan: Juan Aráoz De Cea, Paula Bonomini, Juan Angel Coria, Nicolás Esteban Guede, Juan Martin Marinelli, Josefina Pécora
Manos libres
Autoría: Alejandro Lifschitz
Actúan: Juan Aráoz, Ailín Hercolini, La Meana, Ariel Moldes, Raquel Salvetti, Maria Tibi
Escenografía: Grupo Manos Libres
Autoría: Alejandro Lifschitz
Actúan: Juan Aráoz, Ailín Hercolini, La Meana, Ariel Moldes, Raquel Salvetti, Maria Tibi
Escenografía: Grupo Manos Libres
ESPACIO POLONIA
Fitz Roy 1477
Capital Federal
Web: http://espaciopolonia.blogspot.com
Fitz Roy 1477
Capital Federal
Web: http://espaciopolonia.blogspot.com
jueves, 1 de mayo de 2014
Laburar por amor al aire
Por estos días y tras años de trabajo colectivo, Radio Calibán estrenará
la FM 93.1. Mientras, sólo desde Internet enfrenta la exacerbación
mediática de la violencia.
Roberto Fernández Retamar es un poeta y teórico literario cubano
referenciado como una de las mejores plumas de la isla caribeña. Uno de
sus escritos más conocidos es Calibán, ensayo en el que retoma al clásico personaje salvaje de La tempestad,
de Shakespeare, y analiza discursos de Fidel Castro. Muy lejos de estas
controversias políticas y literarias, en 2010 y a la vera del Riachuelo
en Lanús, emerge Radio Calibán
(RC), una emisora cooperativa que le debe su nombre a Fernández Retamar
y que lleva adelante el espíritu de lo salvaje que implica hacer un
proyecto comunitario allí donde nadie espera que nada crezca.
Calibán nació a partir de una torre de transmisión cedida por Radio
Sur (el proyecto comunicacional del Movimiento Territorial de
Liberación) a un grupo de estudiantes que había colaborado con el armado
de esa estación. Ellos se contactaron con el colectivo Manos Caracol,
que trabaja en El Pueblito, un asentamiento lindero a Villa Jardín.
Luego apareció la gente de Lanús TV, que ayudó a instalar la torre de
transmisión en el galpón cedido por los “caracoles”. A partir de este
núcleo original, surgió la necesidad de una financiación para las
instalaciones, que se resolvió a través de un pedido de subsidio a la
Universidad de Buenos Aires. En ese sentido, la apertura vinculada a la
Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual parece clave. Victoria
Silber, miembro de RC, lo deja claro: “Desde su sanción, todos los
proyectos comunicacionales comunitarios tienen una recepción diferente
en los organismos estatales, más allá de si cumplen al 100 por ciento
los requisitos exigidos, porque lo que está de fondo es la política de
fomentar, alentar y promocionar lo cooperativo”.
El subsidio de la UBA originó una convocatoria de RC dentro de la
universidad: sus integrantes ofrecieron capacitaciones y talleres, a
través de los que más gente con ganas de participar se acercó. Daniela
González, actriz y estudiante de comunicación, se sumó en ese momento.
Ahora, tres años después, no puede imaginarse a sí misma fuera del
proyecto. “Hay que pensar la vida en base a la radio, cada acción en
relación a cómo llevarla a la radio”, señala.
Actualmente la emisora transmite por Internet pero la idea es ponerla
en el éter. En ese sentido, la cuestión territorial es muy importante
porque un objetivo central del plan Calibán es que sean los vecinos del
barrio los principales oyentes. Sin embargo, la articulación con ellos
es todavía incipiente: es difícil conectar un proyecto comunicacional
con un sector social que se ha visto relegado de los grandes medios.
Johnattan Rellan lo resume: “Los medios de comunicación masivos toman
los temas del barrio únicamente de forma represiva, sólo ingresan cuando
hay algún incidente vinculado con la violencia”.
Con respecto a la programación, las perspectivas son a largo plazo
porque la búsqueda tiene que ver con la profesionalización. En ese
sentido, Sebastián Rodríguez, que estudia radio desde que se sumó al
proyecto, sentencia: “Es muy difícil competir en calidad o contenidos
con las radios comerciales pero la única forma es capacitarse, porque
los productos de calidad los hacen los profesionales. Uno puede hacer
cosas con muy buenas intenciones pero que después nadie va a querer ver o
escuchar porque están mal escritas o mal comunicadas”. Los productos
culturales agrupados en el sistema de medios públicos parecen ser la
pauta de RC. “Cuando ves el nivel de calidad de la Televisión Pública te
das cuenta que ése es el camino a transitar”, apunta González.
Este concepto de profesionalización trasciende lo meramente técnico,
ya que varios de los “calibanes” sueñan con vivir de la radio, aunque
pocos se imaginan que vaya a ser posible en los próximos años. Sin
embargo, el objetivo de que el medio funcione solo aparece desde un
principio, más allá de que ahora se sostenga como una apuesta voluntaria
o militante. En línea con esta forma de construcción, el grupo se
organiza en asambleas, con resoluciones consensuadas. “Cuando empezamos
armábamos comisiones para todo, pero después nos dimos cuenta que
funcionamos mejor en un grupo más grande”, cuenta Carolina Leberman,
politóloga y fotógrafa.
¿Cómo se hace una radio desde cero, entonces? El secreto es el
trabajo, el trabajo y el trabajo. Los veinte integrantes de RC
comenzaron rasqueteando paredes, aprendiendo sobre instalaciones
eléctricas en YouTube, pidiendo favores y tejiendo redes con
instituciones y otros colectivos. Por estos días y finalmente saldrán al
aire por la FM 93.1, desde el Riachuelo al mundo. Quien quiera oír, que
oiga.
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