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lunes, 2 de diciembre de 2019

Parásitos: Los malos son ricos y los ricos son peores


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Ganadora de la Palma de Oro de Cannes 2019, la séptima película de Bong Joon-ho (único director coreano en obtener este premio) parece salida de una clase de formación política de una pequeña agrupación de anarquistas del subdesarrollo en alguna selva perdida en Asia que tiene que formar cuadros militares rápido para que entiendan lo que tienen que hacer si alguna vez se enfrentan al mundo real.
La trama es sencilla por no decir pedestre: un grupo de pijos con ínfulas de clase noble no puede vivir sin la servidumbre a su alrededor porque no saben hacer nada sin ellos, es decir, son parásitos (guiño guiño). Entonces contrata a una runfla de macarras del submundo de los pobres coreanos que por algún motivo que nadie entiende primero no tienen trabajo y después pasan a conformar el elenco estable de la casa Downton Abbey versión KPop. Los pobres no hacen nada más que: cocinar, enseñar inglés, enseñar arte, conducir el coche. Es decir, lo que hacen los pobres en la vida real. Pero ¡Oh! ¿ Entonces quiénes son los verdaderos parásitos? ¡Oh! Qué sutil metáfora de la explotación del hombre por el hombre, oh, por Dios, qué tremendo es que los que tengan dinero vivan de los que no lo tienen, oh por Dios, que injusticia absurda el capitalismo. A Karl Marx le gusta esto.
Con todo, Parásitos podría convertirse en una verdadera “película con contenido político social” si mostrara no solo las contradicciones entre los ricos y los pobres si no las contradicciones de los ricos entre sí (algunos  hasta son buena gente, insólito) o los pobres entre sí (algunos hasta son pobres y malos, como cuando vas a un bar y el servicio es malo PERO lento) o de cómo los ricos se benefician de los pobres de maneras absurdas (no pagándoles un sueldo como han hecho por los siglos de los siglos) o viceversa.
Al final, pareciera que luego de 2hs de clase del Manifiesto Comunista Joon-ho recordó que estaba haciendo una peli coreana, recordó a Tarantino y sacó un par de litros de sangre de la galera para justificar el gentilicio.
¿Adivinen si el pobre mata al rico porque está resentido?
Voilá.

jueves, 27 de noviembre de 2014

jueves, 31 de julio de 2014

Damián Szifrón: “Al espectador argentino le interesa particularmente el cine nacional”


Entrevista con Damián Szifrón tras su paso por el Festival de Cannes y a pocos días del estreno de su última película Relatos Salvajes





-¿Cómo fue tu paso por el Festival de Cannes?
-Fue una experiencia formidable de cabo a rabo, muy estimulante, una vidriera inmejorable para presentar un proyecto. Era mi primera vez en Cannes y en un festival grande, dentro de lo que uno supone Cannes, Venecia o Berlín, así que en términos de lo que yo había hecho antes, o del universo en el que me solía mover, fue algo nuevo, disruptivo y tuve la sensación total de que abriría muchas puertas para futuros proyectos y como escenario para presentar un trabajo.

-¿Cómo viviste la presentación de Relatos Salvajes?
-Fue una oportunidad enorme. Si bien el programador Thierry Frémaux había visto la película y dijo que le había gustado, estaba el entusiasmo por ser novicio y a la vez tenía el terror de que fuera la primera y la última vez, llegar y que la gente no aprobara la presencia de nuestra película ahí, cosa que no pasó. Además la presentamos el primer sábado a la noche del Festival, que es un espacio muy codiciado y hay un clima de mucha euforia.

-¿Ya la habías visto con público?
-No, nunca. No sabía si a la gente le iba a gustar, tenía opiniones parciales pero no tenía esa experiencia así que iba con todo ese temor y fue espectacular. En un caso como un festival así, mayor es el riesgo y te recomiendan no ir a las funciones, pero uno espía porque se pone ansioso y en la función de la crítica me dijeron “están aplaudiendo, se están riendo”, ahí me relajé porque le tenía más miedo a la prensa que al público.

-¿Pensás en los críticos al filmar?
-Para nada, pienso mucho en el espectador cuando escribo, cuando filmo y cuando compagino y no tengo muy en cuenta a la crítica, ni a los festivales ni en qué lugar de la cinematografía van a colocar mi película, pero unos días antes de estrenarla se me aparecen esas cosas y me imagino a la crítica como una especie de comité nazi y digo “Uy no pensé en la crítica”.

-¿Y cómo fue la reacción del público?
- Fue muy impactante. Ya saber que la película había funcionado con la crítica me daba más entusiasmo en relación al público, pero lo que vivimos fue un aplauso de pie muy largo, muy cálido. Y luego empezaron a llegar un montón de comentarios, notas, llamados, gente, reuniones, se abrieron muchísimas oportunidades.

-¿Oportunidades comerciales?
-Sí, fue descomunal lo que sucedió en materia de ventas, el hecho de estar en Cannes automáticamente genera un interés en los distribuidores, cuando estás en la competencia oficial casi todos los países presentes tienen necesidad de ver tu trabajo. Recibimos un montón de ofertas de cada país, se vendió a Estados Unidos en Sony, España, Francia, para todo Latinoamérica y para Japón.

-¿Crees que Cannes contribuye al cine comercial?
-El sello solo no sirve, la película tiene que gustar para venderse. Cuando hablamos de distribución hablamos de gente que pretende hacer un negocio, entonces están pensando en cuánta gente la va a ir a ver. De todas formas creo que gracias a que estos festivales defienden o exhiben un tipo de película que no es 100% comercial tienen una función muy clara y la llevan adelante con responsabilidad. En términos de mercado, el mercado es amplio entonces las películas chicas se venden también.

-¿Por qué tardaste tanto en volver a estrenar?
- No es que lo busqué, sucedió. Por otro lado filmé muchas cosas seguidas, empecé al mismo tiempo Los Simuladores y En el fondo del mar y luego Hermanos y detectives y Tiempo de valientes. Había adquirido cierto ritmo o ciertas herramientas para estar dirigiendo un episodio mientras escribía otro mientras compaginaba otra cosa y en algún momento empecé a tener una mirada muy crítica de eso, me di cuenta de que estaba demasiado exigido. A veces llegaba a la locación y decidía la puesta de una escena clave en el lugar, o no le dedicaba el tiempo de ensayo que correspondía.

-¿Cambiaste tu manera de trabajar para esta película?
-Sí, normalmente le dedicaba mucho tiempo a escribir y suponía que en el momento en el que cerraba el guión la película ya estaba ahí, ya la había visto, la había imaginado, iba costar más o menos pero iba a llegar a ese resultado. Porque un guión es una promesa que te haces: la película va a ser así y la ves. Pero en un momento me di cuenta que una película es mucho más que eso, que no me podía dar el lujo solamente rodar el guión, sino que tenía que ser un proceso más expansivo, de más crecimiento, donde todo adquiriera mas profundidad y más dimensión y tomé la decisión de tomarme mucho tiempo a escribir, sin pensar en dirigir.

-¿Qué estuviste haciendo estos años?
-Desarrollé tres o cuatro películas y algunas ideas para series y luego decidí dirigir y detener el proceso de escritura. En el medio escribí una historia de ciencia ficción que me capturó por completo y me llevó a preguntas filosóficas muy difíciles de responder, muy subyugantes, muy emocionantes, y me entregué de lleno a ese placer de imaginarla y concebirla. Y fueron pasando los años y yo seguía escribiendo, pero eso me ocurrió, no es que yo lo decidí.

-¿Disfrutás más de escribir que de dirigir?
-No, son procesos distintos. Amo la dirección y concretamente en este proyecto la pase muy bien dirigiendo, fue de mucho aprendizaje y mucho crecimiento. Pero la vida del escritor me atrae más que la del director. Filmaría una película sobre un escritor y no tanto sobre un director. Recibir permanentemente estímulos, que te hagan notas, hay algo más ruidoso que implica necesariamente ser director que no sucede con un escritor, que me parece un oficio más silencioso, más tranquilo. Me llevo muy bien con la escritura, la soledad, viajar para escribir, la imaginación pura y no tanto con la concreción de ideas, pero también me gusta, sino no dirigiría.

-¿Qué es lo que más te gusta de Relatos Salvajes?
-Su energía general, cómo se percibe, cómo se siente como espectáculo. Lo compacta que es, con eso quedé muy contento. La idea de que puedas entrar a una especie de viaje energético y salir transformado y aunque hayas visto seis historias diferentes que puedas percibirlo como un único viaje.

-¿Qué es lo que más te costó hacer?
-Hay dos episodios que fueron los más demandantes en términos de rodaje. Uno es el del casamiento, por la cantidad de extras y el otro es el que protagoniza Leonardo Sbaraglia en la ruta, por una cuestión técnica, mecánica, de producción, es una peliculita de acción, con mucha cantidad de planos, algunos muy complejos, y eso fue muy demandante y muy placentero. Me costó pero la pasé muy bien.

-¿Cuándo volves a la televisión?
-No lo sé, pero es posible que haga algo en el futuro cercano, estoy con ganas, escribí unas cosas para miniseries.

-¿Te gusta algo de lo que ves en la televisión argentina?
-No veo nada nacional en tele que me guste, pero Breaking Bad y Mad Men son dos series que me parecieron extraordinarias.

-¿Cómo ves el cine nacional?
-En relación a la cantidad de espectadores por año, nada mal. Aunque a mi criterio hay muchas películas demasiado comerciales. Hay muy pocas películas que reúnen cosas que tienen que ver con el arte y a la vez son comerciales, se produce poco esa intersección. Entonces probablemente se vean más las películas que no me gustan tanto. Por ejemplo la gente que va al cine una o dos veces por año como un evento, van a ver la película de Francella con Julieta Díaz. Pero bueno, esa es una porción del público que va en vacaciones de invierno a ver una película.

-¿Qué puntos flojos le ves?
-Pienso que hay que darle una vuelta a los guiones, que son algo sustancial a lo que se le debe dar mucha más importancia. A veces se invierte mucho tiempo en financiación, en encontrar la forma de cómo se puede producir determinada película y al guión no se le da la inversión en desarrollo que necesita. Hay que afianzar la capacidad de los productores y directores de leer un guión y criticarlo para que mejore, creo que ahí está el secreto para que una película sea buena.

-¿Creés que hay un público específico para el cine argentino?
- Sí, no me casaría con la idea de que a la gente no le interesa el cine argentino. Siento que al espectador argentino en general le interesa particularmente el cine nacional. Que si la misma película, el mismo guión, rodado de la misma manera, en lugar de estar protagonizado por Ricardo Darín tuviera a Harrison Ford o Richard Gere, irían a verla 50 mil espectadores y no un millón como sucede con algunos casos del cine nacional. El hecho de ser argentina le da más chances en la película porque si el film no tiene un actor con el que público tiene un tipo de conexión establecida, a veces resta.

-¿Creés que el INCAA tiene algo que ver con esto?
-Espero que sí. De todas formas el espectador no come vidrio y puede haber mucha promoción y mucha difusión pero sobre todo lo que tiene que mejorar y evolucionar son las propias películas.

lunes, 14 de julio de 2014

“El cine argentino está de moda y hay que aprovecharlo”


Varios directores que pasaron por el Festival de Cannes este año explican los entretelones de la vidriera del cine más grande del mundo en una mesa redonda organizada por la Alianza Francesa.

Las mesas redondas de Cannes son organizadas hace más de veinte años por la Alianza Francesa de Buenos Aires a propósito de la presencia argentina en el certamen galo, que este año no solo participó con un stand propio del INCAA, sino que también la película Relatos Salvajes de Damián Szifrón se presentó en la competencia oficial, al lado de Ken Loach y Jean-Luc Godard. En este contexto, varios de los directores que viajaron fueron convocados por el crítico Freddy Friedlander para comentar cómo fue la experiencia de ser parte de lo que definieron como “el Mundial del cine”.

El principal dato a destacar, además de la participación nacional, es la escasísima presencia de películas hispanoamericanas. De los 90 filmes exhibidos solo cinco eran latinoamericanos, cuatro de ellos argentinos. Además de la tercera película de Szifrón se presentaron Jauja, de Lisandro Alonso, guionada por Fabián Casas y protagonizada por Viggo Mortensen, Refugiado, de Diego Lerman, y El ardor, de Pablo Fendrik, un western contemporáneo con Gael García Bernal. Friedlander dejó clara la importancia de esta selección: “Siempre casi el cincuenta por ciento de la muestra son películas francesas y de EEUU, pero lo que es fantástico es que de los tres siguientes países uno de ellos es Argentina, solamente nos superaban Inglaterra e Israel”.

Por su parte, Szifrón tuvo solo palabras de alegría y entusiasmo para con la recepción de su filme, no solo entre los críticos sino en la proyección con público. “Fue una experiencia formidable, muy estimulante, una vidriera inmejorable para presentar un proyecto”, destacó el director, a quien los nervios de novato no le restaron adrenalina: “Era mi primera vez en Cannes y en un festival grande, así que en términos del universo en el que me solía mover, fue algo nuevo, disruptivo y tuve la sensación de que abriría muchas puertas para futuros proyectos”. Cerca de esta línea, Lisandro Alonso destacó las oportunidades a futuro que brinda estrenar en Cannes. “Es una plataforma increíble para cualquier tipo de película, sea de mucho o poco presupuesto, es un gran lugar para conocer críticos, autores, actores, amigos, productores”, relató el director de La libertad, que también fue presentada en el Festival en 2001.

Pero Cannes no es solamente una vidriera sino una cocina, donde mucha gente asiste para cerrar contratos de coproducción con los gigantes de la industria internacional. A eso fue Tomás Lipgot quien, en carácter de productor de sus proyectos, confesó haberse sorprendido por la convivencia del cine “arte” con los grandes tanques de Hollywood. “Caminando por la Rivera vi una publicidad gigante de una película de Angelina Jolie, lo que me llamó mucho la atención, porque dije ‘voy a Cannes a ver cine de autor’ y no, el peso de la industria está ahí y eso no se descuida para nada”, destacó el realizador de Fortalezas.

Pablo Giorgelli (que presentó hace unos años Las Acacias en el Festival) también enfatizó la importancia de estrenar allí. “Siempre que me den la oportunidad de ir a Cannes no la desaprovecharía porque es como estar en el Mundial”, comparó el realizador, que este año también ofició de jurado en la competencia de cortos, lo que generó que viera las cosas de una forma diferente. “Ser jurado fue bastante raro, eso de poner películas a competir como si fueran caballos, pero a la larga empezás a relativizarlo y eso es bueno porque no te crees los premios cuando te los dan y cuando no te los dan tampoco”, analizó.

Pablo Fendrik tuvo, por su parte, una mirada más fría sobre el glamour y las palmas de oro, y además complejizó la relación entre los galardones y la distribución final del filme. “El Festival está lleno de películas que no se pueden vender porque el mercado tiene una idea muy distinta de lo que es el cine de la que tenemos en el micromundo”, comparó, y hasta se atrevió a restarle importancia a la Palma en el afiche de la película: “Muchas veces el paso por Cannes no se utiliza como el elemento de promoción porque en algunos caso aleja, la gente piensa que es una película ‘arty’ y eso resta público”.

Sea como fuere, la presencia local en términos de industria cinematográfica fue destacada por los directores de la mesa como un paso comercial importante para una película. Alonso, siguiendo esta línea, contextualizó y a la vez matizó la actuación argentina: “El cine argentino está de moda y hay que aprovecharlo, porque así como viene se va y hay que sacarle jugo porque no es para siempre”. En el caso de Szifrón, Relatos Salvajes fue vendida a Sony para ser distribuida en Estados Unidos y cerró contratos con toda Latinoamérica y hasta con Japón. Con estos antecedentes, se espera que el creador de Los Simuladores rompa los números de taquilla cuando estrene comercialmente. Sin embargo, su caso es una superproducción de Warner y El Deseo (de los hermanos Almodóvar), lo que no quita que las películas pequeñas o más modestas no obtengan reconocimiento comercial a partir de su paso por Cannes. En palabras de Giorgelli: “Los festivales son un lugar sagrado para nosotros, porque cada vez es más difícil mostrar películas independientes o de bajo presupuesto”.

martes, 20 de mayo de 2014

Columna de cine

Para La Buena Mesa

Resumen de pólemicas del Festival de Cannes: Poca participación femenina, directores que se repiten y se premian entre ellos, abucheos en la película inaugural y el origen fallido del asunto en 1939.