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sábado, 22 de octubre de 2022

WikiAssange: Cinco películas para entender las múltiples aristas del caso Julian Assange

Para JacobinLat (Versión papel)

En junio de 2022 la ministra del interior del Reino Unido Priti Patel aprobó la extradición de Julian Assange a Estados Unidos, donde afronta 175 años de cárcel por publicar información confidencial sobre las vejaciones a los derechos humanos cometidas por el gobierno norteamericano en las guerras de Irak y Afganistán desde el ya mítico sitio Wikileaks. Esta decisión viene a reavivar un conflicto que ya lleva más de una década y genera una controversia internacional como pocos otros casos.   

Assange está preso en la cárcel de máxima seguridad de Belmarsh en Reino Unido, a la que llegó luego de su expulsión de la embajada de Ecuador en 2019, donde residió como asilado político por intermediación del ex juez español Baltazar Garzón y el visto bueno de Rafael Correa. En 2019, ya enemistado con Correa, Lenin Moreno tomó la decisión de dejarlo a su suerte, alegando que se trataba de un espía común y corriente y que había destrozado las instalaciones de la embajada. Pero este cambio de suerte puede entenderse a la luz de que ese año Wikileaks había hecho pública una investigación por sospecha de corrupción contra Moreno conocida como los “INA Papers”.

El fin del asilo dejó al periodista australiano a la buena de las autoridades británicas, quienes lo mantienen recluido desde entonces en una cárcel de alta seguridad por haber violado normas de libertad condicional que se le impusieron en 2010 por cargos de abuso sexual en Suecia que se han retirado. Sobre los cargos en Estados Unidos, pesan sobre él 18 delitos, de los cuales 17 se enmarcan en la Ley de Espionaje de 1917.

Finalmente, hace unas semanas el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador explicitó ante la prensa que México estaría dispuesto a otorgar asilo político a Assange, mientras que la mujer del periodista, la abogada Stella Moris, que forma parte de su equipo legal y conoció a Assange en la embajada, empezó una gira internacional por medios de izquierda y asociaciones políticas para evitar que se lo extradite. Según ella, en caso de que se lleve a cabo el traslado el futuro de su marido sería la muerte, ya sea por suicidio o por cadena perpetua.  

Con todo, el Affaire Assange no deja de ser una usina de discusiones sobre los límites del imperialismo en la democracia occidental, pero también ilumina sobre el complejo entramado de la información en la era digital. Para entender más sobre el tema, recomendamos cinco películas.


1) Risk (Laura Poitras, 2016)

Filmada durante seis años siguiendo a Assange en su derrotero desde 2010, esta película es el fin de la “Trilogía de la guerra” de la mano de la documentalista ganadora del Óscar Laura Poitras, quien recibió varias amenazas por este y otros trabajos y fue incluida en listas negras de la Casa Blanca y Hollywood. Su serie de filmes denuncia las violaciones a los derechos humanos cometidos por el ejército de Estados Unidos en Irak y Afganistán, incluye retratos de la vida de los iraquíes bajo ocupación estadounidense y recibió numerosos galardones en todo el mundo. En este caso, lejos intentar generar un busto idealizado del personaje/mito Assange, la propia voz en off de la creadora aborda lo que ella llama “las contradicciones de un hombre poco normal” y sirve para entender el mundo privado de Assange desde una mirada anti-belicista. También incluye los asuntos personales que se le cruzaron a Poitras durante el rodaje, inlcuido las denuncias de abuso sexual por parte de uno de los miembros del equipo de Wikileaks con el que ella tuvo una relación y que terminará renunciando al equipo.

2) Underground, la historia de Julian Assange (Robert Connolly, 2012)

Basada en un libro firmado por Assange y su compañera de aventuras informáticas Suelette Dreyfus en 1997, esta película australiana cuenta los orígenes del periodista como hacker y activista en su país natal, junto con un grupo de amigos universitarios que se meten en todo tipo de problemas en los albores de internet. Aquí se muestra la infancia y adolescencia de Assange, que con su hermano y su madre vivió escondido por años y tuvo que mudarse muchas veces tratando de huir de su padrastro violento. Como es una ficción, la película también sigue a el detective que trata de capturar a Assange cuando él y sus secuaces ya han accedido a varias computadoras pertenecientes a una universidad, una compañía de telecomunicaciones y otras organizaciones para detectar errores de seguridad y quebrar sus sistemas. Esto le vale a Assange cargos en Australia de los que se libró con una multa pero siguen siendo el bautismo de fuego para el activista, profeta en su propia tierra desde su más tierna infancia.

3) We Steal Secrets: The Story of WikiLeaks (Alex Gibney, 2013)

Contrariada desde el título por el colectivo Wikileaks en su web (“Nosotros no robamos, a nosotros nos llega información y solo la publicamos”), este documental dirigido por el ganador del Oscar en 2007 es la versión más oficial del affaire Assange pero no por eso deja de ser controversial. En ella se relata el origen del hacker en Australia pero también la creación y crecimiento de Wikileaks desde su creación en los dos mil. Hace eje además en el derrotero personal, militar y político de  Chelsea Manning (antes de su cambio de genero Bradley Manning), la soldado que filtra los cables de la CIA más explosivos en 2010 que llevan al hacker y su web a la fama.

4) El juez y el rebelde (Clara López Rubio & Juan Pancorbo, 2017)

Esta película española sigue los pasos de Assange desde que en 2012 el ex-juez español Baltazar Garzón decidiera representarlo. Se puede ver en detalle aquí las negociaciones que llevaron al asilo en la embajada ecuatoriana y las gestiones para que la ONU emitiera un dictamen condenando la persecución inglesa sobre el periodista australiano. Con un tono a mitad de camino entre alegato por la libertad de expresión y diario de trabajo de un equipo jurídico logra retratar de manera efectiva la cotidianidad del entorno de Assange en la embajada y sus estrategias legales.

5) Citizenfour (Laura Poitras, 2014)

Mientras seguía a Assange por cielo y tierra para el documental sobre él que estrenaría recién en 2016, en enero de 2013 Laura Poitras comenzó a recibir correos electrónicos cifrados firmados por un tal "Citizenfour" que le aseguraba tener pruebas de los programas de vigilancia ilegales dirigidos por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) en colaboración con otras agencias de inteligencia en todo el mundo. Era Edward Snowden, quien finalmente contactó con Wikileaks para que lo ayudara a recibir asilo político en Rusia. Ganador del Oscar, este documental muestra la potencia de los llamados “whistleblower” (soplones) de los cuales Assange y su web se nutren continuamente y cada tanto desestabilizan la agenda internacional con más o menos éxito real frente al panóptico poder del imperio. Sirve para entender el calado global que tiene Wikileaks como plataforma de expresión de todos aquellos que quieran develar secretos confidenciales pero también como un partido político extra territorial que cuida a los suyos.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Exilio for dummies

Para Notas Al Pie



No das más, no podés vivir más así. Le dijiste a todo el mundo que si ganaba Macri te ibas del país. Así de determinado sos, así de idealista, de principista, de arrebatado, qué genial. Te vas a ir del país. Tenés amigos en México, parientes en Madrid, una ex novia que está flasheando kiwis en Nueva Zelanda. Fantástico. Alguno de ellos te tiene que hacer la segunda. Vos te vas, vos te fuiste, chau.

En julio de 2014, haciendo gala de una increíble clarividencia política, vaticiné: “Gana Scioli, cumplo 30, me voy a la mierda”. Pues bien, cumplí 30, renuncié a cuatro trabajos, levanté un departamento entero, le grité desnuda a un tipo que estaba enamorado de mí que me iba a ir sola, reduje mi placard y mi biblioteca a 40 kilos y me fui del país. Pero Scioli no ganó. Fue peor, todo siempre puede ser peor.

Dieciocho meses y cinco países después escribo lo que ningún blog de viajes te va a contar nunca: las cosas horribles que te van a pasar cuando te autoexiliás. Son todas un bajón pero, aún así, como la explicación de “por qué te tenes que ir de la casa de tus padres” cuando sabés que “te tenés que ir de la casa de tus padres”, la explicación de “por qué te tenés que ir del país” es la explicación de “por qué te tenés que ir del país”. Es decir, inexplicable. Anda y hacelo: la experiencia es intransmisible. Andate de la tibia comodidad del “malo conocido”, de la casa de tus padres y de Macrilandia. Después, tratá de contarle el peronismo a un austríaco, hacé un cuadro sinóptico en alemán sobre cómo funcionan los medios en nuestro país, juntate con un cordobés en Sydney que te diga que está contento porque no hay más cadenas nacionales.

Andá, hacelo, sé libre.

Pero preparate, te van a pasar cosas que nunca te pasaron antes, así que no vas a saber cómo reaccionar. Probá llorar.

Batallas


No perdés nada, te van a decir. Mentira. Perdiste. Peor: renunciaste. Porque renunciar no es perder, es peor. Creés que podrías haber ganado, pero esa batalla ya no es tuya. Que la gane otro, suerte. Renunciaste a tu trabajo, a la comodidad de lo conocido, a lo mismo de siempre. Eso ya no te interesa, esa ya no es más tu guerra. Pero, aunque no perdiste, si renunciaste era porque estabas jugando(te) algo, eras parte de algo, pertenecías. Ahora tu batalla va a tener que ver con pertenecer a otra cosa, a otra parte, a otra verdad. Y toda la energía que gastes en seguir perteneciendo a tu lugar de origen no la vas a poner en el lugar donde estás viviendo. Porque aunque estés viajando, estás viviendo en alguna parte. Según la Real Academia Española, el “exilio” es ese lugar donde viven los exiliados. Eso quiere decir que los exiliados (los que renunciamos, los que nos fuimos) vivimos todos en el mismo limbo. Ese no-lugar en el que vas a vivir se construye de pedazos de cosas de varios lugares a la vez, o de todos los lugares a la vez.

Podés seguir perteneciendo a un lugar donde no vivís en 2017, podés tener novios virtuales, relaciones a distancia, vía mails, chats, skype, facetime. Podés, pero no necesariamente vas a querer. Por algo te fuiste en primer lugar. Entonces, primero vas a renunciar y después vas a perder. No vas a estar para el cumpleaños de tu hermano, para el parto de tu amiga, para cuando tu mamá cobre su primera jubilación, para la boda de tu prima y un montón de ocasiones más. Te va a doler. Vas a extrañar. No vas a saber qué es lo que extrañás porque no la pasabas bien, no era tu lugar, había algo que no estaba bien. Pero vas a extrañar, una barbaridad. Entonces te vas a involucrar con algunas noticias, algunas novedades de la revolución de la alegría, y te van a decir “Pero no te hagas problema a XXX de distancia, vos no podés hacer nada allá”. Mentira: te podés preocupar. Y ahí un descubrimiento maravilloso de abandonar cosas: que te deje de importar lo que te importa es tan imposible como que te importe lo que no te importa. No lo intentes, es energía perdida al pedo. Entonces vas a extrañar y te va a doler. Todo. Si te dolía acá te va a doler donde estés. Porque al mismo tiempo que vos perdés referencia de donde estás (estás en el exilio, no estás en ninguna parte), el lugar de donde venís se transforma a velocidades asombrosas (y destructivas) (y neoliberales) (y represivas). Entonces, el dolor de haber abandonado algo no necesariamente es igual a haberlo perdido (no es lo mismo irse a que te echen) pero sigue doliendo. Todo te va a doler: el ajuste, la represión, los despidos, la censura. Además, te van a llamar por teléfono y te van a contar los problemas reales que le trae a tu círculo las medidas del macrismo. Probá no atender, a ver cómo te va.

Uno de los mayores miedos que tuve durante este viaje fue que al volver, mis amigos y parientes “me cobren” no haber estado acá durante el primer cimbronazo neoliberal. Tenía pánico de que me tomen como alguien menos afectado que ellos por lo que el gobierno hizo con el endeble Estado de bienestar argentino. “A vos qué te importa, si total te fuiste” y “Claro, es fácil opinar estando afuera” se mezclaron en mi bandeja de entrada mental con “Qué bien la hiciste” o “No te puedo explicar cómo te envidio”. Todavía me pregunto qué envidian y por qué no pueden hacer lo que envidian que hice. Sólo hay que hacerlo. Y atenerse a las consecuencias.

Distancias

La distancia no existe, la inventás vos. Si querés, si podés, si te dejan. No se puede estar en un solo lugar en 2017. Estamos todos juntos todo el tiempo. Nuestra generación no conoce tal cosa como el arraigo. Somos nómades virtuales hace años y pasar al nomadismo real no nos cuesta demasiado. Pero si Internet nos posibilita la comunicación permanente y la selección de realidades a de las que queremos participar, ¿para qué molestarnos en salir de la zona de confort que brinda nuestro smartphone? porque la realidad virtual también se te trastorna cuando estás lejos de tu país de origen.Y eso es lo que estás buscando yéndote de tu país de origen: trastornar todo. Cuando “vivís afuera”, esa disociación entre real y virtual se duplica y cuánto más tiempo pases colgado de Internet más tiempo vas a relacionarte con el mundo que dejaste atrás. Es más fácil cambiar de país que cambiar de consumos digitales. Es más fácil trabajar en otro idioma que deshabituarte a tus apps preferidas. Es mucho (mucho) más simple hacerte amigos de todas las religiones y nacionalidades en la vida real que dejar de consumir noticias argentinas.

Desde la campaña 2015 me acostumbré a leer el muro de Facebook de Macri y los comentarios de los fans. Es un deporte extremo para un peronista. Estaba a 15 mil km de Argentina y aún así lo seguía haciendo. Lo mismo puede aplicarse a los conocido de siempre: durante el primer año del gobierno PRO esos comentarios oscilaron entre reacciones de enojo, ira asesina, resignación y convocatorias a manifestaciones de todo tipo y factor. No estamos ahí pero sabemos que pasan cosas que nuestros amigos y parientes se encargan de manifestar online. A eso hay que agregarle los chats, las conversaciones telefónicas, los mails. La distancia dejó de existir pero a la vez vos estás lejos ¿Cómo podés evidenciar lo lejos que estás? Cuando finalmente sentís que alguien te necesita. Ahí sí que no estás; ahí sí que hablar por teléfono no sirve; ahí sí, olvidate de toda la fibra óptica del mundo. Durante mi viaje se murieron las madres de dos amigos queridos, otros se separaron y a otros los echaron del trabajo. Frente a eso grabé audios de Whatsapp, escribí, chateé, chateé, chateé más y más y más. Y me sentía lejos igual. El sobreestímulo digital que padecemos y gozamos al mismo tiempo se te viene en contra cuando estar lejos es realmente estar lejos. 

Y ni hablar si estás enamorado. La distancia convierte a los amores en dinamita. Los incendia por la ausencia, los enaltece por el misterio de lo inalcanzable. Por favor: no te vayas de viaje si estás enamorado de alguien. No solo no te lo vas a olvidar, sino que probablemente vayas a redoblar la apuesta a través de vías digitales. O peor: probablemente termines volviendo más enamorado de lo que te fuiste y la persona simplemente te diga que quiere ser tu amigo, que cómo te vas a confundir chats con otra cosa, por favor. 

Códigos: sufrir vs. disfrutar y disfrutar sufrir

Warning Alert: la tilinguería porteña te va a decir que “disfrutes” porque, como te fuiste de Buenos Aires, todo es maravilloso todo el tiempo. ¡Ay, Buenos Aires! esa secta, ese ghetto, esa cloaca infecta de cocainómanos con los que se acostaron todas mis amigas y después le contaron a otras amigas que conocían otra gente que también se había acostado con ellos antes. Qué cosa hermosa la endogamia y la promiscuidad de los ambientes porteños. Y ese cinismo de sobreeducados, sobrepsicoanalizados, sobreinterpretados, que consumen irónicamente su propio consumo irónico del consumo no irónico del no consumo. Quieren ser París, quieren ser NYC, quieren ser, aunque sea, Sao Pablo. Quieren ser de todo menos porteños. Tienen la fantasía de que si no hubieran expulsado a los ingleses ahora serían Australia. Siempre añorando, siempre culpando a la generación anterior o a la precedente, siempre echándole el muerto al partido político contrario o a los pobres, o a los oligarcas, o a los gorilas, o a los peronistas. Siempre mal. Cuanto peor, mejor.  Pero mal, siempre mal. “Te fuiste de un lugar donde todo el mundo se quiere ir y nadie se anima”, me dijeron. Voilá. La espiral neurótica es viejísima: quejarse y sufrir, quejarse y sufrir y quejarse y sufrir. Por definición el porteño sufre de vivir en Buenos Aires pero no puede no vivir en Buenos Aires. Entonces, vas a salir al mundo exterior con algunas variables que vas a tener que modificar: en principio, no todo lo que no sea Buenos Aires es divertido y alucinante. Por el solo hecho de irte de la casa de tus padres tu vida no va a ser color de rosa. Eso es un razonamiento adolescente. El problema es que afuera de Buenos Aires el porteño también va a necesitar sufrir para vivir o, mejor dicho, va a disfrutar-sufrir. Recordemos que sufrir es un valor y pasarla mal está bien visto al punto de competir en la mesa familiar sobre cuál es la peor tragedia entre los comensales.

Finalmente, tras unos meses de no entender por qué la gente en otras latitudes no disfruta del masoquismo sino que tiende a querer pasarla bien, vas a caer en cuenta de algunas verdades dolorosas para un porteño medio: Estresarse está sobrevalorado. Sufrir está sobrevalorado. Pasarla mal está sobrevalorado. Ser cínico es facilísimo en la era de la posverdad. A lo que hay que animarse es a ser entusiasta, optimista y, sobre todas las cosas, a no disfrutar del sufrir. De los códigos porteños, ese fue el que más me costó sacarme de encima. Con Macri, esa tendencia se ve agudizada por la sobreabundancia de motivos reales para pasarla mal, sin contar la catarata de malas noticias que brindan los medios masivos de comunicación, sea los que hablan mal del gobierno actual como los que hablan mal del gobierno anterior. Sufrir en la era Macri es, como mínimo, esperable, aún cuando no se trate de personas que gozan de un masoquismo extremo como los rioplatenses. Entonces vas a empezar a desentonar el triple: no solo ya no querés pasarla mal sino que, al no vivir una realidad agobiante como la que propone el gobierno de los CEOS, no vas a tener más motivos que el común de la gente del universo para sufrir. Cómo vas a volver a juntarte con tus amigos o parientes después de ese cambio de esquema mental y sentir que pertenecés, problema tuyo.
Códigos: adicción al enfrentamiento


Junto con la vanidad del sufrimiento, después de un tiempo fuera de la madre patria te asombrará la violencia y agresividad con la que los porteños demuestran afecto e incluso dudarás de que eso sea afecto. Hacés bien: probablemente eso no sea afecto sino más bien neurosis y muchas, muchas ganas de pelear (porque sí). Ya sea por el asunto futbolístico, la lucha de clases, el peronismo  o cualquier otra antinomia posible adoramos el conflicto, el enfrentamiento, la violencia simbólica, política, verbal, intelectual, física, etc. Basta ver cualquier foro de cualquier diario para evidenciar esa tendencia o la guerra de guerrillas digitales que instalaron los “call center” del PRO a través de su estrategia de comunicación. La famosa grieta no es más que una expresión de una idiosincrasia muy particular que combina un permanente resentimiento con ansias de demostrar que el otro es inferior o está equivocado. Me habían advertido que las reuniones, relaciones y conversaciones se crisparon más y más con la llegada de Macri al gobierno, dado lo impopular de muchas de sus medidas. Sin embargo, cuando volví al país después de un año y medio de viaje, el común de las conversaciones de mi círculo normal de gente me resultaron violentas. Parte del código que perdí también es ese: cuando quiero expresar afecto expreso afecto y cuando estoy enojada estoy enojada. No estoy enojada porque te quiero, ni te quiero porque me hacés enojar. Con una muerta por día en casos de violencia de género no me parece menor esta observación. Los porteños tenemos una tendencia muy marcada a la agresión como forma de comunicación que se diluye a medida que nos vamos alejando hacia el interior y se desvanece por completo como forma de relación cuando viajamos a otras latitudes. Por algo nos detestan en todo el mundo: somos cancheros, soberbios, gritones, maltratamos a la gente, nos creemos superiores y sobre todo agredimos, luchamos, peleamos por todo, todo el tiempo.




Lo que más me gustó de dejar de vivir en Buenos Aires fue, curiosamente, lo que más me gustó de dejar de vivir en mi violenta casa materna: no tener que discutir todo el tiempo para satisfacer mis necesidades. Dejé de putear al colectivero, al kiosquero, al vecino, al transeúnte, al gobierno, a la policía, a mis colegas, a los parientes y a mis amigos como dejé de putear a mi madre porque no me dejaba vivir en paz. Dejé de ser adolescente, dejé de quejarme, dejé de pensar que afuera de esa casa se vivía mejor porque esa casa era el peor de los infiernos. Ya puedo decir que “viví afuera”, como le gusta decir a la clase alta porteña: afuera de Buenos Aires, afuera de Argentina, afuera de América, afuera de la caja, afuera de mi zona de confort, afuera de occidente, afuera del capitalismo y afuera del área de cobertura. Lo loco es que sigo siendo tan o más peronista que como cuando me fui, aunque ya no discuta sobre política, ni milite en ninguna organización, ni vaya a votar por nadie en octubre. Hay cosas que simplemente no cambian, más allá de las bombas, de los fusilamientos, de los genocidas con 2×1 y la mar en coche.

¿Volver? Podría ser, de visita.

jueves, 16 de julio de 2015

Columna de cultura

Para Llevalo Puesto

Google, Apple y Facebook dejaron de combatir las noticias y crearon apps para que te informes sin salir de sus plataformas: el papel murió, la webpage le sigue. Mobile is first. 

 

lunes, 1 de junio de 2015

Maten al mensajero: "Nuevas formas de contar y escribir"

Para Notas

Según el último censo de la Asociación de Revistas Culturales Argentinas (Arecia), hay más de 300 publicaciones culturales en el país que vienen mostrando formas alternativas de encarar la comunicación. Entre ellas, se destacan las que apuestan no solamente al papel como forma de distribución masiva en lugar de la web, sino a nuevas voces y nuevos encuadres.
“Maten al Mensajero” (MAM) es una revista bimestral gestada desde 2013 a partir de convocatorias a través de redes sociales y una campaña en la plataforma de financiamiento colectivo Idea.me, que vio la luz en mayo de 2014. Se centra en publicar textos inéditos de literatura en un espectro amplio que va desde las novelas por entrega, las aguafuertes o la microficción, pero que también incluye otras formas de narrativa como la historieta o la fotografía. Y aunque alejados a propósito de la coyuntura y la crítica cultural, este universo puede albergar un “biocómic” sobre Rodolfo Walsh o un folletín de no ficción sobre Silvia Suppo, una ex detenida-desaparecida asesinada en Rafaela en 2010.
A la par, la originalidad de esta nueva propuesta no está dada solamente por los formatos narrativos que difunde sino también por la búsqueda de nuevas voces fuera de Buenos Aires. En MAM se selecciona literatura de todo el país, con una clara visión federal. En este sentido, su director, Santiago Kahn, explica: “En Argentina hay una inmensa cantidad de gente talentosa escribiendo, dibujando, fotografiando y nos motiva mucho poder ser un trampolín para que esas maneras de contar lleguen a cada vez más gente”.
A la vez, la apuesta sigue creciendo: “Queremos que la sección vaya rotando cada número por una región o provincia del país, siendo un poco baqueanos y mostrando que existe un mundo enorme de autores que están escribiendo y que quizás no tienen suficiente difusión en otros lugares”.
El sentido federal se refuerza también con la distribución, ese gran problema de las publicaciones independientes. Con más de cincuenta puntos de venta en todo el país y en Uruguay, MAM aspira a largo plazo es poder cubrir todo el territorio nacional y aumentar sus suscripciones, con eje en un lector que pueda aparecer en cualquier parte.
“¿Qué tiene en común un pibe en La Plata que la compra en una comiquería con una suscriptora que la recibe por correo en Puerto Madryn? ¿Qué comparten el que la compra en un puesto de diarios de la línea B de subtes con la que la consigue en una librería de Mendoza?”, pregunta Kahn y responde: “Para nosotros, tienen en común esa pasión por la lectura y una apertura a nuevas formas de contar y escribir”.
El componente visual aparece también como un plus en MAM, reflejo de una forma de acceder a los contenidos que resiste aún en tiempos de internet, en los que el papel empieza a adquirir un valor diferencial, casi vintage. En ese sentido, MAM apuesta alto no solamente con el arte de tapa, singularísimo e intrigante en todos los casos, sino con la estética global de la revista.
Según Kahn, esto forma parte de una “obsesión” editorial. “La revista tiene que ser un objeto bello, atractivo visualmente y -en nuestro caso- con esa pincelada medio retro, ese olor a viejo-pero-nuevo que tiene elegir formas de contar o maneras de ilustrar un relato que no son las que habitualmente se ven en la gráfica nacional”, explica.

Facebook: Maten al mensajero
Twitter: @matenlo

jueves, 1 de mayo de 2014

Laburar por amor al aire


Por estos días y tras años de trabajo colectivo, Radio Calibán estrenará la FM 93.1. Mientras, sólo desde Internet enfrenta la exacerbación mediática de la violencia.


Roberto Fernández Retamar es un poeta y teórico literario cubano referenciado como una de las mejores plumas de la isla caribeña. Uno de sus escritos más conocidos es Calibán, ensayo en el que retoma al clásico personaje salvaje de La tempestad, de Shakespeare, y analiza discursos de Fidel Castro. Muy lejos de estas controversias políticas y literarias, en 2010 y a la vera del Riachuelo en Lanús, emerge Radio Calibán (RC), una emisora cooperativa que le debe su nombre a Fernández Retamar y que lleva adelante el espíritu de lo salvaje que implica hacer un proyecto comunitario allí donde nadie espera que nada crezca.

Calibán nació a partir de una torre de transmisión cedida por Radio Sur (el proyecto comunicacional del Movimiento Territorial de Liberación) a un grupo de estudiantes que había colaborado con el armado de esa estación. Ellos se contactaron con el colectivo Manos Caracol, que trabaja en El Pueblito, un asentamiento lindero a Villa Jardín. Luego apareció la gente de Lanús TV, que ayudó a instalar la torre de transmisión en el galpón cedido por los “caracoles”. A partir de este núcleo original, surgió la necesidad de una financiación para las instalaciones, que se resolvió a través de un pedido de subsidio a la Universidad de Buenos Aires. En ese sentido, la apertura vinculada a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual parece clave. Victoria Silber, miembro de RC, lo deja claro: “Desde su sanción, todos los proyectos comunicacionales comunitarios tienen una recepción diferente en los organismos estatales, más allá de si cumplen al 100 por ciento los requisitos exigidos, porque lo que está de fondo es la política de fomentar, alentar y promocionar lo cooperativo”.

El subsidio de la UBA originó una convocatoria de RC dentro de la universidad: sus integrantes ofrecieron capacitaciones y talleres, a través de los que más gente con ganas de participar se acercó. Daniela González, actriz y estudiante de comunicación, se sumó en ese momento. Ahora, tres años después, no puede imaginarse a sí misma fuera del proyecto. “Hay que pensar la vida en base a la radio, cada acción en relación a cómo llevarla a la radio”, señala.

Actualmente la emisora transmite por Internet pero la idea es ponerla en el éter. En ese sentido, la cuestión territorial es muy importante porque un objetivo central del plan Calibán es que sean los vecinos del barrio los principales oyentes. Sin embargo, la articulación con ellos es todavía incipiente: es difícil conectar un proyecto comunicacional con un sector social que se ha visto relegado de los grandes medios. Johnattan Rellan lo resume: “Los medios de comunicación masivos toman los temas del barrio únicamente de forma represiva, sólo ingresan cuando hay algún incidente vinculado con la violencia”.

Con respecto a la programación, las perspectivas son a largo plazo porque la búsqueda tiene que ver con la profesionalización. En ese sentido, Sebastián Rodríguez, que estudia radio desde que se sumó al proyecto, sentencia: “Es muy difícil competir en calidad o contenidos con las radios comerciales pero la única forma es capacitarse, porque los productos de calidad los hacen los profesionales. Uno puede hacer cosas con muy buenas intenciones pero que después nadie va a querer ver o escuchar porque están mal escritas o mal comunicadas”. Los productos culturales agrupados en el sistema de medios públicos parecen ser la pauta de RC. “Cuando ves el nivel de calidad de la Televisión Pública te das cuenta que ése es el camino a transitar”, apunta González.

Este concepto de profesionalización trasciende lo meramente técnico, ya que varios de los “calibanes” sueñan con vivir de la radio, aunque pocos se imaginan que vaya a ser posible en los próximos años. Sin embargo, el objetivo de que el medio funcione solo aparece desde un principio, más allá de que ahora se sostenga como una apuesta voluntaria o militante. En línea con esta forma de construcción, el grupo se organiza en asambleas, con resoluciones consensuadas. “Cuando empezamos armábamos comisiones para todo, pero después nos dimos cuenta que funcionamos mejor en un grupo más grande”, cuenta Carolina Leberman, politóloga y fotógrafa.

¿Cómo se hace una radio desde cero, entonces? El secreto es el trabajo, el trabajo y el trabajo. Los veinte integrantes de RC comenzaron rasqueteando paredes, aprendiendo sobre instalaciones eléctricas en YouTube, pidiendo favores y tejiendo redes con instituciones y otros colectivos. Por estos días y finalmente saldrán al aire por la FM 93.1, desde el Riachuelo al mundo. Quien quiera oír, que oiga.

domingo, 13 de abril de 2014

Betibú: Misterioso asesinato en el country

Para Notas 


Con más de 100 mil espectadores en la primera semana en las salas, este policial argentino busca atraer al público masivo a través de un planteo clásico y algunos guiños sociales.




Claudia Piñeiro se ha referenciado desde hace algunos años como un lugar cómodo de la literatura argentina. Cómodo en el mejor de los sentidos, ya que muchas veces los autores suelen repetirse para poder dejar tranquilos a sus lectores sobre temáticas o formas. La previsibilidad en estos casos es bien paga, ya que esperamos ciertas cosas de ciertos creadores y las vamos a buscar desesperadamente cuando nos gustan. En el caso de Piñeiro, la temática “country” aparece en tres de sus novelas: “Las viudas de los jueves” (Premio Clarín 2005), “Elena Sabe” (2007) y “Betibu” (2011). La segunda película de Miguel Cohan (Sin Retorno, 2010), ya es un éxito en taquilla y utiliza sin duda la trayectoria de Piñeiro como atractivo. Además, viene a descubrir dos fenómenos encadenados: por un lado la pretensión de cierto cine nacional por buscar un formato más mainstream que genere masividad y por otro lado el éxito de esta estrategia a partir de la gran afluencia del público que generan estas propuestas.


Piñeiro vive en un country hace varios años, de ahí que su retrato de la clase alta que habita en estas macro cajas de cristal sea tan certero, por no decir mordaz. En “Las viudas de los jueves” (el libro) se refleja con una veracidad casi nunca vista el juego de apariencias necesarias para vivir en un barrio cerrado hasta la relación (siempre conflictiva, aunque sea larvadamente) entre los propietarios y la servidumbre. En la película homónima (Marcelo Piñeyro, 2009) este retrato si se quiere más clasista fue subordinado a la trama y ahí perdió parte de su fuerza. En el caso de “Betibú” (el libro), la problemática del country tiene un lugar secundario, pero no por eso menos atractivo. “La Maravillosa”, donde transcurre el crimen principal y la investigación, se nos aparece como “Nordelta” sin grandes dificultades, ya que pocos countries en el país tienen una referencia tan clara asociada a su nombre.

Sin embargo, Piñeiro aquí intenta reflejar otro conflicto contemporáneo, que en la película también se desdibuja: la precarización del trabajo periodístico. En declaraciones radiales, la autora comentó que Betibú apareció en su mente como “una escritora que espera que lleguen los diarios a su casa a la mañana para poder tener ideas para sus novelas”. En el caso del filme, Mercedes Moran parece menos preocupada por la realidad que por sus propios asuntos. Por otro lado, la problemática del periodismo se ve subyugada a la trama del crimen y esto también tiene un contrapunto con la novela. Según Piñeiro, al presentar el libro en otros países era recurrente que se le acercaran periodistas para felicitarla por cómo reflejó “la decadencia de las empresas periodísticas”. 

Más allá de estas cuestiones narrativas, a “Betibú” (la película) le falta algo. ¿Qué falta? ¿Cómo saberlo? Simplemente da la sensación de una pretensión no satisfecha cuando uno sale del cine. Como si el director hubiera querido decirnos: sé cómo se hace un policial, tengo un muerto, un personaje principal, un personaje secundario que le hace sombra, y ya que estamos pongo a Benny Goodman, de la banda de sonido de “Misterioso Asesinato en Manhattan” (Woody Allen, 1993) para arrancar. Pero falta algo y entonces dan ganas de chequear si en el libro ese “algo” aparece. Probablemente sí. Probablemente Piñeiro sepa escribir mejor que lo que Cohan sabe mostrar, así que probablemente “Betibú” (el libro) tenga un repunte de ventas como pasó con “La pregunta de sus ojos” (Sacheri, 2005) tras el éxito de la película de Campanella. En resumen: una película que arroja a los espectadores a leer siempre es una buena noticia, sobre todo si esa película es un éxito en taquilla.  

lunes, 8 de julio de 2013

Informe sobre fobias - RadioEter



¿Qué son las fobias? 
¿Qué tipo de fobias  existen? 
¿Son ataques de pánico? 
¿Son ataques de ansiedad? 
¿Cómo surgen? ¿Cómo se manifiestan? 
¿Hay condicionantes sociales que determinan la existencia de fobias?
¿Cómo cambia la vida de los que padecen esta enfermedad? 
¿Es posible curarse?  

Testimonios de fóbicos, especialistas y profesionales de la salud en un informe radial especial para RadioEter que podés escuchar acá.
 



Producción: Germán Mercurio, Maria Laura Guzmán, Martina Bondone, Leticia Cappellotto. Locución: Maria Laura Guzmán. CC 2013


viernes, 28 de junio de 2013

“Todos podemos hacer algo para cambiar el mundo”




Lo único que puede entregarle Roberto al oficial que lo interroga que acredite su identidad es una fotocopia plastificada de su certificado de trámite del DNI. Es que es peruano y hace apenas seis meses que llegó al país. Mira para abajo cuando la policía lo interroga, pero muestra sin protestar el fajo de mini volantes amarillos con ofertas de sexo que estaba pegando por la Av. Corrientes hasta que lo detuvieron los dos efectivos que caminan junto a “Martes Rojo”. Es que esta organización, nacida al calor de la indignación que provocó el fallo que en 2011 absolvió a todos los imputados del caso Marita Verón y se dedica a despegar las publicidades de oferta sexual en la ciudad, ya se convirtió en un fenómeno urbano y a veces logra incluso más de lo que se propone. 

Convocado inicialmente por la Asociación “Mujeres como vos”; liderada por la licenciada en Ciencias Políticas Carolina Barone, el grupo que hoy conforma las despegatinadoras de la ciudad no es homogéneo, ni muy organizado. Sin embargo, ha impactado durante el 2013 en las calles de varios barrios. La idea es simple: se juntan a sacar de circulación los avisos que ofrecen prostitución en la vía pública, con el prejuicio que esto estaría encubriendo una red de trata. Una de sus integrantes, Guadalupe Urriticoechea, deja bien claro la presunción de culpabilidad que queda detrás de estos actos: “Todos los volantes que están en la vía publica tienen un signo de pregunta y es si esa persona puede ser víctima de trata”. 

Por las dudas, el signo de pregunta se salda por la positiva y los depegatinadores no sólo guardan en bolsas rojas (las que se usan en los hospitales para tirar desechos biológicos) todo aquel papel que aparezca vinculado a la oferta de sexo sino que en varias ocasiones se han topado en su recorrida con los propios pegatinadores. “Estamos metiendo pibes de estos todo el tiempo”; explica Martín Herreriza, el efectivo de la Policía Federal que toma los datos de Roberto y lo mete adentro del patrullero. Este tipo de situaciones parecen no ser exactamente el tipo de “acto político” que buscaba “Martes rojo” cuando comenzó, pero sin duda es parte de la misma problemática: la oferta de sexo en la vía pública. En relación a esto, un par de días después de que se organizara a través de las redes sociales la primera jornada de “despegatinada”, se aprobó el proyecto de la diputada porteña Gabriela Seijo (Pro) que apunta a prohibir toda publicidad que en forma explícita o implícita comporte la oferta de servicios sexuales. Sin embargo, todavía la ley no ha sido reglamentada.

Sin embargo, “Martes Rojo” se expande de forma permanente por toda la ciudad a partir de las redes sociales. Ya se organizaron “Belgrano Rojo”, “Once Rojo” y otros grupos para realizar la despegatina. En ese sentido, Guadalupe apunta a una acción colectiva e individual a la vez: “Si vos querés hacerlo nos escribís y te pasamos todo lo necesario”. En realidad se necesita muy poco, simplemente ganas de salir a recorrer el barrio y una serie de bolsas para guardar la evidencia del comercio sexual. Y es aquí donde el movimiento adquiere aún más fuerza, porque mucho de lo recopilado en estas caminatas va a parar a una causa judicial. “Los volantes se ordenan, se encarpetan y se presentan ante diferentes organismos públicos que combaten la trata”, explica Urriticoechea entusiasta. Así es como lograron que la policía empiece a acompañarlas, porque en algún punto también es un peligro que ambos polos se enfrenten: los pegatinadoras y los despegatinadores. Así es como aparece Roberto en escena y nos muestra que el hilo en general se corta por lo más fino. ¿Quién imprime esos volantes? ¿Quién los diseña? ¿Quiénes son esas mujeres de las fotos? ¿Qué sucede cuando uno llama a esos lugares? “Martes Rojo” no hace esas preguntas, porque ya sabe las respuestas de antemano. Según esta organización toda esta oferta sexual es sinónimo de trata de personas y de esta forma todos estarían involucrados en una cadena de ilícitos, desde Roberto, ahora esposado subiendo al patrullero, hasta aquel encargado de secuestrar a las mujeres que forman parte de la red. 

“Todos podemos hacer algo para cambiar el mundo”, señala Urriticoechea y arenga a sus vecinas de toda la ciudad a prestar más atención sobre aquello que se ha convertido en un paisaje común. “Cuando estás en la parada del colectivo, no podés ni leer, ni nada, sacás los carteles y hacés un acto ciudadano”, explica de forma didáctica. Sin embargo, nada enseña mejor que el ejemplo y aunque caminen con dificultad entre las callecitas del centro, su acción no pasa inadvertida para nadie, y muchos transeúntes se le suman a la movida, entre distraídos y comprometidos, sin mirar mucho a Roberto.



Sofware contra la trata
En mayo se realizó en la ciudad de Buenos Aires el 2do BA Hackaton, un encuentro de programadores y periodistas enfocados en la narrativa digital. Allí se mostraron muchos proyectos sociales que pueden intervenirse desde el punto de vista de la programación para hacer herramientas de geo localización o procesamiento de datos. Entre otros proyectos “Martes Rojo” fue tomado como uno de las iniciativas más innovadoras en términos de activismo cívico y además fue elegido como punta de lanza por el gobierno porteño para desarrollar aplicaciones interactivas que permitan un mayor conocimiento de las problemáticas urbanas vía internet. De esta forma, martesrojos.org, realizado por los programadores que participaron de este congreso y auspiciado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, incluye no sólo un mapa de la pegatina existente, sino que también informa sobre las próximas jornadas en las que se concentrará la actividad de los militantes en contra de la publicidad sexual. El sitio ofrece también la posibilidad de denunciar anónimamente la existencia de pegatinas o prostitución.