Casi muerto el 2026, y tras varios años de vigencia, pareciera que el fenómeno de los streams es otra excepcionalidad nacional. Los canales locales de YouTube con programación estable no sólo triplican en número a los de cualquier otro sistema mediático en el resto del mundo, sino que también ya se estudian en carreras de comunicación. Si este boom es una moda, una tendencia o el origen de una tradición, el tiempo lo dirá. No sería la primera vez que Argentina es pionera en materia de medios: pasó con los locos de la azotea y la radio, así que podría volver a pasar.
Mientras tanto, y como siempre, la presencia femenina en esos espacios es, si no acotada, por lo menos modesta, y el rol de las comunicadoras queda casi invariablemente relegado al de la comentarista del señor sesudo que dice cosas sesudas o, en el peor de los casos, al señor poco sesudo que cuenta hazañas sexuales para que la comentarista se las festeje. Oh, same old same. Pero entre like al vivo y like al vivo, aparecen algunas luces, destellos, pistas. Streamers jóvenes, arriesgadas y creativas que se posicionan sin prisa pero sin pausa en el firmamento de eso que hemos dado en nombrar como la «mediósfera» vernácula. En esta serie de entrevistas, a la que llamamos «Las minas del stream», nos proponemos conocer a algunas de ellas. Hoy, Melina Varnavoglou, nos cuenta sobre su trabajo de conducción en FMI: Una Filosofía Muy Interesante.
¿Cuál es tu derrotero profesional antes de llegar al stream?
Me gusta la idea de derrotero, porque pareciera que una “cae” en el stream luego de varias derrotas en el periodismo tradicional, pero en mi caso es al revés porque no trabajé nunca para radio o TV ni sostuve un canal de Youtube. Así que FMI es mi primera experiencia periodística.
Pero escribís en medios gráficos y en la web.
Sí, hace varios años que escribo para una revista española llamada Filosofía & Co y en Argentina colaboro con Las 12, LatFem, la revistas Enfant Terrible y Supernova, aunque como tengo tres libros de poesía publicados me considero una poeta, pero ser poeta no es una profesión.
¿Qué te llevó a hacer divulgación científica en stream?
Lo que hacemos en FMI no es divulgación de filosofía en sentido estricto, sino filosofía en vivo o en su estado más vulgar, inspirados en un dispositivo muy antiguo que es la conversación. Por lo cual tiene sentido hacerlo en un stream y no un programa editado, porque en internet la divulgación en los temas que abordamos suele tener la forma de vídeos pre grabados tipo “Cómo entender a Kant en 1 minuto” y eso no nos interesa.
¿Qué dificultades tiene streamear contenido académico como son los debates filosóficos que abordás en el programa?
La principal dificultad de la divulgación filosófica es su despolitización, porque si bien es un discurso “difícil”, también resulta un commodity intelectual del que todos quieren saber “un poco” para poder hacer alguna cita de autoridad o legitimar culturalmente alguna intervención periodística. Pero eso es un problema si consumís contenido aislado de Platón por ejemplo, sin saber en qué sociedad vivía, descontextualizás al filósofo de las discusiones que tenía con su época y al mismo tiempo despolitizás las que nosotrxs tenemos ahora.
¿Y FMI sí politiza el discurso filosófico?
Eso intentamos, porque cuando uno efectivamente usa la conversación filosófica para pensar, sucede algo más interesante. Hoy la filosofía es el instrumento más poderoso de transformación que tenemos, sino veamos lo que hacen los filósofos de derecha y lo importante que es la tarea de los expertos en “Filosofía de la tecnología” en estudiar la Inteligencia Artificial, de ahí se desprende que es una herramienta de transformación del pensamiento y por lo tanto, del mundo. Con lo cual, los que comunicamos filosofía deberíamos poder transmitirla con ese tipo de responsabilidad.
¿El programa tiene una posición ideológica determinada?
Me interesa generar algún tipo de conversación política que sobrevuele por encima de la coyuntura y haga foco en la cultura y el pensamiento militante. Por eso, por FMI han pasado trotskistas, progresistas, autonomistas, peronistas de varias cepas, anarquistas y feministas.
¿Esa polifonía de discursos no conspira contra el sentido de “comunidad” tan propio del stream, donde se busca reafirmar el sesgo de confirmación de los que lo consumen?
Sí, esta variedad es completamente anti estratégica si una quiere construir o alimentar su audiencia desde algún tipo de “nicho político”. Pero lo que a mí me interesa es hacer un ejercicio democrático y por eso invitamos personas de diferentes identidades sexuales, generaciones y profesiones y ya han pasado gays, lesbianas, católicos, ateos, travestis, jubilados, fetichistas: todxs bajo la consigna de hablar de algo más que de sí mismos, de pensar la época y más allá de ella.
¿Creés que es por esa diversidad que funciona tan bien FMI?
Gracias por considerar que le va bien, pero imagino que, además de los invitados, es porque el programa es muy singular en su propuesta y al no ser yo alguien quemado en las redes, eso por ahí da más ¿confianza? o ¿intriga?. Si bien una nunca sabe cómo puede ser interpretada, siento que no es tan predecible lo que voy a decir porque a veces ¡ni yo misma lo tengo claro!
¿Cómo encarás la producción de un programa tan “pensado” con una frecuencia semanal?
Al hacer una “Melitorial”, donde introduzco mi propia perspectiva sobre el tema del día o leo un texto que escribí a propósito de ese asunto, estoy obligada a que se me ocurra algo nuevo todas las semanas, lo que implica pensar un tema, una estética y un invitado diferente cada vez. La diversidad de temáticas es lo más desafiante, porque tengo que leer mucho y switchear entre temas muy distintos. Por suerte soy muy curiosa en una variedad de corrientes y temas y el propio programa me formó muchísimo.
¿Y qué particularidad tiene tu programa frente a otros ciclos de stream con invitados académicos?
Al trabajar por temáticas que van desde grandes cuestiones filosóficas (la amistad, el deseo, la locura, la mitología) a otras corrientes más contemporáneas como el posthumanismo, la filosofía de la técnica, la guerra o el trabajo, y como además nos interesa la cultura, los invitados varían más que en otros ciclos porque no sólo convocamos filósofos o autores, sino también músicos, cineastas, humoristas y pintores.
¿Por qué hay tan pocas mujeres haciendo stream?
No creo que haya pocas mujeres y de hecho cada vez hay más, pero el asunto es en qué roles están (muchas columnistas o panelistas y pocas conductoras) y qué tipo de programas son los conducidos por una mujer, en los que el contenido muchas veces se orienta a un segmento femenino, cuando como decía Galia en la entrevista anterior, el stream en general es tierra de varones y en particular de varones de derecha. ¿Hay que plegarse a eso y por lo tanto “masculinizarse” para captar esa audiencia, baitear y volvernos “rancias”? No.
¿Y cómo ves ese escenario desde el punto de vista feminista?
No hay nada más feminista que habilitarnos a hablar de temas fuera de agenda, con otros abordajes y en otros términos, porque si todos los programas hechos por minas se dedican a repasar el último trend intelectual del feminismo yanki (las trad wives, por ejemplo) y lo relacionan con una serie o película yanki (digamos Girls y la cancelación de Lena Duham), y a lo sumo alguna vaga reflexión personal sobre una polémica de Twitter, es muy pobre y no interviene en la conversación política, que es lo que más que nunca tiene que hacer el feminismo.
¿Qué otros desafíos ves en ese panorama?
Entre mujeres que hacen stream cuestan más las alianzas, mientras se puede ver muy fácilmente cómo circulan los vínculos entre los streams conducidos por chabones y los medios tradicionales, a la vez que se hacen favores mutuamente. Si uno saca a otro como invitado, al poco tiempo el otro lo invita, por lo que se autoconstruyen y construyen sus grupos de afinidad y redes de contactos, que es lo que hay que hacer si uno además de periodismo quiere construir poder mediático, que no son lo mismo.
¿Y entonces esa sería la estrategia más efectiva para que las mujeres ganen visibilidad en el stream, invitarse unas a otras a sus programas?
Podemos no querer hacerlo, pero siento que como seguimos en una lucha a muerte por el reconocimiento, que es en definitiva el de los varones, nos atomizamos y no nos pasamos la pelota porque pensamos que, justamente, como el medio está muy masculinizado, cada una tiene que destacar por sí misma, y que si somos muchas en muchos medios diferentes tendremos más pregnancia. Pero no es así, porque lo que falta son alianzas entre nosotras y animarnos a intervenir en política de forma más creativa, lo cual es un problema estructural que tiene hace rato el feminismo.
FMI se transmite por Posdata, un canal autogestivo. ¿Qué es lo que te gustó del espacio para ubicar tu programa ahí?
Posdata es una usina de creatividad y de libertad de pensamiento en la que se trabaja con mucho profesionalismo, algo realmente sui generis en el mundo del stream. Además participan periodistas profesionales como Diego Stulzwark, Marta Dillon, Giselle Leclerq, Vera Ferrari y Juan Luis González, que también son referentes intelectuales y de militancia. Creo que lo más interesante del canal es que muestra que el stream no es solo un formato, sino una forma de hacer periodismo.
¿Cómo se llevan las prácticas de la autogestión con este nuevo universo stream?
Lo malo ya todos lo sabemos y es que no hay plata, pero tampoco ningún programa gana dinero por estar en Posdata y cada uno encuentra la manera de entregarse a su propia autoexplotación creativa. A la vez no baiteamos como otros canales y si bien hay mucho contenido político, no estamos inscriptos dentro de ninguna estructura que además de financiamiento nos otorgue visibilidad. El equipo de FMI también es autogestivo y está integrado por Sisú Pasik y Nicolas Pol.
¿Por qué crees que en Argentina se da el fenómeno de tantos canales de stream que no se da en otro lugar del mundo?
Hacemos stream porque es barato, mientras en los noventa existían programas contraculturales en la televisión con periodistas como Fabián Polosecki y había un vínculo entre el under y el mainstream más fluido —por ejemplo, Antonio Gasalla iba al Parakultural y veía actuar a Alejandro Urdapilleta a las cuatro de la mañana y después lo llevaba a su programa en la televisión pública— que creo que duró hasta “Todo x 2 pesos” donde todavía había producción, guionistas y plata.
¿Y ahora no existe ese under?
Hacer cosas creativas como queremos hacer en Posdata es más difícil ahora, porque no es que el under no exista sino que o se transforma en mainstream de manera automática, o permanece aislado o muere porque es insostenible. Entonces así como cierran muchos centros culturales, con los streams autogestivos pasará lo mismo.
¿Y cómo se rompe esa espiral?
A través de la gente, el famoso “construir comunidad” y en ese sentido son muy importantes los eventos en vivo, que la gente se cruce, discuta cara a cara entre sí y no sólo conmigo, mientras se arman referencias y bandos en torno al programa o al canal.
¿Qué proyectos tenés a futuro?
En la próxima temporada me encantaría cruzar invitados que ya han venido y pienso pueden disentir mucho entre sí, que tengamos cámaras no sólo fijas, poder hacer producciones especiales, con vestuario y luces tipo Contrapoints, y también que hagamos algún tipo de publicación en papel y en un futuro ¡un libro!
¿Con qué sueña Melina Varnavoglou?
Ya que el programa exista, en este contexto, es un sueño. Pero puestos a desear, además de desarrollarme como periodista más allá de FMI y seguir escribiendo, mi sueño sería que alguien quisiera producir bien el programa y consiga la forma orgánica de generar dinero con él.
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