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martes, 18 de octubre de 2022

Columna de Cine&Series #9: "The Bear" y otras gastroseries de culto

A raíz de que se estrena en Argentina "The Bear", que está cosechando buenas críticas por su estructura, guión y actuaciones, recomendamos otras gastroseries que tienen a la comida y a los chefs como eje principal.

sábado, 15 de octubre de 2022

Un cuento x semana #1: Viernes 19hs

El cartel en el ascensor estaba escrito en letras de molde con fibrón grueso y rojo pero Susana tuvo que ajustarse los anteojos para enfocar. Recién cuando lo leyó por tercera vez, lo creyó posible y sonrió. “Viernes 19hs: Reunión de consorcio por el fantasma”. Lo que no estaba especificado era dónde sería el cónclave, pero asumió que como todos esos tediosos episodios, se llevarían adelante en la casa de la rubia del tercero que tenía el living más grande del edificio y estaba decorado también a lo grande, casi como si quisiera habilitarlo para festejar cumpleaños de quince y casamientos. Era lunes. Susana intuyó que durante la semana el cartel sufriría algunas anotaciones risueñas dado lo exótico del anuncio y la edad del pavo de muchos de sus vecinos, que hacían del ascensor una sala de grafitis como si sus padres nunca les hubieran dicho que no había que escribir cada pared que veían a su paso. Esa cadena de razonamiento llevó a Susana directamente a pensar en su nieto, Francisco, que vivía en ese edificio pero que no le dirigía la palabra, y en cómo era cada vez más difícil comunicarse con las generaciones siguientes a la de ella. Acto seguido recordó que en la época que tenía la edad de Francisco no había habido ningún adulto preocupado por comunicarse con ella y dejó los pensamientos para más tarde, cuando volviera de hacer su caminata diaria de tres vueltas manzana.

La rubia del tercero se llamaba Ana María Demisópulos y tenía, como estimaba Susana, un gusto horrendo para la decoración de interiores. En su casa las cortinas salmón convivían con sillones de cuero anaranjados y almohadones de piel en animal print. A todo eso había que agregarle la cuota de brillo que daban los adornos patinados con betún de judea para imitar bronce que encandilaban al visitante y los chillidos de sus dos cachorros de la raza de moda. Digno exponente de Puerto Madero, la familia de Ana María había comprado varios departamentos para que se instalaran en ellos todos sus miembros. En el quinto vivía el hermano de Ana María, Josecito Demisópulos, con su cuñada Munchi. En el cuarto y sexto habitaban los dos hijos con sus parejas, Romina y Walter por un lado y Joaquín y Lola por otro. Los Demisópulos en pleno se juntaban cada domingo en el tercero, porque poseía el comedor más amplio.

Cuando vio el aviso, Ana María se sintió en primer lugar satisfecha por ver materializadas sus gestiones frente a la administración pero además muy inteligente por no haber dejado que los realizadores del cartel pusieran el domicilio de la reunión, dado que tenía pánico a que se le apareciera el fantasma en su casa. Era martes cuando vio el letrero y supuso que en los días siguientes habría de sufrir diferentes vandalismos por parte de las proto personas con las que compartía edificio y en especial de la vieja loca del segundo, que siempre se las apañaba para discutirle todo lo que podía en las reuniones de consorcio y había presentado especial oposición a que se hiciera una tertulia por el tema del espíritu, ya que a ella era a la que más había atacado y temía que tomara represalias contra su propiedad.

La vieja loca del segundo vio recién el cartel el miércoles. Esto le hizo suponer que el fantasma lo había visto antes que ella, lo que le generó inmediatamente una descompensación de azúcar en sangre que la llevó directo a la sala de emergencias. Rosario Aldomaya, como se llamaba, estaba más vieja de lo que ella misma quería admitir y por eso decidió hacerle caso a su profesor de yoga. “Hay que elegir las batallas”, le había dicho un joven atlético que la visitaba tres veces por semana en su piso.  Así fue que decidió que no iba a contradecir la iniciativa de sus vecinos pero en esta ocasión enviaría a una de sus empleadas a la reunión para que se la vieran con el fantasma, dado que ella guardaría reposo. Sabía además que todos se encargarían de endilgarle el espíritu a ella, ya que había enviudado recientemente. Esa terrible circunstancia sumada a sus reiteradas quejas por ruidos molestos que nadie más escuchaba eran óbice, decía, para que cayeran sobre su persona un cúmulo de insensatas acusaciones de brujería. Como buena católica, la Sra. Aldomaya no creía en apariciones ni nada ajeno a la gracia del Señor, pero sí había experimentado ciertas “presencias” desde que su marido había fallecido. Sus hijos y otros parientes habían considerado que era parte natural de su duelo hasta que vieron las grabaciones de la cámara de seguridad que les proporcionaron en el consorcio. En ellas se veía a Rosario en camisón corriendo con un palo de escoba hacia la nada por el pasillo del edificio, apagando un incendio inexistente con un matafuego en el deck de la pileta y rompiendo los espejos del palier con un martillo. Todos los incidentes habían sido endilgados a la endeble salud mental de la Sra. Aldomaya, hasta que varios miembros de la familia Demisópulos experimentaron extrañas coincidencias que comenzaron a relacionar con presencias espirituales.

Primero a todos se les había cortado el agua durante una semana, sin que esto afectara al resto de los vecinos. Luego habían aparecido rotas sus colecciones de vajilla fina y finalmente la caldera central había enloquecido y elevado su temperatura al máximo sólo en los departamentos de la familia, haciendo imposible caminar sobre la loza radiante sin calzado especial durante breves lapsos de 20 minutos todos los días. Los Demisópulos asumieron que había alguien o algo que estaba jugando con ellos y decidieron unir sus fuerzas con los dueños del resto de los departamentos del edificio, los Pérez Goitía, para echar de una vez a la vieja loca de Aldomaya, a presunción de su esquizofrenia reciente.

Los Pérez Goitía ocupaban los pisos primero, segundo y séptimo del inmueble. Tenían más dinero del que podían gastar en cinco generaciones así que como se llevaban a las patadas habían decidido ocupar cada uno de ellos un piso. En el primero vivía la madre, en el segundo el padre y en el séptimo los tres hijos adolescentes, al mando de un batallón de niñeras sobrecalificadas para el puesto que hacían las veces de psicólogas, nutricionistas y guías espirituales de los tres jóvenes que, abandonados a la suerte que da el dinero, crecían sin contención alguna y eran depositarios de todo tipo de prejuicios por parte de los vecinos que no eran  de su familia y del peor de los desapegos por parte de los vecinos que sí lo eran. Francisco, Ludmila y Jeremías vivían así una suerte de fantasía hollywoodense sin límites ni reglas que los llenaba de odio y resentimiento para con todo aquel que viviera una vida normal plagada de límites y reglas.

Cuando empezaron a suceder cosas extrañas en el complejo fueron los primeros sospechosos, hasta que las acusaciones comenzaron a cruzarse, dado que a ellos también los acosaba el espíritu maligno. Solo que en el caso de los retoños, lo maligno pasaba por benigno y las apariciones eran insólitas pero felices. El primer episodio fue la llegada a su departamento un sábado por la noche de una joven actriz de moda y diez de sus amigas, que aducían que habían sido contratadas para una fiesta privada. Luego comenzaron a aparecer de manera inexplicable fans en la puerta del edificio que pedían que los hermanos Perez Goitía las recibieran como si se tratara de estrellas de rock. Finalmente, estaban los desayunos. Todos los sábados, los hermanos se despertaban con olor a bizcochuelo recién hecho, producto de las bendiciones del fantasma que lograba que llegara a ellos, vía empresa de desayunos, un ejemplar diferente de los más ricos manjares de la pastelería. Cuando consultaban a la firma, el encargo se había hecho de forma anónima y el pago estaba cargado en la extensión internacional de la tarjeta Visa que nunca usaban. Tras reiterados pedidos de cancelación, la empresa seguía enviando sus productos porque aducía que ya estaban pagados por adelantado y temía una denuncia de defensa del consumidor. Los hermanos vieron el cartel de la reunión el jueves. Se consultaron si irían los tres o sólo alguno de ellos dado que la asistencia implicaba conversar con sus progenitores, a quienes hacía meses que no veían. Decidieron que irían los tres para apoyarse mutuamente en el caso de que hubiera algún altercado.

El viernes a las 19hs todos los propietarios se hicieron presentes en el departamento de Ana María Demisópulos. Su cuñada Munchi había conseguido un juego de Ouija que todos tomaron a risa. Los Pérez Goitia padre llevaron dos whiskys importados y los Pérez Goitia hijos unos macarons descongelados del conteiner de confitería fina que tenían en su freezer. De manera ágil se pasó de las palabras cordiales a los reclamos y las discusiones. Primero se expresó la necesidad de que la Sra. Aldomaya estuviera presente. Su empleada dijo que Rosario había sufrido una descompensación y necesitaba reposo. Se barajó la posibilidad de ir a hacer la reunión en su lecho pero se descartó por una moción de orden del Sr. Pérez Goitia, que adujo que había perdido a su madre unos meses atrás y que no podía acercarse mucho a mujeres convalecientes. Se enumeraron luego los últimos episodios relacionados con el espíritu. 1) La población de peces en la pileta. 2) El persistente olor a incienso en todos los palieres. 3) La insistencia del ascensor en parar solo en los pisos pares. 4) Las continúas apariciones de los bomberos sin que nadie los llamara. 5) La relocalización automática, aleatoria y arbitraria de los canales de la grilla del cable.

Susana vio como todo se desarrollaba sin emitir opinión. Pensaba que ese grupo de gente por un lado la conocía y por otro lado la ignoraba. Ella sabía también sus más íntimos secretos pero no conversaba con ninguno. Sentada en una punta de la sala, apoyada sobre lo que estimó un horrible espejo con marco dorado en el salón de fiesta del tercer piso, emitió un suspiro hondo de cansancio que culminó con un gritito seco. Solo su nieto Francisco por fin pareció escucharla, pues miró en su dirección.

-Ya está bien, abuela, me rindo –protestó al aire el mayor de los Pérez Goitia.

En el cotolengo Demisópulos se hizo un silencio sepulcral. El padre Pérez Goitia, recientemente huérfano de madre y sin hablarse con sus hijos por meses, rompió en llanto al escuchar a su primogénito nombrar a la difunta Susana.

-¿Qué decís, Francisco? –exclamó la madre Pérez Goitia, avergonzada por dos al  ver a su marido llorando  frente a casi desconocidos y a su hijo hablándole a la nada.

-El fantasma es la abuela, mamá, que nos extraña – dijo Francisco.

-¿Seguís tomando tu medicación vos? –preguntó la madre Pérez Goitia.

Francisco no respondió la pregunta y mientras su padre seguía llorando de forma desconsolada se abalanzó hacia el espejo. Ante la mirada atónita de todo el edificio agarró el marco patinado con betún de Judea y se lo puso bajo el brazo.

-Vamos –le dijo a sus  hermanos- nos mudamos esta misma semana a la casa de la abuela. Yo también la extraño.

viernes, 14 de octubre de 2022

Columna de Cine&Series #8: La mítica "Casablanca" cumple 80 años y repasamos sus curiosidades

A partir del re-estreno del clásico drama romántico dirigido por Michael Curtiz,  protagonizado por Ingrid Bergman y Humphrey Bogart, repasamos algunas curiosidades de su producción y estreno para celebrar los 80 años que el filme cumplirá a fines de noviembre próximo.

martes, 4 de octubre de 2022

Columna de Cine&Series #7: Polémica por "Blonde" sobre la ¿vida? de Marilyn Monroe

Se estrenó en Netflix esta adaptación de la novela de Joyce Carol Oates sobre la vida de Marilyn Monroe y generó polémica entre críticos, asociaciones políticas y el mundo del entretenimiento en general. Por eso indagamos en filmes que sí son intentos de retratar la vida de la actriz desde el punto de vista documental.

martes, 27 de septiembre de 2022

Columna de Cine&Series #6: "Argentina, 1985" y otras películas de Santiago Mitre

A raíz de que "Argentina, 1985" fue seleccionada para representar al país en los premios Oscar y se estrena esta semana en más de 200 cines repasamos detalles de esta película y otras de su director Santiago Mitre.

sábado, 27 de agosto de 2022

Natalia Moret: “La insistencia de los muertos en volver es muy inquietante”

Para Revista Sonámbula

Diez años después de su brutal debut con “Un publicista en apuros” Natalia Moret publica “El año en que debía morir” donde bucea en su propia historia familiar para reflexionar sobre el duelo, la maternidad y la escritura. 

Ya desde su enigmático título la nueva novela de Natalia Moret muestra su talento para el policial: ¿Cómo sabe el personaje que debe morir ese año? ¿Por qué debía hacerlo pero no lo hace y escribe el libro? ¿O muere al final y el libro es póstumo? ¿O no muere y es todo un delirio? ¿Qué pasa en esta novela?

En rigor, pasa de todo: Una escritora deja la ciudad y se va con sus hijas y su marido a una casa de campo durante una pandemia, está por cumplir 42 años, quiere escribir y no puede. Para evitar el Word se hace análisis clínicos que terminan en una biopsia, y mientras espera los resultados logra finalmente escribir sobre su familia, su adolescencia y juventud. El detalle es que la madre de la escritora (la protagonista, pero también de la autora) murió a los 42 años de un cáncer que puede ser hereditario (o no). Y que la biopsia es justo ese año, el año en el que ella debía morir según su propia profecía autocumplida. El resultado de esa espera agónica durante una semana en la pampa húmeda es una reconstrucción minuciosa de un proceso de duelo patológico que nunca ha sido resuelto y se encarna en el presente más asfixiante y catastrófico posible: ¿Y si no podemos escapar nunca de los mandatos morales y genéticos que heredamos de nuestros padres?

Con una estructura de investigación detectivesca en la que la propia biografía de la protagonista es un misterio a resolver para ella misma, Moret indaga en su pasado, su presente y su futuro todavía incierto, en un juego de mamushkas que trabaja sobre la memoria como ficción y a la vez reflexiona sobre la creación y la literatura en general. Li-bra-zo.

-Dice la protagonista que no poder escribir la lleva a hacerse estudios médicos y que eso la arroja a la escritura de la novela que tenemos entre las manos ¿El origen del texto fue así?

-Hay algo que dice Piglia que me encanta: la crítica es la forma más elaborada de la autobiografía. Y yo creo que la autobiografía es la forma más elaborada de la ficción. Si fue así o no fue así, aplicado a cualquier parte del libro, me resulta muy difícil de responder con honestidad. Fue así más o menos: cuando encontré tiempo en la pandemia, cada vez que me sentaba a escribir terminaba derivando hacia otra cosa, me evadía, me excusaba. Y una de las cosas que hice para no enfrentar la computadora fue ponerme al día con estudios médicos y ese control resultó en la biopsia, que desencadenó lo demás.


-El texto tiene muchas referencias a su propia creación ¿Cómo funciona eso de escribir un libro sobre escribir un libro? ¿No te volvió un poco loca ese loop de agujeros de gusano?

-Como no estaba en mis planes escribir una novela autobiográfica pero el tema se impuso, de pronto me encontré escribiendo páginas sueltas sobre mí. Sentí que había algo potente que podía volverse un libro, pero no encontraba el hilo. Supe que tenía una novela recién cuando encontré el método: la reflexión sobre la propia escritura, el artificio, la ilusión de que el texto se va escribiendo a medida que uno lo lee, como si el lector lo escribiera también, y descubriera al mismo tiempo que la narradora las mismas cosas que ella va descubriendo. Así que más que volverme loca, ese procedimiento fue lo que me ordenó y me dio el andamiaje sobre el que pude montar todo lo demás.


-En el libro se plantea el problema de un olvido selectivo asociado a la muerte de tu madre ¿Fue realmente a partir de la escritura que destrabaste recuerdos traumáticos que habías bloqueado o eso también es un artificio literario?

-Hacía tiempo que no pensaba en muchas de las cosas que pensé al escribir este libro, pero ese mes del que hablo en la novela, posterior a la muerte de mi mamá, es una gran nebulosa y la verdad es que ni siquiera ahora, después de haberla escrito, es claro. Creo que más que destrabar lo que pude hacer es aceptar es que eso que se borró, se nubló o se perdió ya está perdido y tal vez sea parte del mismo duelo. Entonces la escritura no desbloqueó lo que fue borrado, sino que me ayudó a aceptar y entender que está bien haya sido así, como fue.


-Durante la pandemia mucha gente empezó a revisar su pasado y subir fotos viejas a redes sociales: ¿Pudo haber sucedido algo de eso en tu caso?

-En mi caso la pandemia solo intensificó algo que me tocaba vivir el año de mis 42, que como cuento en el libro siempre había sido un umbral: más allá, el fin. Tenía terror a llegar a esa edad, pero todavía más terror a la idea de no llegar a los 43. Entonces la pandemia me dio una mano para que no me distrajera más y no pudiera escaparme más. Aislarme y dejarme sola en el medio de la nada en un año tan crucial de mi vida fue como si la vida me dijera: “Vamos, es hora de que te hagas cargo”.


-¿Y te sirvió la novela para hacer el duelo?

-Sí. Yo no tenía este plan y me costó mucho aceptar la aparición de eso, porque me daba miedo, era algo irresuelto y muy difícil para mí. Pero estaba ahí, se hizo su lugar y estoy muy contenta con lo que ocurrió con el libro, pero también con el proceso que pude hacer, la elaboración del duelo que estaba incompleto. Siento que ahora estoy en otro lugar, que terminé de cerrar algo que tenía que cerrarse.


-¿Crees que hay algo de "realismo mágico" en tu libro cuando la protagonista se pone a hablar los muertos como si estuvieran presentes?

-No, no hay realismo mágico en mi novela cuando la narradora habla con los muertos porque el realismo mágico hace la operación inversa: inserta lo extraño en el mundo cotidiano como si fuese algo ordinario. En cambio en mi novela esta aparición del otro mundo, el de los fantasmas, siempre es una irrupción y una mezcla de dos planos que no deben mezclarse. Encuentro una conexión más cercana con el terror, con la idea de esa irrupción de un elemento del otro mundo en este, porque la protagonista varias veces dice que los muertos tienen que irse al mundo de los muertos, abandonar este plano, porque no corresponde que sigan acá y su tiempo está terminado, aunque la insistencia de los muertos y los fantasmas en volver es inquietante.


-Tu libro reconstruye las biografías de tu abuela y tu madre desde hoy: ¿Hay algo del feminismo de los últimos años que se coló en tu manera de ver sus vidas desde la actualidad?

-No siento que el feminismo de los últimos años haya sido algo que influyó en la escritura de la novela, sino que creo que la reconstrucción que hago de las vidas de mi abuela y mi mamá desde una mirada más compleja tiene que ver con que fui madre y entiendo las cosas de otra manera, así que mi mirada se complejizó porque la vida se complejiza con el paso del tiempo. Como dijo Fitzgerald: la vida es un constante proceso de demolición, y de complicación progresiva, agregaría.


-¿Entonces no dirías que escribiste una “novela feminista” aunque escribas sobre tu madre, tu abuela, tus hijas y tu lugar como escritora y madre?

-En la novela creo que no aparece nada de ese feminismo más actual porque yo fui criada en ese mundo cuando todavía ser feminista no era tan usual ni estaba instalado en la opinión pública. Mi mamá era justamente un bicho raro por eso, era feminista dura y yo fui criada así. Entonces en la novela lo que le pasa a la protagonista con la búsqueda de su propia identidad es una especie de revisionismo de los mandatos de su crianza. Junta el coraje para a evaluar estos mandatos después de haberlos hecho visibles y trata de decidir cuáles quiere acatar y en cuáles quiere ser desobediente. Porque hay que ser desobediente para crecer. Y ella tiene que decidir en qué aspectos de su vida volverse soberana.


-¿O sea que la cuarta ola feminista no modificó tu manera de ver el mundo?

-Celebro la explosión del feminismo, pero hay aspectos que miro con cierta reserva. Ahora hasta en las toallitas higiénicas se nos dice: “SEAMOS FUERTES” o “QUE NADA NOS DETENGA”. Hay una banalización que me parece riesgosa y creo que es la manera en la que el capitalismo siempre logra incorporar cualquier disfunción momentánea: aparece una expresión de disenso o rebeldía y el sistema la fagocita hasta hacerla parte del mismo sistema, para que no haya grietas, ni fugas, ni peligro. De pronto las mujeres tomamos algo que nos estaba siendo negado y hasta desde las toallitas femeninas nos dicen que está bien que sea así, que nos empoderemos, que eso es precisamente lo que el sistema espera de nosotras. Listo. Ya no somos peligrosas. Todo está bajo control. Como el final de Mad Men y la publicidad de Coca-Cola.


-Comentás en la novela muchas injusticias de la crianza relacionadas con el rol de los hombres, que a ellos no les da la culpa que nos da a las mujeres desarrollarnos profesionalmente y a la vez maternar ¿Creés que cambió algo eso en los últimos años?

-No uso la palabra “injusticia” en ningún momento en el libro porque lo que intento es quitar las etiquetas y los juicios de valor del tipo “es justo”, “no es justo”, “está bien”, “está mal”, “es así”, “no es así”. No: es como es. Lo que digo en relación a los hombres, cuando hablo de la pareja de la protagonista, no es una universalización, es particular y le pasa a él: a ese hombre no le genera la culpa y la insatisfacción que le trae a ella este tironeo dilemático entre la vocación y la maternidad. Para la madre y la abuela de la protagonista este conflicto parecía dirimido porque tenían muy claro qué iba antes y qué después, y los hijos iban después. En cambio para la protagonista eso no es tan claro porque ella quiere hacer las dos cosas y a la vez siente que no puede hacer ninguna. En su pareja ella no ve ese tironeo o conflicto porque probablemente él no tiene ese mandato, pero no sé si es “injusto” o no, porque la idea de injusticia implica una valoración negativa sobre la crianza que es lo que ella intenta evaluar con sus propias ideas, no con las ideas que recibió de su madre.


-¿Por qué creés que en los últimos años tantas autoras se abocaron a revisar el problema de la maternidad en sus libros?

-Creo que el “boom” de escrituras sobre maternidades se desprende del “boom” feminista y del hecho de que las mujeres estemos medio de moda, aunque ya está pasando un poco. Pero a la vez creo que las escrituras que desmitifican la maternidad y nos muestran superadas, hartas, agotadas y hasta a veces arrepentidas tienen que ver con habernos hecho más fuertes en la esfera pública, porque ser capaces de mostrarnos débiles es prueba de nuestra fortaleza.


-¿Creés que tu libro se encuadraría en ese “boom”?

No sé si mi libro se enmarca ahí porque no pensé para nada en ninguna novela de otras mujeres mientras escribía. Lo único que pensé fue: por favor que la biopsia dé bien, por favor que la biopsia dé bien, no quiero morirme, no así, no todavía.


El año en que debía morir
Natalia Moret
Ediciones B, Penguin House
200 páginas
2022
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