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viernes, 18 de septiembre de 2026

Imaginación o barbarie (I): Seis libros gratis para atreverse a soñar un mundo mejor – Ficción

Para Revista Sonámbula

Leticia Bianca Cappellotto vuelve a la carga, recomienda y regala seis obras para ejercitar el músculo más atrofiado de la progresía global: la imaginación. 

Inventar es la tarea. Así que voy a inventar una palabra para explicar esta dupla de artículos con forma de diatriba incendiaria contra todos mis compañeros del campo no reaccionario, trosco, Nac&Pop o como quieran auto percibirse. La palabra es Diagnosticítis y es de lo que es evidente que adolece la izquierda global desde quizás la caída del muro de Berlín, pero seguro luego de aquel fatídico 2016 donde el Brexit y Trump rompieron el consenso del neoliberalismo progresista en el que creíamos que residiríamos por siempre. A partir de entonces lo único que podemos hacer es diagnosticar (el origen de, el avance de, la consolidación de, etc.) y como eso parece que nos alcanza (el diagnóstico siempre calma, aunque sea letal) nos la pasamos produciendo y consumiendo contenido académico, periodístico, literario y audiovisual que ya no sólo diagnostica el cada vez peor estado de la vida y de las cosas, sino que también lo extrapola hacia el peor final después de la resignación: la distopía apocalíptica. 

Aterrizada en una Argentina carente de espíritu (y tan alejada de eso que decía Bukowski de “no tengo tiempo para cosas que no tienen alma”), la Diagnosticitis se convirtió en Híperdiagnosticísmo y ya es una religión: gobierna la extrema derecha, todo está mal, va a ir a peor, listo. Y para rematar, la inevitable paradoja, el diagnóstico del diagnóstico: a la izquierda argentina le falta muchísima imaginación política. 

Harta ya de estar harta de observar cómo el Híperdiagnosticísmo de mis compañeros de trinchera se va convirtiendo frente a mis narices en Diagnosticidio, evoqué a Berugo Carámbula, quien triunfaba en la televisión durante mi tierna infancia con un programa de preguntas y respuestas llamado “Atrévase a soñar” e, imbuida por su magia, busqué hasta debajo de las piedras libros que nos permitan atrevernos a hacerlo. Pero mientras investigaba sobre el tema, me enteré de que a la par de de su show en televisión, Berugo también conducía un programa en Radio El Mundo llamado “Anímese a escuchar” (la radio, siempre la radio, ese hogar hecho por solitarios para solitarios). 

Entonces me animé a escuchar:

Presión salió a la venta en 2003 y fue el segundo disco de la banda de rock “barrial” Callejeros. Contaba con catorce temas, de los cuales "Una nueva noche fría" fue el que los catapultó a la fama. Pero al lado del hit aparece “Imposible”, una canción pegadiza que contiene una serie de deseos que en ese momento parecían, efectivamente, ridículos por inverosímiles. Escuchada hoy, la pieza adquiere otra relevancia, porque entre los anhelos que enumera, el cantante Patricio Fontanet (también autor de los versos) menciona tres asuntos que en 2003 parecen “Sueños imposibles”.

A saber:  
  1. “Por fin el gobierno va a ser de una mujer” (Presidencias de Cristina Fernández de Kirchner desde 2007 a 2015).
  2. “Y no habrá juicio por fumar sin joder” (Ley REPROCANN de 2016).
  3. “Que decir aborto suene a legal” (Ley de Acceso a la Interrupción Voluntaria del Embarazo de 2020).
Con esto en mente, no queda más que dejar de una puta vez de diagnosticar y seguir soñando, como reza el tema, que “Todos nuestros hijos van a poder comer” y “En nuestras almas va a dejar de llover”. Venceremos. 
 
1. El oasis - Mary McCarthy – Impedimenta – 2019

Mary McCarthy (1912-1989) es una intelectual estadounidense que escribió prosa, ensayo y periodismo y aunque publicó esta novela en 1949, recién fue traducida por primera vez al español hace unos años. Cuenta la historia de un grupo de intelectuales neoyorquinos que viaja a las montañas de Nueva Inglaterra para fundar una comuna utópica, pero en el fragor de la causa el grupo se divide pronto entre los «utópicos puristas» y los «realistas», lo que genera tensiones ideológicas y peleas absurdas entre ellos hasta llegar a un desenlace tragicómico que no spoilearemos aquí. En la introducción de Vivian Gornick queda claro que McCarthy se inspiró sin filtros en sus propios amigos, exparejas y conocidos, pertenecientes a la élite cultural estadounidense, para darle forma con ingenio, mordacidad y sarcasmo a todos los lugares comunes del círculo ilustradísimo al que pertenecía, pero al mismo tiempo se permitió pensar que un mundo mejor era (aunque sea un rato) posible. 

2. Matriarcadia - Charlotte Perkins Gilman - Ediciones Akal - 2018 

Publicada por primera vez en 1915, esta novela relata la historia de una sociedad utópica en la que sólo existen mujeres que gobiernan de una forma ordenada y pacífica sin varones desde hace dos mil años, pero cuya apacible vida se ve alterada cuando una expedición de tres hombres (un sociólogo de mente abierta, un médico romántico y un millonario machista) invade sus tierras y se acopla más o menos a las normas de este matriarcado.  Es así como Charlotte Perkins Gilman, una acérrima activista feminista norteamericana de principios de siglo XX pone en evidencia la rigidez de la sociedad yankee en la que ella vivía (y nosotras vivimos) en contraste con una imaginaria, por lo que, a través del choque cultural entre los exploradores y las habitantes, la obra expone y critica de forma satírica los roles de género tradicionales de la sociedad patriarcal de la época (y la actual).

3. Mujer al borde del tiempo - Marge Piercy - Editorial Consonni- 2020

¿Es posible usar el lenguaje inclusivo, salir del género binario, vivir respetando el medio ambiente y acabar con la discriminación por sexo, raza o clase social? Sí, se puede hacer en esta novela publicada en 1976 de Marge Piercy, nacida en Detroit y autora de varias novelas, muchos libros de poesía (una de las poetas más vendidas en USA) y una ferviente activista de batallas políticas progresistas, incluyendo el movimiento contra la guerra de Vietnam, el feminismo y la resistencia a la guerra de Irak. Connie, su protagonista, es una cuarentona gorda y pobre con antecedentes delictivos y psiquiátricos a la que, otra vez ingresada en una institución mental, se le aparece Luciente, un ente que viene del futuro y la hace viajar con ella allí, lo que le permite ver un mundo en el que la forma de gestionar el nacimiento, el aprendizaje, la crianza, la enfermedad o los recursos nada tiene que ver con la sociedad de 1976 (ni la actual), como tampoco sus maneras de entender el sexo, la muerte o la memoria colectiva. Pero los viajes en el tiempo de Connie no siempre son tan instructivos y serenos, porque en ocasiones ve un futuro distópico, en el que las mujeres son mercancía, genéticamente modificadas y carecen de cualquier tipo de poder. 

4. El Mundo Resplandeciente - Margaret Cavendish – Editorial Siruela - 2017

Publicada en 1666, esta es la única obra de ficción utópica escrita por una mujer en el siglo XVII, pero encima su autora cometió la osadía de firmarla con su nombre real, lo cual era algo impensable por entonces y le valió críticas de todo tipo y factor, aunque ya antes la apodaran “Mad Marge” debido a lo que en los círculos científicos machirulísimos definían como su “excentricidad” (same old same). Cuenta la historia una joven que entra a un reino utópico y satírico situado en otro mundo al que se puede llegar a través del Polo Norte. Rápidamente la doncella se convierte en la emperatriz de una sociedad compuesta por varias especies de animales parlantes y organiza la invasión de su mundo de origen con submarinos arrastrados por hombres peces. Con una mirada moderna y subversiva, esta autora inglesa desafía los roles de género, las divisiones religiosas y las teorías científicas conservadoras de su época y también de la nuestra, al punto tal de ser inspiración para el favorito de Mariana Enriquez, el escritor Alan Moore, así como para el enfant terrible de las letras británicas, China Miéville o para Siri Hustvedt, que, en su novela Un mundo deslumbrante de 2014 hace que su protagonista se refiera varias veces a Margaret Cavendish con idolatría.  

5. El ministerio del futuro - Kim Stanley Robinson – Editorial Minotauro – 2021 

Uno de los libros favoritos de Barack Obama, esta novela arranca con una brutal y mortífera ola de calor en la India que se cobra millones de vidas, lo que obliga al mundo a tomarse en serio la crisis climática, por lo que la historia gira en torno a una nueva agencia de la ONU (El Ministerio del Futuro) que tiene la misión de defender a las próximas generaciones y a el resto de los seres vivos del planeta de los peligros que genera el asunto meteorológico. Pero en lugar de una visión totalmente apocalíptica, el escritor estadounidense Kim Stanley Robinson (ganador de los premios Nebula y Hugo, los galardones más importantes de literatura de ciencia ficción) plantea un futuro complejo donde la política, la economía, la ciencia y la geoingeniería se combinan para buscar soluciones a todos los males, al tiempo que al usar el recurso de narrar a través de un coro multifacético de testigos directos ficticios de la experiencia, refuerza y abona a esa vieja teoría paulofreireana de «Nadie se salva solo, nadie salva a nadie, nos salvamos en comunidad».

6.- Ecotopía -  Ernest Callenbach – La Linterna Sorda Ediciones - 2013

Publicada en 1975 por su autor tras ser rechazada por varias editoriales y convertida luego en un clásico de culto, esta novela imagina un escenario por el que se produce la secesión de los estados de Oregón, Washington y el norte de California de los Estados Unidos en 1980, tras una profunda crisis económica, y da lugar a un nuevo estado llamado Ecotopía. La novela sigue a un periodista que en 1999 viaja a esta nueva nación para escribir una serie de artículos críticos por encargo. A través de su mirada, que va del escepticismo a la fascinación, el lector descubre una sociedad construida a escala humana donde se han erradicado las jerarquías tradicionales, el consumismo desmedido y el uso masivo del automóvil, dando paso a ciudades sin coches, transporte público eléctrico, trenes de alta velocidad y una completa igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Callenbach, hastiado del consumismo que lo rodeaba, diseñó un proyecto para la supervivencia de nuestro planeta con las ideas descentralizadoras y antiautoritarias de los movimientos sociales emergentes de su época como los hippies, el ecologismo, el feminismo y el black power, por lo que esta novela funciona como antídoto perfecto para nuestro acuciante presente y ofrece la posibilidad de soñar que sí hay alternativa, que un mundo mejor es posible, que tarda en llegar pero al final hay recompensa y que mañana es mejor. 

Imaginación o barbarie (II): Seis libros gratis para atreverse a soñar un mundo mejor – No ficción

Para Revista Sonámbula

Leticia Bianca Cappellotto vuelve a la carga, recomienda y regala seis obras para ejercitar el músculo más atrofiado de la progresía global: la imaginación.

Inventar es la tarea. Así que voy a inventar una palabra para explicar esta dupla de artículos con forma de diatriba incendiaria contra todos mis compañeros del campo no reaccionario, trosco, Nac&Pop o como quieran auto percibirse. La palabra es Diagnosticítis y es de lo que es evidente que adolece la izquierda global desde quizás la caída del muro de Berlín, pero seguro luego de aquel fatídico 2016 donde el Brexit y Trump rompieron el consenso del neoliberalismo progresista en el que creíamos que residiríamos por siempre. A partir de entonces lo único que podemos hacer es diagnosticar (el origen de, el avance de, la consolidación de, etc.) y como eso parece que nos alcanza (el diagnóstico siempre calma, aunque sea letal) nos la pasamos produciendo y consumiendo contenido académico, periodístico, literario y audiovisual que ya no sólo diagnostica el cada vez peor estado de la vida y de las cosas, sino que también lo extrapola hacia el peor final después de la resignación: la distopía apocalíptica. 

Aterrizada en una Argentina carente de espíritu (y tan alejada de eso que decía Bukowski de “no tengo tiempo para cosas que no tienen alma”), la Diagnosticitis se convirtió en Híperdiagnosticísmo y ya es una religión: gobierna la extrema derecha, todo está mal, va a ir a peor, listo. Y para rematar, la inevitable paradoja, el diagnóstico del diagnóstico: a la izquierda argentina le falta muchísima imaginación política. 

Harta ya de estar harta de observar cómo el Híperdiagnosticísmo de mis compañeros de trinchera se va convirtiendo frente a mis narices en Diagnosticidio, evoqué a Berugo Carámbula, quien triunfaba en la televisión durante mi tierna infancia con un programa de preguntas y respuestas llamado “Atrévase a soñar” e, imbuida por su magia, busqué hasta debajo de las piedras libros que nos permitan atrevernos a hacerlo. Pero mientras investigaba sobre el tema, me enteré de que a la par de de su show en televisión, Berugo también conducía un programa en Radio El Mundo llamado “Anímese a escuchar” (la radio, siempre la radio, ese hogar hecho por solitarios para solitarios). 

Entonces me animé a escuchar: 

Presión salió a la venta en 2003 y fue el segundo disco de la banda de rock “barrial” Callejeros. Contaba con catorce temas, de los cuales "Una nueva noche fría" fue el que los catapultó a la fama. Pero al lado del hit aparece “Imposible”, una canción pegadiza que contiene una serie de deseos que en ese momento parecían, efectivamente, ridículos por inverosímiles. Escuchada hoy, la pieza adquiere otra relevancia, porque entre los anhelos que enumera, el cantante Patricio Fontanet (también autor de los versos) menciona tres asuntos que en 2003 parecen “Sueños imposibles”. A saber: 

  1. “Por fin el gobierno va a ser de una mujer” (Presidencias de Cristina Fernández de Kirchner desde 2007 a 2015). 
  2. “Y no habrá juicio por fumar sin joder” (Ley REPROCANN de 2016).
  3. “Que decir aborto suene a legal” (Ley de Acceso a la Interrupción Voluntaria del Embarazo de 2020).  

Con esto en mente, no queda más que dejar de una puta vez de diagnosticar y seguir soñando, como reza el tema, que “Todos nuestros hijos van a poder comer” y “En nuestras almas va a dejar de llover”. Venceremos. 

1. Utopías digitales – Imaginar el fin del capitalismo - Ekaitz Cancela – Editorial Verso Libros – 2023

Manifiesto contrahegemónico fundamental para pensar la tecnología desde la periferia, este libro del periodista vasco que estuvo de visita en Buenos Aires en 2025 presenta algunas alternativas creativas para enfrentar la resignación apocalíptica que emana de Silicon Valley. Cancela sostiene que la Guerra Fría fue un largo hiato donde el capitalismo quiso imponerse como única opción para nuestra creatividad sobre la técnica, pero que desde entonces han existido miles de experiencias históricas subalternas en América Latina, África, India o Asia. Con eso en mente aboga entonces porque podamos reprogramar la tecnología para que fomente la libertad y la autonomía humana, no la expropiación, la vigilancia o la alienación capitalista. Más que “soluciones mágicas”, Cancela instala preguntas que incitan a la imaginación: “¿Cómo sería un escenario de colaboración (no de competencia) donde quienes han descubierto formas alternativas de vida digital pudiesen enriquecer las meta-plataformas de otros países mediante la transferencia de esas tecnologías? ¿Y si esos encuentros interdisciplinares ocurrieran de manera masiva gracias al apoyo de instituciones internacionales que, por ejemplo, promovieran ‘hackatones’ orientados al bienestar público y que tuvieran una vocación global, con todos los países representados como los que exigían los movimientos No Alineados en el pasado siglo?”.

2. Utopía para realistas - Rutger Bregman – Editorial Salamandra- 2017  

Formado en Utrecht y California, Bregman es un historiador holandés que escribe regularmente en The Guardian y que lanzó este libro primero gratis online para todos porque consideraba necesario instalar el pensamiento utópico frente al desolador panorama de la izquierda en el hemisferio norte hace ya casi una década. A partir de el estudio de hechos históricos y el análisis de trabajos académicos, propone un ejercicio de imaginación sobre los temas más abordados entre la progresía en los últimos años: el salario, la jornada laboral y la inmigración, pero yendo un paso más allá y proponiendo soluciones disruptivas como una renta básica universal (que rastrea en un proyecto que casi aprueba el presidente Nixon en 1969), la semana laboral de 15hs y la real apertura de las fronteras para bienes y personas explicando con estadísticas como estas medidas no solo mejorarían la distribución de la riqueza sino que la aumentarían exponencialmente. Según Zygmunt Bauman, un libro “de lectura obligatoria para quienes se preocupan por las injusticias de la sociedad actual y quieren contribuir a remediarlas”. 

3. La izquierda ante el tecnofascismo. Un Panfleto - Jordi Gracia – Editorial Anagrama -2026 

“Socializar las plataformas y la inversión es ahora mismo el estándar mínimo del reformismo de izquierdas porque es la vía razonable para interceptar la corriente invivible de gasolina retórica y combustión emocional que circula por las redes, alimentando el desprecio a la democracia como Estado fallido, impotente e injusto” propone este libro del ex jefe de Opinión del diario El País y hoy codirector de la revista TintaLibre. A partir de un diagnóstico de la situación actual que denomina “contrarreforma barbarizante” en manos de los tecnoligarcas y las extremas derechas, Gracia lanza su panfleto para exigir la mayor cantidad de regulación posible desde el Estado porque, sostiene que “Desinfectar las redes de tanta toxicidad debe ser un servicio público como limpiar las alcantarillas”. Entre otras propuestas también conmina a la socialdemocracia a “recuperar el swing” generando “contenido agresivo, poderoso, convencido y sin miedo” ya que asume que vivimos en una “época preilustrada” que necesita ser combatida desde la creatividad y no solamente la indignación. 

4. Historia de las utopías - Lewis Mumford – Editorial Pepitas de Calabaza - 2013

Recientemente reeditado en español, este clásico del historiador americano Lewis Mumford fue publicado por primera vez en 1922 y en él se hace un balance crítico de la historia del pensamiento utópico desde los griegos hasta ese momento, buceando en sus fundamentos básicos, sus aportes positivos al devenir de la humanidad y sus debilidades. Releyendo las utopías más conocidas e influyentes junto con los mitos sociales fundantes de la idea que Occidente se ha hecho de sí mismo, Mumford valora el impacto que todas estas tradiciones podrían tener en cualquier nuevo camino hacia un futuro mejor que estemos dispuestos a emprender. Imprescindible y aún vigente, tiene capítulos titulados al estilo antiguo que invitan a soñar un mundo mejor tal como lo hicieron nuestros antecesores: “De cómo la voluntad de utopía hace que el hombre viva en dos mundos y cómo releemos en la historia de las utopías la otra mitad de la historia de la humanidad” o “De cómo algo sucedió en el siglo XVIII que puso a los hombres a «pensar furiosamente» y de cómo todo un conjunto de utopías emergió de la tierra revuelta del industrialismo”. Dato: Mumford fue además la inspiración para el personaje de Ellsworth Toohey, el antagonista al personaje principal de la novela "El manantial" de Ayn Rand, favorita del expresidente Mauricio Macri.

5. Decir NO no basta: Contra las nuevas políticas del shock por el mundo que queremos - Naomi Klein – Editorial Paidós - 2017

Este libro de la periodista canadiense que saltó a la fama por ser la autora del mítico “No Logo” (2002) revela, entre otras cosas, que la falta de imaginación que padecemos ha sido deliberadamente provocada, ya que desenmascara cómo a nivel global se están utilizando tácticas muy específicas para generar resignación similares a las que ya había explorado en su monumental “La doctrina del Shock” (2007).  Pero, a diferencia de otros trabajos con una exhaustiva documentación, aquí el diagnóstico es el justo y necesario, porque Klein da un paso más allá y dedica la segunda parte de su ensayo a defender la utopía y la urgente necesidad de articular una respuesta común capaz de aglutinar a los militantes de la lucha contra el cambio climático con aquellos que combaten las políticas anti inmigratorias, las feministas y los activistas LGTBI. Aún no contenta con esa propuesta abstracta, también ofrece opciones, alienta caminos, se esfuerza por encontrar alternativas y comparte el manifiesto “El Salto”, redactado en Canadá como un intento de agrupar todas las sensibilidades que defienden mejoras sociales y que ella propone como base para un movimiento mundial de regeneración democrática, ética, social y ecológica que sirva para crear entre todos una alternativa al sistema que nos venden como el único posible. 

6. El camino del artista – Julia Cameron – Editorial Aguilar – 2026 

Este libro de la profesora, periodista, cineasta, dramaturga y compositora estadounidense (además de haber sido por apenas un año la mujer de Martin Scorsese en 1976) puede sonar  fuera de tono de esta aguerrida selección de bibliografía de izquierda para defender la trinchera de un mundo mejor, pero la recomendación parte de la premisa que a crear (jugar) también se enseña y la imaginación es un músculo que, como el corazón, debe ejercitarse para garantizar su buen funcionamiento. Técnicas bien específicas como la práctica constante de la escritura diaria, indicaciones de lugares para hacer paseos que llama “los encuentros con el artista”, y otros 12 ejercicios (parecidos a los 12 pasos de los Alcohólicos Anónimos) entre el juego y la introspección deberían lograr que soñar ya no sea un lujo sino una rutina. En palabras de su autora: "La creatividad no tiene ni fondo ni techo, aunque haya partes de su crecimiento que sean lentas. El ingrediente que se precisa es la fe entendida como confianza férrea en uno mismo. Este libro te muestra el camino y la fe necesarios para liberar tu creatividad. Tómalo como un ejercicio para abrirte a una nueva perspectiva y liberar al artista que llevas dentro".

sábado, 12 de septiembre de 2026

Agustín J. Valle: “Afuera de internet no existís”

 Para Revista Panamá 

 Sobre Jamás tan cerca, Paidós, 2022

En tu libro hacés una historización de la actual situación conectiva diferente al resto de los analistas, que plantean un quiebre en 2007 cuando sale a la venta el primer Iphone, porque sostenés que el teléfono celular es sólo el último eslabón de una cadena de mediatizaciones más larga a la que nos vemos sometidos desde siempre. ¿A qué te referís con esa idea?

La historia entera está plegada en el presente porque los dispositivos conectivos ultramodernos y agotadores que padecemos hoy en realidad heredan y renuevan formas muy viejas de modulación subjetiva, en las que ya se producía la subordinación del cuerpo y lo terrenal a una presunta superioridad de lo abstracto, que es tan antigua como el hombre y está vinculada con lo teológico, aunque en la historia de las entidades inmateriales que gobiernan la materia, puede estar Dios pero un rol estrella lo ocupa el Capital, algo también abstracto empoderado sobre lo concreto.

¿O sea que la dinámica capitalista en sí misma sería una abstracción a la que ya nos acostumbramos mucho antes del régimen de 100% online que sufrimos hoy?

La mercancía asociada al Capital ya es un dispositivo de mediatización, si se la define por la primacía de su valor de cambio (precio) por sobre el de uso (valor) y se considera ese valor de cambio como medio para otras cosas por sobre el valor experiencial de la cosa en sí, y dado que un “precio” no existe en sí mismo ya es una mediatización, como la cantidad de visualizaciones o likes de una publicación de redes sociales.

¿Entonces por qué si desde el origen del capitalismo sufrimos la misma sujeción a lo abstracto ahora padecemos tanto malestar?

La evolución de las técnicas comunicacionales va profundizando esa mediatización hacia la situación actual: la televisión fue el primer artefacto emisor de luz directo a los ojos, los VHS trajeron la celularización del tiempo, los videojuegos la interactividad, el cable la pantalla en continuo sin fin y la radio una voz que llega desde el cielo, entonces el rayo reemplazó a Dios.

Aparece muchas veces en tu libro esa conexión entre la sujeción que nos produce el celular conectado 24/7 y Dios. ¿Por qué considerás tan importante destacarla?

Porque adhiero a la idea de León Rozitchner de que el cristianismo preparó históricamente a la humanidad para el capitalismo, ya que la subordinación del cuerpo al Espíritu allanó el camino para su sumisión al Número, entonces las analogías entre la situación conectiva permanente que padecemos hoy y la teología son muchas, ahora incluso aumentadas por el uso masivo de la Inteligencia Artificial, que supone ser una esfera ultraterrena, una entidad omnisciente e incorpórea que porta ese saber sobre la vida superior a lo que la terrenal vida sabe sobre sí.

Pero entonces Dios es la técnica, no sólo Internet.

Es que en el siglo XIX fueron contemporáneas la declaración de que “Dios ha muerto” y la masificación del uso de la electricidad como matriz técnica para la vida humana, o sea que podríamos decir que Dios murió electrocutado.

¿Y qué rol le adjudicás a la pandemia en ese proceso?

La conectividad como patrón existencial tiene una profundización evidente en la pandemia, ya que en ese período la humanidad toda sufrió una “templanza conectiva”, como se templa el hierro al que se lo somete a condiciones extremas para que luego permanezca en la forma adoptada, por lo que es claro que la eficacia inmediata y masiva de la orden de “quedate en casa” fue posible porque la subjetividad ya tendía a un liberalismo existencial, bajo el quemante ritmo previo de una actualidad permanente y sus nuevas formas de explotación laboral, junto con la luminosidad eterna y maravillosa de las pantallas como meca libidinal.

¿Por qué colaboraste con el documental de Ofelia Fernández “Cómo ser feliz?”

A Ofelia le había gustado el libro y acepté participar como coguionista ya que ella fue la primera referente política que planteó no solamente que el uso de los dispositivos conectivos tiene relación directa con la severa crisis de la salud mental y anímica que padece su generación (dificultades para dormir, ansiedad, crisis de pánico, uso de drogas) sino también con la llegada de Javier Milei al poder (que sin una estructura partidaria tradicional ganó por sus “virales” en la web) y además puso en evidencia el negocio de los capitalistas que monetizan la virtualización general de las relaciones sociales, porque un estado “quemado” de la multitud colabora en que el statu-quo de las relaciones de poder parezca intocable.

¿Creés que educar a la juventud con ese documental podría servir para frenar algo que pareciera irrefrenable como todo devenir del capitalismo?

No creo que la película busque educar, pero sí apunta a que se use en las escuelas y ha tenido mucho éxito, porque logra con su proyección abrir un terreno para pensar y generar situaciones des-mediatizantes o presentificantes como lo es cualquier conversación colectiva: personas intentando pensar algo juntas, nombrar lo que les pasa, mirarse, escucharse, buscar generar nuevas ideas desde los cuerpos presentes y dejar un rato de consumirlas en la inmediatez de la pantalla.

El libro hace muchas alusiones a los componentes físicos de la adicción al celular: la vista, el tacto, el olfato, todos los sentidos distorsionados por la conectividad. ¿Por qué te pareció tan importante en un libro sobre tecnología hablar del cuerpo?

Porque el funcionamiento concreto de los sentidos o “lo sensible” es fundamental en la constitución social de la realidad, por lo que hablar de tecnología sin hablar del cuerpo sería fetichizarla, y se la debe criticar sin tomarla como una entidad que impacta sobre un sujeto que tiene una existencia virginal y después padece el efecto de los aparatos.

¿O sea que hoy ya no hay humano sin máquina?

No, pero desde siempre la máquina organizó el cuerpo, incluyendo la psique, porque las tecnologías conllevan una forma de praxis humana, que no “afectan” o “añaden” algo a la base de una presunta esencia o base fija de lo humano, sino que lo constituyen radicalmente, aunque no sea lo mismo el gatillo de un arma que el facón como no es lo mismo googlear que preguntarle a la IA, ya que disponen sujeciones distintas.

En tu artículo “Pegarla como streamer” trabajás la necesidad de los jóvenes de experimentar de “una emoción real” para así poder salir de la anestesia dopamínica del online, pero esa emoción está asociada al dolor. ¿Es plausible pensar que esa moda entre varones es similar al fenómeno masivo de las mujeres que se cortan como viene denunciando Ofelia?

Sí, la pobreza de estadísticas fiables no logra silenciar el rumor a gritos de la época, que es una crisis general de salud mental y que conozco de cerca porque trabajo tanto en el mundo educativo como en hospitales, por lo que sé que los profesionales hace años que cuentan cosas estremecedoras sobre chicxs cada vez más jóvenes que se lesionan, se suicidan o lo intentan.

¿Por lo tanto ves una relación directa entre esta situación de aumento de la tasa de suicidios y lo que analizás en el libro?

Los informes muestran un aumento considerable de suicidios consumados e intentos y no hay que ser un esclarecido para apreciar que el drama viene de una presión muy alta en la que “el deber ser” en todas sus formas aparece en los dispositivos conectivos y las plataformas de manera constante, intersticial y ubicua: todo el tiempo en todas partes estamos sometidos a la medición de nuestro valor y esto genera crisis nerviosas, presión por el rendimiento, sobrestimación de los resultados ante los procesos y una enorme frustración si no aparece el reconocimiento deseado, por lo que la salud política de un cuerpo social habría que medirla desde qué nivel de apego a la vida genera un modo de producción.

¿Y dirías que esta presión afecta también la vinculación con los otros?

Claro, el ordenamiento virtual de las relaciones, la permanente imposición de cánones que miden al cuerpo y la vida, pero sobre todo la degradación ontológica que la alienación conectiva produce en el cuerpo y el ánimo presente, sometido a actualizarse como punto con valor suficiente para participar del Continua Actualidad; todo eso atrofia las capacidades convivenciales, genera aislamiento y una “soledad saturada”.

¿Y pasar más tiempo en “la vida real afuera del teléfono” sería un remedio?

No necesariamente, porque al estar saturados de estímulos virtuales, a nuestra vida real (cuerpo, barrio) le falta algo, le falta todo, está despojada de la capacidad de realizarse y desplegarse como potencia dueña de sí, en tanto resulta obligatorio auto valorizarse para participar de la representación virtual de la vida, que paradójicamente resulta la instancia de constatación efectiva de existencia válida.

¿Entonces no existe un “afuera de internet” como tampoco existe un “afuera del capitalismo”?

No, porque la “mediósfera” como patrón existencial produce un cóctel letal de hiper estimulación online (siempre hay más y más) y depresión offline (porque es imposible dar la talla), entonces la amenaza en el capitalismo conectivo no es tanto la reclusión disciplinante, sino la expulsión a la des-existencia, porque si te quedás afuera de internet no existís, por lo que matarse offline (suicidarse) para muchos es como aceptar que ya antes se habían quedado fuera de juego online.

Me interesa el concepto de “moral mediático-financiera” asociada a la idea de “bróker del yo”. ¿Podrías explicar esa idea en detalle?

La presión por multiplicar el valor es una exigencia propia de la subjetividad contemporánea que tiene un costado financiero-conectivo, dado que genera una dinámica respecto a la propia vida muy instalada entre nosotros, por la que cada cual debe tratarse como su propio “capital humano” (un conjunto de recursos puestos a rendir y capitalizarse), pero entonces hasta tanto no rindamos nuestra ganancia máxima (y ahí entra lo de ser un bróker de uno mismo), sea en salario o en abdominales, estaremos en falta y para colmo, esas ganancias además deben convertirse luego en representaciones virtuales en las que se inflará su valor: “Hago feliz a mi nene, le saco una foto, la subo y al rato estoy ansioso por ver cuánto rindió, cuánto se infló mi existencia en redes”.

Diferenciás “comunidad” de “nosotros” y sostenés que es más deseable construir un “nosotros” cuando hoy por hoy la palabra “comunidad” tiene una connotación positiva en el discurso público. ¿Por qué creés que construir comunidad no sirve para salir del paradigma de la conexión permanente?

El término “comunidad” es utilizado hoy hasta el hartazgo en torno al consumo de un influencer o de un canal streaming porque en el océano de internet el naufragio siempre amenaza y allí aparecen entonces como cobijo existencial las “comunidades de plataformas”, que en realidad son empresas tecnofeudales híper poderosas que lucran con la necesidad subjetiva de agarrarse o sostenerse y pertenecer; a estas comunidades yo las distinguiría de aquellas que se generan cuando en lugar de consumir algo juntos creamos algo juntos.

¿Cómo creamos entonces juntos un “nosotros” en un país gobernado por la extrema derecha?

La figura del “nosotros” puede crearse si cambiamos la autopercepción colectiva de que somos una “red” de individuos aislados, asumimos la autoconciencia del entramado común al que pertenecemos (como la marea feminista, las movilizaciones de disidencias o el ricoterismo) y nos enfocamos en que no hay peor derrota que aceptar la presunta impotencia de la acción colectiva, tomando como ejemplo cuando el 6 de agosto participamos de una movilización social muy grande que usó las redes y los medios de comunicación como prolongación del afecto por la tierra y de la fuerza que puede hacerse desde la tierra y sabiendo que sólo esas presentificaciones de esos diversos “nosotros” en la calle, que reponen la superioridad estética, ética, experiencial y libidinal del igualitarismo, pueden ponerle coto al ultracapitalismo filofacho gobernante.

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martes, 1 de septiembre de 2026

Galia Moldavsky: “En internet la cancha está inclinada a favor de los varones”

 Para Revista VayainaMag

Casi muerto el 2026, y tras varios años de vigencia, pareciera que el fenómeno de los streams es otra excepcionalidad nacional. Los canales locales de YouTube con programación estable no sólo triplican en número a los de cualquier otro sistema mediático en el resto del mundo, sino que también ya se estudian en carreras de comunicación. Si este boom es una moda, una tendencia o el origen de una tradición, el tiempo lo dirá. No sería la primera vez que Argentina es pionera en materia de medios: pasó con los locos de la azotea y la radio, así que podría volver a pasar.

Mientras tanto, y como siempre, la presencia femenina en esos espacios es, si no acotada, por lo menos modesta, y el rol de las comunicadoras queda casi invariablemente relegado al de la comentarista del señor sesudo que dice cosas sesudas o, en el peor de los casos, al señor poco sesudo que cuenta hazañas sexuales para que la comentarista se las festeje. Oh, same old same.

Pero entre like al vivo y like al vivo, aparecen algunas luces, destellos, pistas. Streamers jóvenes, arriesgadas y creativas que se posicionan sin prisa pero sin pausa en el firmamento de eso que hemos dado en nombrar como la «mediósfera» vernácula. En esta serie de entrevistas, a la que llamamos «Las minas del stream», nos proponemos conocer a algunas de ellas. Hoy: Galia Moldavsky, que regresa con el programa Pensamientos intrusivos, esta vez en País de Boludos.

¿Cómo empezaste a trabajar en medios?

A los 20 años entré como redactora a Política Argentina, un portal de noticias donde con algunos compañeros decidimos producir un programa propio para una radio online, lo que me llevó a la extinta Radio Blue, que en ese momento compartía edificio con Radio Metro. Esa fue la puerta de entrada para arrancar como productora en el programa Metro y Medio, que conducía Sebastián Wainraich.

¿Y cuál fue tu derrotero en el mundo de la radio a partir de ahí?

En Metro produje varios programas pero también fui movilera, columnista y coordinadora de aire, lo que me permitió entrar a Radio con Vos al mismo tiempo que trabajaba como guionista de podcasts para Posta. En 2020 tuve un ciclo semanal propio en Futurock llamado “1990” y para 2022, me incorporé como coconductora a Mejor País del Mundo, junto a Diego Iglesias.

Entonces tu carrera como streamer es relativamente reciente.

Comparado con lo mucho que trabajé en radio sí, porque recién en 2023 empecé con una participación semanal en Gelatina en un programa llamado “Te aviso, te anuncio” . Y ese mismo año entré a Blender, primero como coconductora de Escucho Ofertas (conducido por Guillermo Aquino) y un año después como directora artística hasta octubre de 2025, que decidí dejar ese canal.

Pero desde que no formás parte de Blender seguís en el mundo stream produciendo contenidos nuevos desde tu propio canal.  

Sí, porque cuando me desvinculé de ese espacio retomé mi canal personal en YouTube con algunas entrevistas y este año fundé con un socio Origen Haus, una agencia de producción de formatos audiovisuales y estrategia digital.

¿Qué creés que aporta el stream a tu desarrollo profesional que no lo hace la radio?

En lo personal, encontré en ese medio un tono para hablar que es más afín a cómo me gusta comunicar. Siempre sentí que la radio me pedía ser más cuidadosa con lo que decía y mi sensación era que podía ser mejor comunicadora si era “más yo misma” y menos estructurada.

¿Y qué le aportas vos y tu mirada al panorama de stream nacional?

Decir que aporté algo específico quizás sea un poco mucho, pero sí intenté incorporar a todos los proyectos en los canales que integré mi experiencia en la radio, que es la mejor escuela del mundo. Sobre todo para poder pensar segmentos, secciones, temas, maneras de contar, programas que sean una buena compañía, y fundamentalmente incorporar figuras que me parecían talentosas del universo radial al audiovisual.

¿Es por esa impronta que funciona tan bien «Amigas prestadas»?

Puede ser, porque la idea nace en una radio en 2021, cuando nos convocaron con Jesicall para CongoFM (extinta radio online y productora de podcasts propiedad de Clemente Cancela y otros periodistas) y creamos esa sección en la que dos chicas comentan consultas de oyentes. Así que desde entonces con ella tenemos una química que ya está mega testeada y sabemos que la pasamos genuinamente bien trabajando juntas. Aunque en realidad creo que el ciclo actual funciona bien porque el chisme es un deporte nacional y apunta a un público específico, un nicho. No es generalista y no lo quiere ser.

¿Por qué pensás que en Argentina se da el fenómeno de canales con programación que no se da en ningún otro lugar del mundo?

Porque acá está muy instalado el formato “cuatro personas hablando de un tema” de una manera que no existe en el resto del mundo, donde los formatos más populares son uno o dos conductores o un conductor y un entrevistado. En Argentina heredamos la tradición de la compañía constante de la radio, que es parte de nuestra idiosincrasia, entonces las personas que empezaron en stream venían de consumir o de formar parte de esa escuela y trasladaron esa visión a YouTube.

¿Pero por qué en un panorama con tanta oferta hay tan pocas mujeres haciendo stream? 

Con la llegada del stream el escenario de medios en el país, desde el punto de vista feminista, no sólo no mejoró sino que empeoró. Porque el stream funciona en plataformas de internet, que son un terreno en el que los varones tienen mucha más presencia como comunicadores pero también como usuarios. Antes, en la radio o la televisión, tenías más periodistas o conductores hombres, pero el público estaba dividido entre hombres y mujeres.

¿O sea que internet es machista?

No es mi percepción, sino que el diagnóstico parte de que, según los datos que pude analizar, los hombres consumen YouTube de manera más asidua que las mujeres. Lo que no significa que no haya fenómenos web producidos o consumidos por mujeres pero, desde el vamos, en internet la cancha está inclinada a favor de los varones.

Formaste parte de la plantilla y dirección de Blender, ¿qué pasó ahí? ¿Es un caso más del típico «dueño de medios garca que actúa como dueño de medios garca» o hay en este nuevo medio un nuevo espécimen de «dueño garca»? 

No sabría decir si existe ahí o en otros canales un espécimen de “nuevo dueño garca”, sino que lo que viví en Blender fue una primera fase donde nos dejaron armar una identidad que creíamos que era original y propia. Pero, en determinado momento, vimos que querían ser un medio más comercial, orientado al entretenimiento; aunque sinceramente nunca terminé de entender bien cuál era la búsqueda de sus propietarios.

¿Cómo viviste lo que sucedió en ese canal hace unos meses a partir del despido masivo de trabajadores por un reclamo salarial y la renuncia de Fiorella Sargenti al aire?

Si bien yo me fui de Blender en octubre de 2025 y no lo viví desde adentro del espacio, sí creo que hubo un claro vaciamiento del medio que arrancó con los despidos a los miembros de la producción del equipo de Tomás Rebord, despidos que fueron hechos con una crueldad absoluta y una arbitrariedad que no veía hace mucho. Lo considero un golpe directo a Tomás, pero que no terminó ahí porque desde entonces siguieron los despidos y siguen al día de la fecha.

¿O sea que sí ves algo nuevo en esa maniobra que en otras de la patronal mediática?

Es un horror porque si bien no es la primera vez que veo un medio morir, quizás sea la primera que lo veo con estas características tan violentas. 

¿Qué proyectos tenés a futuro?

Estoy trabajando para que mi agencia crezca y la gente valore el trabajo que hacemos con mi socio, con el que brindamos asesoramiento para quienes quieren hacer productos audiovisuales, pero no saben ni por qué lo están haciendo, ni para qué público. Nosotros nos encargamos de encontrar el tono, la identidad, la audiencia y la estrategia para que el contenido que se produzca tenga un sentido en este mercado tan saturado. 

¿Con qué sueña Galia Moldavsky?

Con poder seguir trabajando de lo que amo, que es comunicar, sea al aire o produciendo, porque es mi vocación y es lo que sé hacer. Ojalá pueda seguir viviendo de eso.