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lunes, 11 de agosto de 2014

"Un laburante del arte"

Para Sur Capitalino

Lejos de las galerías del arte y la crítica especializada, Vicente Walter vive en el centenar de alto relieves que dejó en cantinas y otras fachadas de La Boca. Quienes lo conocieron reconocen su generosidad, su sencillez y el gran nivel de sus obras. 




A Vicente Walter todos los que lo conocieron lo recuerdan con mucho cariño. Sin embargo, pocos saben quién fue. Quizás reconozcan sus murales en muchas fachadas de negocios, casas y lugares públicos de La Boca. Están hechos en una técnica conocida como “alto relieve” a la que pocos se animan porque lleva mucho trabajo. Sus obras reflejan a la vez escenas cotidianas de la vida del barrio y aparecen donde nadie las espera. Muchos vecinos tienen en sus casas originales de un artista de la talla de Benito Quinquela sin saber su valor, porque Walter trabajaba todo lo que podía, sin descanso, por monedas.


Durante el tiempo que vivió en el conventillo de Magallanes y Pedro de Mendoza, una de sus pocas amigas fue su vecina, la artista plástica Fabiana Valgiusti, que heredó, a su muerte en el 2004, sus herramientas y muchos de sus trabajos de pintura. Las esculturas quedaron para todos nosotros. “El trabajaba para los vecinos, no tenía un espíritu mercantilista”, cuenta Fabiana, con quien lo unía una amistad mediada por el arte en común y el amor por el barrio. Destaca además que Walter muchas veces trabajaba por comida: “Para él lo importante es que la obra estuviera en la calle, no hacer dinero”. Nacido en Mataderos, Walter llegó a La Boca con un carnaval, y aquí se quedó más de cuarenta años. Sus trabajos intentaban reflejar la idiosincrasia local, y lo lograban muchas veces a través de la observación. “Lo que más me impresionaba de él era cómo usaba su arte para mostrar lo que veía en la realidad “, recuerda Valigiusti y acota que el muralista solía encontrar sus referencias en las cosas de todos los días. Habitué de la cantina “Los Amigos” (Olavarría y Necochea), allí se pueden encontrar algunos de sus trabajos, que en total son más de 800 desperdigados por Barracas, La Boca, Constitución y Quilmes.


 “A principios de los años 80, yo comenzaba mi camino en la pintura y salía por el barrio a pintar al aire libre”, recuerda el artista plástico y actual director del Museo Quinquela Martín, Víctor Fernández. “Una tarde me crucé en la calle con Walter que me pidió ver la pintura que había hecho; la miró un rato, mientras pensativo repetía: tiene perspectiva... perspectiva... perspectiva... Walter era un gran tipo; generoso y dispuesto a aconsejar y dar una mano desde su oficio a quien se iniciaba en el arte”, destaca Fernández.

Estas voces no son las únicas que ensalzan el carácter sencillo, humilde y bonachón de Walter. También hay quienes rescatan su gran obra, su capacidad para producir más allá de los problemas económicos y el lamentable olvido al que se lo somete desde la “preservación cultural” oficial. Omar Musis, artista del barrio, se encargó por su propia voluntad de restaurar el mural de Walter en Pedro de Mendoza y Martín Rodríguez. “Nadie le da bola, no lo conocen y está a la altura de Quinquela”, señaló Musis. En este sentido, Valgiusti acota: “Cada vez que se habla de patrimonio cultural, Vicente esta ninguneado, lo googleás y no existe, nunca nadie lo retomó”.


Es que en la afiebrada actividad de Walter no quedaba mucho tiempo para difundir sus trabajos. “Parecía verse a sí mismo como un laburante del arte, antes que como artista de elite”, comenta Martínez. En esa línea Valigiusti lo recuerda como alguien poco propenso a las entrevistas y reconocimientos. “Por la personalidad de él que estaba más ocupado en trabajar que en hacer relaciones publicas”, cuenta la pintora. Sin duda, mucho de su  ostracismo tiene que ver con lo poco que se sabe de él actualmente, casi diez años después de su muerte. Pero el recuerdo queda en las obras, y fundamentalmente en el ejemplo que dio a quienes lo conocieron. “Walter no se afanaba por exhibir en salones, galerías u otros espacios legitimadores, su galería de arte eran las calles boquenses, y mientras la crítica especializada lo eludía prolijamente, él gozaba del unánime juicio favorable de la comunidad”, cuenta Fernández. Valgiusti es aún más drástica: “En las artes plásticas o laburas de venderte de plástico o laburas y a él le gustaba laburar”.


“Su obra ha sido importantísima porque extendió en el tiempo la luminosa tradición cultural boquense gestada en la primera mitad del siglo XX, caracterizada por una estrecha convivencia entre arte y contexto”, historiza Fernández y admite: “Hoy, buena parte de este valioso patrimonio artístico presenta un preocupante deterioro y resulta imprescindible una fuerte concientización acerca de la importancia de conservar adecuadamente estos íconos; al servicio de esta causa, el museo Quinquela se comprometerá incondicionalmente”.

Lejos de las luces del centro, de las galerías de arte y la crítica especializada, Vicente Walter vive en el centenar de murales que dejó en nuestro barrio. Es parte de la mística salir a descubrirlos y por qué no, restaurarlos si hace falta. A más de diez años de su muerte, recuperemos la figura de un artista que trabajaba mucho, hablaba poco y todavía sigue entre nosotros.


 



miércoles, 9 de abril de 2014

Arte con cada parte

Para Sur Capitalino 

Metal, plástico, piedra. de cada objeto, crea una escultura. artista  boquense por nacimiento y por elección, sus obras hoy son parte  del paisaje de la avenida almirante Brown, donde tiene su taller.




Un viejo lavarropas, un calefón, una plancha y hasta el paragolpes de un auto pueden ser utilizados por Omar “Toro” Musis como inspiración para sus creaciones. Es que este escultor se prohibió a sí mismo comprar absolutamente ningún insumo para sus piezas, ya que toda su materia prima debe ser producto del reciclado. Lo que todos los vecinos le van llevando a su taller sobre el Teatro Verdi (Av. Almirante Brown 736) se convierte rápidamente en inspiración y luego en arte. “Nada se pierde, todo se transforma” es su lema principal para el proceso creativo, pero sin destruir la pieza original, ya que eso le da un sentido lúdico a la propia escultura. Él lo llama “ensamble” y lo define como “un conjunto de piezas móviles en el que el que observa debe identificar los objetos originales”. Parte de estas creaciones pueden verse en el Boulevard de la Av. Almirante Brown y ya forman parte del paisaje de La Boca.


Con más de cincuenta esculturas en su haber, Musis puede hacer grandes instalaciones o pequeños candelabros y lámparas, pero gran parte de sus obras son aves. “Me gustan porque son libres, muestran parte de mi libertad, de mis sueños”, confiesa. En cualquiera de sus formas, sus obras nunca estas prediseñadas, el proceso empieza con aquello que los demás descartan. “Puedo trabajar con madera, caucho, piedra o plástico y como tengo ese abanico de materiales hay gente que me trae muebles, electrodomésticos y hasta piedras de distintos lugares del mundo”, cuenta. Pero su relación con el reciclado no se queda en su taller, sino que trasladó a nivel urbano en la Reserva Ecológica. Allí el escultor trabajó con los desechos con los que se rellenó la zona, provenientes de la Autopista 25 de Mayo y creó lo que él define como una obra faraónica. “Son cuatro piezas de tres metros y medio cada una y ochenta kilos de hierro macizo que arman un cardumen de bagres”, cuenta. Esta colosal escultura todavía no tiene fecha de instalación pero será exhibida como parte del programa de financiación de arte en los barrios del Gobierno de la Ciudad. 


Vecino de La Boca desde que nació, Omar confiesa que aquí encontró algo que no existe en otro lugar, por eso siempre vuelve. “Al barrio lo veo con gente nueva, muchos artistas, pero Caminito me parece una tienda persa porque no hay sólo artistas sino que te venden de todo”, bromea. En ese sentido, el escultor prioriza su rol como artista popular y cree que el arte debe ser una forma de expresión social, ya que entiende que sirve para orientar a los jóvenes del barrio. “Los chicos tienen una imaginación privilegiada, hay que buscar la forma que se expresen”, destaca y fantasea “Me gustaría tener un galpón donde llenarlo de artesanías y que se junten chicos”.  Algo de eso sucedió cuando en 2012 el Teatro Brown (Av. Almirante Brown 1375)  lo convocó para una jornada de arte al aire libre, en la que realizó en vivo una de las esculturas que actualmente está en el Boulevard. Esto le sumó visibilidad a su trabajo y atrajo a muchos vecinos a su taller. En ese sentido, Musis destaca el uso de los espacios públicos para dar a conocer las obras y cree que esto fomentará que más vecinos se animen a experimentar creativamente. “Mi sueño es que La Boca sea un lugar cultural y que a partir de esto la gente venga dispuesta a tener contacto con el artista”, enfatiza.

Padre de tres hijos, hincha fanático de Boca y promotor permanente de su barrio y las actividades culturales que allí se desarrollan, Musis tiene muchas historias para contar sobre el ya mítico pintor Benito Quinquela Martín, al que conoció cuando era chico. “Nos juntábamos en el bar La Perla a escucharlo y él me decía ´dejate de hacer el artista y andá a parar la olla´”, recuerda. Pero Omar también rescata a Vicente Walter, otro gigante de la camada de Quinquela, al que homenajeó hace un par de años cuando arregló con ayuda de su novia el mural del pintor en la esquina de Pedro de Mendoza y Martín Rodríguez. Un artista full time, con el corazón en el río.