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jueves, 18 de abril de 2024
jueves, 27 de abril de 2023
lunes, 2 de diciembre de 2019
Parásitos: Los malos son ricos y los ricos son peores

Ganadora de la Palma de Oro de Cannes 2019, la séptima película de
Bong Joon-ho (único director coreano en obtener este premio) parece
salida de una clase de formación política de una pequeña agrupación de
anarquistas del subdesarrollo en alguna selva perdida en Asia que tiene
que formar cuadros militares rápido para que entiendan lo que tienen que
hacer si alguna vez se enfrentan al mundo real.
La trama es sencilla por no decir pedestre: un grupo de pijos con
ínfulas de clase noble no puede vivir sin la servidumbre a su alrededor
porque no saben hacer nada sin ellos, es decir, son parásitos (guiño
guiño). Entonces contrata a una runfla de macarras del submundo de los
pobres coreanos que por algún motivo que nadie entiende primero no
tienen trabajo y después pasan a conformar el elenco estable de la casa
Downton Abbey versión KPop. Los pobres no hacen nada más que: cocinar,
enseñar inglés, enseñar arte, conducir el coche. Es decir, lo que hacen
los pobres en la vida real. Pero ¡Oh! ¿ Entonces quiénes son los
verdaderos parásitos? ¡Oh! Qué sutil metáfora de la explotación del
hombre por el hombre, oh, por Dios, qué tremendo es que los que tengan
dinero vivan de los que no lo tienen, oh por Dios, que injusticia
absurda el capitalismo. A Karl Marx le gusta esto.
Con todo, Parásitos podría convertirse en una verdadera
“película con contenido político social” si mostrara no solo las
contradicciones entre los ricos y los pobres si no las contradicciones
de los ricos entre sí (algunos hasta son buena gente, insólito) o los
pobres entre sí (algunos hasta son pobres y malos, como cuando vas a un
bar y el servicio es malo PERO lento) o de cómo los ricos se benefician
de los pobres de maneras absurdas (no pagándoles un sueldo como han
hecho por los siglos de los siglos) o viceversa.
Al final, pareciera que luego de 2hs de clase del Manifiesto
Comunista Joon-ho recordó que estaba haciendo una peli coreana, recordó a
Tarantino y sacó un par de litros de sangre de la galera para
justificar el gentilicio.
¿Adivinen si el pobre mata al rico porque está resentido?
Voilá.
jueves, 27 de noviembre de 2014
Columna de cine
Para La Buena Mesa
En connmemoración del día internacional contra la violencia de género repasamos algunas curiosidades del film "Refugiado" (Diego Lerman)
En connmemoración del día internacional contra la violencia de género repasamos algunas curiosidades del film "Refugiado" (Diego Lerman)
jueves, 31 de julio de 2014
Damián Szifrón: “Al espectador argentino le interesa particularmente el cine nacional”
Entrevista con Damián Szifrón tras su paso por el Festival de Cannes y a pocos días del estreno de su última película Relatos Salvajes
-¿Cómo fue tu paso por el Festival de Cannes?
-Fue una experiencia formidable de cabo a rabo, muy estimulante, una
vidriera inmejorable para presentar un proyecto. Era mi primera vez en
Cannes y en un festival grande, dentro de lo que uno supone Cannes,
Venecia o Berlín, así que en términos de lo que yo había hecho antes, o
del universo en el que me solía mover, fue algo nuevo, disruptivo y tuve
la sensación total de que abriría muchas puertas para futuros proyectos
y como escenario para presentar un trabajo.
-¿Cómo viviste la presentación de Relatos Salvajes?
-Fue una oportunidad enorme. Si bien el programador Thierry Frémaux
había visto la película y dijo que le había gustado, estaba el
entusiasmo por ser novicio y a la vez tenía el terror de que fuera la
primera y la última vez, llegar y que la gente no aprobara la presencia
de nuestra película ahí, cosa que no pasó. Además la presentamos el
primer sábado a la noche del Festival, que es un espacio muy codiciado y
hay un clima de mucha euforia.
-¿Ya la habías visto con público?
-No, nunca. No sabía si a la gente le iba a gustar, tenía opiniones
parciales pero no tenía esa experiencia así que iba con todo ese temor y
fue espectacular. En un caso como un festival así, mayor es el riesgo y
te recomiendan no ir a las funciones, pero uno espía porque se pone
ansioso y en la función de la crítica me dijeron “están aplaudiendo, se
están riendo”, ahí me relajé porque le tenía más miedo a la prensa que
al público.
-¿Pensás en los críticos al filmar?
-Para nada, pienso mucho en el espectador cuando escribo, cuando
filmo y cuando compagino y no tengo muy en cuenta a la crítica, ni a los
festivales ni en qué lugar de la cinematografía van a colocar mi
película, pero unos días antes de estrenarla se me aparecen esas cosas y
me imagino a la crítica como una especie de comité nazi y digo “Uy no
pensé en la crítica”.
-¿Y cómo fue la reacción del público?
- Fue muy impactante. Ya saber que la película había funcionado con
la crítica me daba más entusiasmo en relación al público, pero lo que
vivimos fue un aplauso de pie muy largo, muy cálido. Y luego empezaron a
llegar un montón de comentarios, notas, llamados, gente, reuniones, se
abrieron muchísimas oportunidades.
-¿Oportunidades comerciales?
-Sí, fue descomunal lo que sucedió en materia de ventas, el hecho de
estar en Cannes automáticamente genera un interés en los distribuidores,
cuando estás en la competencia oficial casi todos los países presentes
tienen necesidad de ver tu trabajo. Recibimos un montón de ofertas de
cada país, se vendió a Estados Unidos en Sony, España, Francia, para
todo Latinoamérica y para Japón.
-¿Crees que Cannes contribuye al cine comercial?
-El sello solo no sirve, la película tiene que gustar para venderse.
Cuando hablamos de distribución hablamos de gente que pretende hacer un
negocio, entonces están pensando en cuánta gente la va a ir a ver. De
todas formas creo que gracias a que estos festivales defienden o exhiben
un tipo de película que no es 100% comercial tienen una función muy
clara y la llevan adelante con responsabilidad. En términos de mercado,
el mercado es amplio entonces las películas chicas se venden también.
-¿Por qué tardaste tanto en volver a estrenar?
- No es que lo busqué, sucedió. Por otro lado filmé muchas cosas seguidas, empecé al mismo tiempo Los Simuladores y En el fondo del mar y luego Hermanos y detectives y Tiempo de valientes.
Había adquirido cierto ritmo o ciertas herramientas para estar
dirigiendo un episodio mientras escribía otro mientras compaginaba otra
cosa y en algún momento empecé a tener una mirada muy crítica de eso, me
di cuenta de que estaba demasiado exigido. A veces llegaba a la
locación y decidía la puesta de una escena clave en el lugar, o no le
dedicaba el tiempo de ensayo que correspondía.
-¿Cambiaste tu manera de trabajar para esta película?
-Sí, normalmente le dedicaba mucho tiempo a escribir y suponía que en
el momento en el que cerraba el guión la película ya estaba ahí, ya la
había visto, la había imaginado, iba costar más o menos pero iba a
llegar a ese resultado. Porque un guión es una promesa que te haces: la
película va a ser así y la ves. Pero en un momento me di cuenta que una
película es mucho más que eso, que no me podía dar el lujo solamente
rodar el guión, sino que tenía que ser un proceso más expansivo, de más
crecimiento, donde todo adquiriera mas profundidad y más dimensión y
tomé la decisión de tomarme mucho tiempo a escribir, sin pensar en
dirigir.
-¿Qué estuviste haciendo estos años?
-Desarrollé tres o cuatro películas y algunas ideas para series y
luego decidí dirigir y detener el proceso de escritura. En el medio
escribí una historia de ciencia ficción que me capturó por completo y me
llevó a preguntas filosóficas muy difíciles de responder, muy
subyugantes, muy emocionantes, y me entregué de lleno a ese placer de
imaginarla y concebirla. Y fueron pasando los años y yo seguía
escribiendo, pero eso me ocurrió, no es que yo lo decidí.
-¿Disfrutás más de escribir que de dirigir?
-No, son procesos distintos. Amo la dirección y concretamente en este
proyecto la pase muy bien dirigiendo, fue de mucho aprendizaje y mucho
crecimiento. Pero la vida del escritor me atrae más que la del director.
Filmaría una película sobre un escritor y no tanto sobre un director.
Recibir permanentemente estímulos, que te hagan notas, hay algo más
ruidoso que implica necesariamente ser director que no sucede con un
escritor, que me parece un oficio más silencioso, más tranquilo. Me
llevo muy bien con la escritura, la soledad, viajar para escribir, la
imaginación pura y no tanto con la concreción de ideas, pero también me
gusta, sino no dirigiría.
-¿Qué es lo que más te gusta de Relatos Salvajes?
-Su energía general, cómo se percibe, cómo se siente como
espectáculo. Lo compacta que es, con eso quedé muy contento. La idea de
que puedas entrar a una especie de viaje energético y salir transformado
y aunque hayas visto seis historias diferentes que puedas percibirlo
como un único viaje.
-¿Qué es lo que más te costó hacer?
-Hay dos episodios que fueron los más demandantes en términos de
rodaje. Uno es el del casamiento, por la cantidad de extras y el otro es
el que protagoniza Leonardo Sbaraglia en la ruta, por una cuestión
técnica, mecánica, de producción, es una peliculita de acción, con mucha
cantidad de planos, algunos muy complejos, y eso fue muy demandante y
muy placentero. Me costó pero la pasé muy bien.
-¿Cuándo volves a la televisión?
-No lo sé, pero es posible que haga algo en el futuro cercano, estoy con ganas, escribí unas cosas para miniseries.
-¿Te gusta algo de lo que ves en la televisión argentina?
-No veo nada nacional en tele que me guste, pero Breaking Bad y Mad Men son dos series que me parecieron extraordinarias.
-¿Cómo ves el cine nacional?
-En relación a la cantidad de espectadores por año, nada mal. Aunque a
mi criterio hay muchas películas demasiado comerciales. Hay muy pocas
películas que reúnen cosas que tienen que ver con el arte y a la vez son
comerciales, se produce poco esa intersección. Entonces probablemente
se vean más las películas que no me gustan tanto. Por ejemplo la gente
que va al cine una o dos veces por año como un evento, van a ver la
película de Francella con Julieta Díaz. Pero bueno, esa es una porción
del público que va en vacaciones de invierno a ver una película.
-¿Qué puntos flojos le ves?
-Pienso que hay que darle una vuelta a los guiones, que son algo
sustancial a lo que se le debe dar mucha más importancia. A veces se
invierte mucho tiempo en financiación, en encontrar la forma de cómo se
puede producir determinada película y al guión no se le da la inversión
en desarrollo que necesita. Hay que afianzar la capacidad de los
productores y directores de leer un guión y criticarlo para que mejore,
creo que ahí está el secreto para que una película sea buena.
-¿Creés que hay un público específico para el cine argentino?
- Sí, no me casaría con la idea de que a la gente no le interesa el
cine argentino. Siento que al espectador argentino en general le
interesa particularmente el cine nacional. Que si la misma película, el
mismo guión, rodado de la misma manera, en lugar de estar protagonizado
por Ricardo Darín tuviera a Harrison Ford o Richard Gere, irían a verla
50 mil espectadores y no un millón como sucede con algunos casos del
cine nacional. El hecho de ser argentina le da más chances en la
película porque si el film no tiene un actor con el que público tiene un
tipo de conexión establecida, a veces resta.
-¿Creés que el INCAA tiene algo que ver con esto?
-Espero que sí. De todas formas el espectador no come vidrio y puede
haber mucha promoción y mucha difusión pero sobre todo lo que tiene que
mejorar y evolucionar son las propias películas.
lunes, 14 de julio de 2014
“El cine argentino está de moda y hay que aprovecharlo”
Varios directores que pasaron por el Festival de Cannes este año
explican los entretelones de la vidriera del cine más grande del mundo
en una mesa redonda organizada por la Alianza Francesa.
Las mesas redondas de Cannes son organizadas hace más de veinte años
por la Alianza Francesa de Buenos Aires a propósito de la presencia
argentina en el certamen galo, que este año no solo participó con un
stand propio del INCAA, sino que también la película Relatos Salvajes
de Damián Szifrón se presentó en la competencia oficial, al lado de Ken
Loach y Jean-Luc Godard. En este contexto, varios de los directores que
viajaron fueron convocados por el crítico Freddy Friedlander para
comentar cómo fue la experiencia de ser parte de lo que definieron como
“el Mundial del cine”.
El principal dato a destacar, además de la participación nacional, es
la escasísima presencia de películas hispanoamericanas. De los 90
filmes exhibidos solo cinco eran latinoamericanos, cuatro de ellos
argentinos. Además de la tercera película de Szifrón se presentaron Jauja, de Lisandro Alonso, guionada por Fabián Casas y protagonizada por Viggo Mortensen, Refugiado, de Diego Lerman, y El ardor,
de Pablo Fendrik, un western contemporáneo con Gael García Bernal.
Friedlander dejó clara la importancia de esta selección: “Siempre casi
el cincuenta por ciento de la muestra son películas francesas y de EEUU,
pero lo que es fantástico es que de los tres siguientes países uno de
ellos es Argentina, solamente nos superaban Inglaterra e Israel”.
Por su parte, Szifrón tuvo solo palabras de alegría y entusiasmo para
con la recepción de su filme, no solo entre los críticos sino en la
proyección con público. “Fue una experiencia formidable, muy
estimulante, una vidriera inmejorable para presentar un proyecto”,
destacó el director, a quien los nervios de novato no le restaron
adrenalina: “Era mi primera vez en Cannes y en un festival grande, así
que en términos del universo en el que me solía mover, fue algo nuevo,
disruptivo y tuve la sensación de que abriría muchas puertas para
futuros proyectos”. Cerca de esta línea, Lisandro Alonso destacó las
oportunidades a futuro que brinda estrenar en Cannes. “Es una plataforma
increíble para cualquier tipo de película, sea de mucho o poco
presupuesto, es un gran lugar para conocer críticos, autores, actores,
amigos, productores”, relató el director de La libertad, que también fue presentada en el Festival en 2001.
Pero Cannes no es solamente una vidriera sino una cocina, donde mucha
gente asiste para cerrar contratos de coproducción con los gigantes de
la industria internacional. A eso fue Tomás Lipgot quien, en carácter de
productor de sus proyectos, confesó haberse sorprendido por la
convivencia del cine “arte” con los grandes tanques de Hollywood.
“Caminando por la Rivera vi una publicidad gigante de una película de
Angelina Jolie, lo que me llamó mucho la atención, porque dije ‘voy a
Cannes a ver cine de autor’ y no, el peso de la industria está ahí y eso
no se descuida para nada”, destacó el realizador de Fortalezas.
Pablo Giorgelli (que presentó hace unos años Las Acacias en
el Festival) también enfatizó la importancia de estrenar allí. “Siempre
que me den la oportunidad de ir a Cannes no la desaprovecharía porque es
como estar en el Mundial”, comparó el realizador, que este año también
ofició de jurado en la competencia de cortos, lo que generó que viera
las cosas de una forma diferente. “Ser jurado fue bastante raro, eso de
poner películas a competir como si fueran caballos, pero a la larga
empezás a relativizarlo y eso es bueno porque no te crees los premios
cuando te los dan y cuando no te los dan tampoco”, analizó.
Pablo Fendrik tuvo, por su parte, una mirada más fría sobre el
glamour y las palmas de oro, y además complejizó la relación entre los
galardones y la distribución final del filme. “El Festival está lleno de
películas que no se pueden vender porque el mercado tiene una idea muy
distinta de lo que es el cine de la que tenemos en el micromundo”,
comparó, y hasta se atrevió a restarle importancia a la Palma en el
afiche de la película: “Muchas veces el paso por Cannes no se utiliza
como el elemento de promoción porque en algunos caso aleja, la gente
piensa que es una película ‘arty’ y eso resta público”.
Sea como fuere, la presencia local en términos de industria
cinematográfica fue destacada por los directores de la mesa como un paso
comercial importante para una película. Alonso, siguiendo esta línea,
contextualizó y a la vez matizó la actuación argentina: “El cine
argentino está de moda y hay que aprovecharlo, porque así como viene se
va y hay que sacarle jugo porque no es para siempre”. En el caso de
Szifrón, Relatos Salvajes fue vendida a Sony para ser
distribuida en Estados Unidos y cerró contratos con toda Latinoamérica y
hasta con Japón. Con estos antecedentes, se espera que el creador de Los Simuladores rompa
los números de taquilla cuando estrene comercialmente. Sin embargo, su
caso es una superproducción de Warner y El Deseo (de los hermanos
Almodóvar), lo que no quita que las películas pequeñas o más modestas no
obtengan reconocimiento comercial a partir de su paso por Cannes. En
palabras de Giorgelli: “Los festivales son un lugar sagrado para
nosotros, porque cada vez es más difícil mostrar películas
independientes o de bajo presupuesto”.
martes, 20 de mayo de 2014
Columna de cine
Para La Buena Mesa
Resumen de pólemicas del Festival de Cannes: Poca participación femenina, directores que se repiten y se premian entre ellos, abucheos en la película inaugural y el origen fallido del asunto en 1939.
Resumen de pólemicas del Festival de Cannes: Poca participación femenina, directores que se repiten y se premian entre ellos, abucheos en la película inaugural y el origen fallido del asunto en 1939.
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